
“No le tengo miedo a la muerte”, había dicho Gerardo Sofovich en una entrevista. Productor, guionista, director y conductor, amaba lo que hacía y nunca dejó de trabajar. De hecho, su última aparición en televisión había tenido lugar una semana antes de su partida en Los 8 escalones, programa conducido por Guido Kaczka en ElTrece del que era jurado de lujo. Y nadie podía imaginar lo que pasaría días más tarde. Pero su salud venía complicada. Y el 8 de marzo de 2015, después de atravesar una breve internación en la Clínica Suizo Argentina de Barrio Norte, falleció. Tenía 77 años y había dejado una huella imborrable en el mundo del espectáculo argentino.
“Siete días antes de morir, cuando ya le dolía mucho el cuerpo, me dijo: ‘Se terminó. Ya te veo bien a vos, así que no quiero pasarla más mal’. Y a la semana, cuando se estaba yendo para la clínica, me sonrió. ¡Qué increíble! Él sabía que se estaba muriendo y tenía un dolor terrible, pero me sonrió. Y, a la media hora murió. Así que la última imagen que yo tengo de él fue esa, mientras me sonreía”, recordó su hijo Gustavo.
Separado desde 1995 de Carmen Morales, a quién nunca dejó de acompañar económica y afectivamente a pesar de haber rearmado su vida junto a Sofía Oleksak entre 2009 y 2011, Gerardo se aferró a sus nietos, Tatiana y Nacho, y se preocupó hasta último momento por ayudar a su único descendiente a salir de las adicciones. Hasta que lo consiguió. Y, recién ahí, se sintió en paz. “Es más, yo creo que se pudo ir porque me vio bien”, reconoció el actual productor, que continúa con el legado de su padre en Polémica en el bar.

Gerardo había nacido el 18 de marzo de 1937 en Buenos Aires. Su padre, Manuel Sofovich, era un periodista y autor teatral y su madre, Regina Levis, una ama de casa. Él comenzó a trabajar siendo un adolescente como cronista deportivo en Noticias Gráficas. Y, con tan solo 14 años, ingresó a la facultad de Arquitectura. Sin embargo, la repentina muerte de su progenitor lo hizo dejar la carrera meses antes de obtener su título. Entonces decidió que lo suyo también sería escribir, aunque por entonces no imaginó cuánto más llegaría a hacer en el medio.
Con el tiempo se convirtió en redactor en una agencia de publicidad y publicó ilustraciones humorísticas en Tía Vicenta, una revista satírica de actualidad fundada por Landrú. Y más tarde tuvo la posibilidad de crear su primer libreto para la pantalla chica de la mano del humorista Juan Verdaguer. Pero fue con Balamicina, programa protagonizado por Carlitos Balá, que tuvo la oportunidad de formar una dupla con su hermano Hugo. Y juntos, en 1964, debutaron con Operación Ja Ja.
El ciclo, que se emitía por la pantalla de Canal 9, marcó un antes y un después en su carrera. Y se convirtió en uno de los hitos más emblemáticos de la televisión argentina. Por allí pasaron figuras de la talla de Fidel Pintos, Javier Portales, Juan Carlos Calabró, Vicente La Russa, Mario Sánchez, Mario Sapag, Rolo Puente, Juan Carlos Altavista y María Rosa Fugazot. “Yo mismo me sorprendo de la cantidad de cosas que he hecho en mi vida. Pero esta idea da para renovarla todos los años”, dijo Sofovich sobre este programa que llegó a medir más de 60 puntos de rating y dio origen, a partir de dos de sus sketchs, a Polémica en el bar y La peluquería de Don Mateo.

Gerardo también se destacó en la pantalla grande, donde dirigió películas como Los caballeros de la cama redonda (1973), Los doctores las prefieren desnudas (1973), Los vampiros los prefieren gorditos (1974), La guerra de los sostenes (1976), Las muñecas que hacen ¡pum! (1979), La noche viene movida (1980), Camarero nocturno en Mar del Plata (1986), Las minas de Salomón Rey (1986), Johny Tolengo, el majestuoso (1987) y Me sobra un marido (1987). Y entre las figuras protagonistas de sus films se puede mencionar a Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Moria Casán y Susana Giménez, junto a muchas otras estrellas.
A fines de los ‘80, en tanto, Sofovich llegó a liderar la televisión de los fines de semana con La noche del domingo, un programa del que hablaba todo el país y que lograba captar la atención de los televidentes con humor, musicales y juegos tan simples como el corte de la manzana, el campeonato de balero, las pulseadas, el jenga o el bowling. Contó con la participación de grandes figuras del espectáculo. Pero él, como conductor, no estaba dispuesto a regalar ningún premio. Y en cada competencia en la que tenía que interactuar personalmente con sus invitados, demostraba su pasión por ganar, así sea, por simple placer de vencer al contrincante.
Entre 1989 y 1992, bajo la presidencia de su amigo Carlos Menem, Sofovich ocupó cargos en la función pública. Primero fue coordinador del Zoológico de Buenos Aires, que estaba en vías de privatización. Y, después, se desempeñó como interventor de ATC (Argentina Televisión a Color), actualmente la TV Pública. Pero lo suyo, sin lugar a dudas, pasaba por otro lado.

De hecho, Sofovich también fue un gran productor y director de teatro. Además de a los capocómicos que trabajaban con él en sus programas, tuvo bajo su mando a vedettes de la talla de Ethel y Gogó Rojo, Norma y Mimí Pons y Nélida Roca. Y, ya a mediados de los 2000, marcó un cambio en el género revisteril y en la comedia con obras como Diferente, Más que diferente y El champán las pone mimosas.
Tenía carácter. Y era muy, pero muy exigente. Así que, entre los años 2007 y 2008, Gerardo fue convocado por Marcelo Tinelli para ser el presidente del jurado del Bailando por un sueño en su ciclo, ShowMatch. En ese tiempo, era presentado con la música de la película El Padrino de fondo. Y se divertía encarnando el personaje del malvado que aterraba a los participantes.
Sin embargo, uno de los roles en los que más se destacó tuvo que ver, justamente, con su último trabajo: Los 8 escalones. Dueño de un conocimiento infinito, Sofovich hizo gala de su gran cultura general como jurado de este certamen de preguntas y respuestas en el que, según se dijo en más de una oportunidad, nunca sabía de antemano el tema que se iba a tratar. Con este rol logró, además, captar la atención y el cariño de las nuevas generaciones que al día de hoy lo siguen recordando.

