
Cada persona responde al estrés y la ansiedad de forma única y personal. Esto explica porqué mientras a un amigo una caminata, una clase de yoga o un suplemento nutricional lo ayudan a recuperar el equilibrio emocional, tal vez no generan el mismo efecto en nosotros.
La razón puede encontrarse en la manera en que el cuerpo procesa la ansiedad, que se manifiesta de formas diversas: en algunas personas el estrés le producen problemas estomacales; en otros, insomnio, pensamientos recurrentes, opresión en el pecho o una mayor vulnerabilidad a las enfermedades. Por eso, lo que funciona para unos puede no funcionar para otros.
¿A qué se llama ansiedad exactamente?
Gabriela Martínez Castro, licenciada en Psicología y directora del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA), (MN 18627), explicó a Infobae: “La ansiedad no es una debilidad ni es una locura, es un sistema de alarma que cuando se desregula necesita ser comprendido y tratado“, resaltó la experta.

Y señaló que la ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante la percepción de peligro o de amenaza. “No hace falta que estos sean reales, sino que pueden provenir de un pensamiento negativo que puede ser automático, que no nos demos cuenta de que lo tenemos y eso gatilla un nivel de ansiedad importante», indicó.
La psicóloga explicó que la ansiedad no es una enfermedad en sí misma, sino un mecanismo adaptativo que nos prepara para reaccionar. “Si vamos a cruzar la calle y pasa un auto muy rápido, gracias a la ansiedad, lo que podemos hacer es regular y no cruzar la calle. En ese sentido, nos protege. El problema aparece cuando se activa sin un peligro real, es desproporcionada, se vuelve persistente, molesta y hace que no podamos seguir adelante con nuestra vida cotidiana. Es un sistema básicamente de alarma que suena cuando no debería o suena demasiado fuerte», ejemplificó Martínez Castro.

Según la Asociación Americana de Psicología, existen varios tipos principales de trastornos de ansiedad.
- El trastorno de ansiedad generalizada: implica preocupación persistente por diversos temas y síntomas como nerviosismo, tensión e insomnio.
- El trastorno de pánico: se manifiesta en ataques repentinos de pavor acompañados de síntomas físicos intensos, como sudoración, palpitaciones y falta de aire.
- Las fobias: son miedos intensos y desproporcionados a objetos o situaciones específicas.
- El trastorno de ansiedad social: se caracteriza por temor a situaciones sociales y a la evaluación de los demás, lo que puede generar evitación y síntomas físicos.
- El trastorno obsesivo-compulsivo: se presenta con pensamientos recurrentes y rituales compulsivos, como el lavado excesivo de manos.
- El trastorno de estrés postraumático: surge tras vivir un evento traumático y provoca recuerdos intrusivos, pesadillas y temores persistentes.
Los factores desencadenantes

De acuerdo a la licenciada Martínez Castro, la ansiedad puede desencadenarla determinados factores: “Estrés sostenido; situaciones de incertidumbre, ya que la gente ansiosa no la puede tolerar; conflictos emocionales no resueltos; cambios vitales como duelos, separaciones, jubilación, enfermedad».
También existe una predisposición biológica genética, afirmó la experta: “Que papá, mamá o abuelos hayan sido personas ansiosas, sobreprotectoras o temerosas también influye. El consumo de estimulantes y los cambios hormonales, como los de la menopausia o los problemas de tiroides también inciden. A veces hay un disparador claro y otras veces, no. Es un acumulativo, en el cual el sistema nervioso viene ya cargado por la predisposición genética», describió.
El órgano “blanco” de la ansiedad

La licenciada Martínez Castro explicó que la ansiedad se manifiesta de diferentes maneras porque esta es una “activación del sistema nervioso autónomo y cada organismo tiene su órgano blanco. ¿Qué es el órgano blanco? Es nuestro órgano favorito a través del cual manifestamos nuestro estrés».
La psicóloga completó: “Hay personas que tienen problemas gastrointestinales, náuseas, diarrea, sensación de nudo en el estómago; contracturas, dolor de pecho, palpitaciones, opresión precordial, mareo hasta sensación de irrealidad, que es como si estuvieran viendo la vida como a través de una película. También se presentan sudoración, alteraciones del ciclo menstrual y sofocos más intensos. Pero no todos expresamos la activación de la ansiedad de la misma manera. Depende de la sensibilidad corporal, la historia personal y el aprendizaje previo», destacó la experta.
Y resumió que la ansiedad nos impacta básicamente en tres niveles. “Nos afecta físicamente, como síntomas corporales, cognitivos, pensamientos anticipatorios, catastróficos, negativos, y emocionalmente, a través del temor, irritabilidad, sensación de pérdida de control, depresión. Cuando se cronifica, porque no recibió tratamiento, puede afectar el sueño, la concentración, la atención, la memoria, el vínculo con seres queridos y el rendimiento laboral o académico», describió y resaltó que también afecta el descanso. “La ansiedad genera un sueño no reposado, dormimos la suficiente cantidad de horas pero nos levantamos cansados, como si no hubiésemos descansado lo suficiente», alertó la experta.
Las nueve caras de la ansiedad

Nicole Cain, psicóloga clínica afirmó en su libro “A prueba de pánico”, que la ansiedad tiene nueve formas diferenciadas, cada una con sus síntomas, desencadenantes y vías de abordaje específicos.
Identificar el tipo predominante en cada persona permite diseñar estrategias individualizadas y aumentar la eficacia del tratamiento y el alivio de los síntomas, aseguró la psicóloga.
1. Ansiedad digestiva. “Esta idea de tener ‘un nudo en el estómago’ es algo más que metafórica”, aseguró Cain. Esta ansiedad se caracteriza por síntomas gastrointestinales: reflujo, náuseas, cambios en el apetito, hinchazón o alteraciones en el tránsito intestinal. Estos cuadros surgen de la comunicación activa entre el sistema digestivo y el cerebro, a través del eje intestino-cerebro. La microbiota intestinal participa en la síntesis de neurotransmisores como la serotonina y el GABA, y su desequilibrio —provocado por alergias alimentarias, falta de sueño o inflamación— puede ser determinante en la aparición y mantenimiento de la ansiedad.

2. Ansiedad del pensamiento. Se manifiesta a través de pensamientos intrusivos, preocupación excesiva, dificultad para concentrarse o episodios de desconexión con la realidad. Caín identificó cuatro subtipos dentro de este grupo, cada uno con matices propios, que se diferencian por la cantidad de pensamientos que procesa el cerebro (productividad de pensamientos) y la velocidad de los pensamientos (aceleración o desaceleración). Los cuatro subtipos comunes de ansiedad mental son:
- El Subastador: muchos pensamientos, muy rápido. “Tu cerebro se acelera y termina pensando en todo junto al mismo tiempo”, describió Cain.
- El Rumiador: muchos pensamientos que ocupan mucho tiempo para resolverlos. “Elucubras, te obsesionas y no puedes avanzar ni sacar ninguna conclusión”, destacó la psicóloga.
- El disco rayado: pensamientos que se repiten y se repiten. “¿Conoces esa sensación de no poder quitarte de la cabeza una palabra, una frase o una melodía Es como un disco rayado: los pensamientos te dan vueltas y vueltas en la cabeza, y te cuesta pesar en otra cosa», señaló Cain.
- La niebla: muy pocos pensamientos y son lentos. “Sientes aturdimiento, confusión, lentitud e incluso te quedas con la mente en blanco”, describió la experta.

3. Ansiedad depresiva. En este caso, la preocupación aparece junto a un ánimo bajo, fatiga y dificultad para experimentar placer. De acuerdo a estudios citados por Cain, la comorbilidad entre depresión y ansiedad es elevada: la mayoría de los afectados por una de estas condiciones cumple también criterios diagnósticos para la otra.
4. Ansiedad en el pecho. Implica sensaciones físicas como opresión, palpitaciones o dificultad respiratoria. Si no existen causas médicas, hay estudios que explican el dolor torácico de origen no cardíaco asociado a ansiedad y pánico, señaló la psicóloga.
5. Ansiedad del sistema nervioso. Es un tipo de ansiedad que se extiende por los nervios y los músculos. Sus síntomas son:
- Cerebro: dolores de cabeza o migrañas, mareos/vértigo, confusión mental, desorientación.
- Nervios: hormigueo, entumecimiento, ardor, zumbido, dolores punzantes, sudoración o escalofríos.
- Músculos: rigidez, dolor, espasmos, tics, debilidad, dolor.
- Percepción: despersonalización o desrealización (sentirse separado de uno mismo o del mundo).

6. Ansiedad furiosa. Este patrón emerge cuando el sistema biológico percibe amenaza; el organismo libera adrenalina y cortisol, manifestándose en tensión mandibular, puños apretados o tono de voz elevado. “Si sientes que el estrés, el agobio, la ansiedad y la ira se fusionan en una misma cosa, probablmente estés padeciendo ansiedad furiosa”, indicó la especialista.
7. Ansiedad hormonal. Se produce por un desequilibrio en el sistema endocrino. Estos cambios pueden alterar el estado de ánimo, el sueño y los niveles de energía, produciendo ansiedad que empeora con las fluctuaciones hormonales. La microbiota intestinal también participa en el metabolismo de hormonas como el estrógeno, de modo que un desequilibrio de la flora puede amplificar estos síntomas, señaló Cain.
8. Ansiedad traumática. La exposición a sucesos adversos reconfigura el umbral de alerta del sistema nervioso; los disparadores, a menudo sutiles, provocan reacciones inmediatas como palpitaciones, respiración superficial, recuerdos vívidos, pesadillas o hipervigilancia, en un fenómeno conocido como hipersensibilidad postraumática.
9. Ansiedad inmunológica aparece cuando el sistema inmune permanece en un estado de alerta prolongado. Los síntomas incluyen cambios de temperatura, dolores musculares, edemas, alteraciones cutáneas (eczema, urticaria, psoriasis), cefaleas o intolerancias alimentarias y ambientales. La relación entre la inflamación crónica, el sistema inmune y el riesgo aumentado de ansiedad y depresión cuenta con evidencia en estudios recientes, indicó la experta.
Cómo abordar los distintos tipos de ansiedad

Martínez Castro señaló que la ansiedad no se elimina del todo porque es necesaria, pero se puede regular. “La terapia de elección es la terapia cognitiva conductual de tercera generación, que es poco conocida y es mucho más rápida y breve que la segunda generación», detalló.
“Esta terapia incluye ejercicios de respiración, regulación del sueño, actividad física, disminuir el consumo de estimulantes y aprender a identificar pensamientos automáticos. El objetivo no es eliminar la ansiedad, sino evitar que gobierne nuestra vida», resaltó la experta, que dijo que el tratamiento depende de la intensidad y la frecuencia.
“Generalmente, con intervención psicológica, cuando es severa o con ataques de pánico podemos tener un posible apoyo farmacológico. Ahí hacemos la coterapia, tratamiento combinado, tanto farmacológico como psicológico», finalizó la experta.

Por su parte, Cain, brindó algunos consejos específicos a algunos tipos de ansiedad. Por ejemplo, para la ansiedad del sistema nervioso recomendó hacer la regla 333. “Cuando el estrés comience a aumentar, mira a tu alrededor y nombra 3 cosas que puedas ver, 3 cosas que puedas oír y 3 cosas que puedas tocar”, sugirió en su página web.
Para interrumpir un patrón de ansiedad furiosa, aconsejó detenerse y hacer algo diferente. Podría ser algo tan simple como:
- Sacudir los brazos
- Hacer 10 flexiones lentas contra la pared
- Salir a la puerta si estás dentro
- Cambiar la música o los sonidos que tienes a tu alrededor,
- Calmar el sistema nervioso contrayendo los músculos uno a uno y luego relajándolos, comenzando por los pies y avanzando hacia el cuero cabelludo.

