
Donald Trump reivindicó este jueves la ofensiva conjunta con Israel contra Irán como el cumplimiento de una obligación diferida durante casi cinco décadas. En un acto en la Casa Blanca con motivo del Mes de la Historia de la Mujer, el mandatario aseguró que la campaña avanza “muy rápidamente”, calificó a Irán de “nación de terror y odio” y defendió que el Ejército estadounidense está “haciendo lo que hay que hacer, lo que se debería haber hecho durante 47 años”. Sus declaraciones se producen en el día 13 de la Operación Furia Épica.
La referencia histórica es precisa. La República Islámica fue proclamada en abril de 1979, tras la revolución del ayatolá Ruhollah Jomeini que derrocó al sha Mohamad Reza Pahleví. Desde entonces, Teherán y Washington rompieron relaciones diplomáticas y mantuvieron una hostilidad ininterrumpida que incluyó la crisis de los rehenes, el apoyo iraní a milicias regionales y décadas de sanciones. Cuando Trump dice que la acción “podría haberla hecho mucha gente diferente y decidió no hacerla”, remite directamente a esa historia de confrontación no resuelta.
El balance humano de la ofensiva, lanzada el 28 de febrero, es severo. El Ministerio de Salud iraní reportó más de 1.200 muertos y más de 10.000 heridos. La cifra de la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos de Irán —HRANA, con sede en Estados Unidos— es más alta: al menos 1.262 civiles y 190 militares muertos al 10 de marzo.
La retórica de Trump ha oscilado desde el inicio de la ofensiva. El lunes, ante republicanos en Miami, aventuró que la guerra podría terminar “bastante rápido” y aseguró que el Ejército destruyó ya cerca del 80% de los lanzadores de misiles iraníes. En rueda de prensa afirmó que Washington “está logrando avances significativos hacia el cumplimiento de nuestros objetivos militares”. El miércoles declaró que habían “ganado en muchos aspectos, pero no lo suficiente”. El jueves retomó el tono triunfalista.

Irán descartó cualquier negociación. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, afirmó no creer posible sentarse de nuevo con Estados Unidos. El portavoz de la Guardia Revolucionaria, Ali Mohammad Naini, fue categórico: “Irán determinará cuándo termina la guerra”. Teherán respondió a los bombardeos con misiles y drones contra Israel y bases en el Golfo, extendiendo el conflicto a toda la región.
El 8 de marzo, la Asamblea de Expertos eligió a Mojtaba Khamenei —hijo del líder supremo Alí Khamenei, muerto en los primeros ataques— como tercer líder supremo. Trump había advertido que la elección de otro Khamenei sería “inaceptable” y que cualquier líder sin el visto bueno de Washington “no durará mucho”. La designación rompe además con el principio fundacional iraní que rechazaba la sucesión hereditaria desde 1979.
La tensión se proyecta sobre el Estrecho de Ormuz, por el que transita cerca del 20% del petróleo mundial. El tráfico de petroleros quedó paralizado desde el inicio de la guerra. Trump amenazó con golpear a Irán hasta que “nunca pudieran reconstruir ese país” si el bloqueo no cesa. A trece días de la Operación Furia Épica, el conflicto acumula siete soldados estadounidenses muertos, más de 570 fallecidos en Líbano y decenas de víctimas en el Golfo. El régimen iraní, reorganizado bajo su nuevo líder supremo, anuncia que puede sostener la guerra y que aún conserva arsenales sin desplegar.

