El detrás de escena del plan de Donald Trump para acabar con el líder supremo iraní Ali Khamenei

El detrás de escena del plan de Donald Trump para acabar con el líder supremo iraní Ali Khamenei

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla con el director de la CIA, John Ratcliffe, acompañado por la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, y el secretario de Estado, Marco Rubio, durante operaciones militares en Irán, en el resort Mar-a-Lago de Trump en Palm Beach, Florida, EE. UU., el 28 de febrero de 2026 (REUTERS)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, revisó el operativo junto al principal comandante militar en Medio Oriente, el almirante Brad Cooper, horas antes de que las fuerzas estadounidenses iniciaran el ataque -en coordinación con Israel- sobre el régimen de Irán.

Según informó The Atlantic, el mandatario buscó confirmar detalles y calcular la posible respuesta iraní, así como las bajas estadounidenses. El despliegue militar norteamericano en Medio Oriente era el mayor desde la invasión de Irak en 2003.

La decisión de atacar se tomó tras meses de debate interno, sin un esfuerzo significativo para explicar al público estadounidense los motivos de la operación. Pese a las dudas de varios asesores, Trump consideró que la coyuntura ofrecía una ocasión única para intentar un cambio de régimen en Irán, algo que eludió a sucesivos presidentes desde 1979.

El inquilino de la Casa Blanca apostó a que la ofensiva, coordinada con Israel, provocaría un debilitamiento del régimen iraní y alentaría una insurrección interna. “Esta será probablemente su única oportunidad durante generaciones”, afirmó en un video publicado a través de Truth Social tras ejecutar el operativo conjunto.

Tras el ataque, las autoridades estadounidenses consideraron haber alcanzado un objetivo sin precedentes en casi cinco décadas: la muerte del líder supremo Ali Khamenei. El complejo donde residía resultó destruido, lo que quedó evidencia en imágenes satelitales. Al anunciar su muerte, Trump lo describió como “una de las personas más malvadas de la historia”.

Ali Khamenei murió durante los bombardeos de EEUU e Israel (Oficina del Líder Supremo iraní/WANA Handout via REUTERS)

La conversación de Trump con Cooper reflejó la magnitud del desafío y las tensiones presentes en la Casa Blanca antes de la Operación “Furia Épica”, sustentada en una visión optimista sobre las posibilidades de desmantelar la República Islámica.

En los días previos, The Atlantic señaló que figuras clave del Gobierno, como el vicepresidente JD Vance, el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, y altos funcionarios del Pentágono, expresaron reservas sobre la eficacia de una ofensiva aérea.

Caine, en particular, advirtió sobre la complejidad de una operación de este tipo. La jefa de gabinete, Susie Wiles, expuso al presidente las posibles consecuencias imprevistas y la importancia de cumplir las promesas de evitar nuevas guerras, preocupación compartida por estrategas republicanos que temían un impacto electoral negativo.

La diplomacia intentó abrir un margen para las negociaciones. El canciller de Omán visitó a JD Vance en un último esfuerzo para demorar el ataque. Las conversaciones recientes en Ginebra no prosperaron ante la negativa de Irán a aceptar las exigencias estadounidenses, como el desmantelamiento de instalaciones nucleares y la entrega de uranio enriquecido.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla con la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, y el secretario de Estado, Marco Rubio, durante operaciones militares en Irán, en el resort Mar-a-Lago de Trump en Palm Beach, Florida, EE. UU., el 28 de febrero de 2026 (REUTERS)

Según confió una fuente gubernamental a The Atlantic, el enviado especial Steve Witkoff desestimó continuar el diálogo al considerar que las posiciones seguían alejadas. Tras la ofensiva, el canciller omaní lamentó la falta de tiempo para continuar con nuevas negociaciones.

El Gobierno estadounidense evaluó el riesgo de una represalia con misiles por parte de Irán contra Israel y los países del Golfo.

La posibilidad de una revuelta popular en Irán se percibía remota. Ex funcionarios estadounidenses señalaron la ausencia de una figura capaz de liderar una transición hacia un gobierno más cercano a Occidente. La población iraní carece de armas y enfrenta fuerzas de seguridad que recientemente reprimieron protestas con miles de muertos.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica mantiene una estructura descentralizada y una capacidad para sostener el control.

Trump, respaldado por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y algunos asesores republicanos, apostó a que la eliminación de los principales líderes abriría la puerta a una colaboración con sectores menos ideologizados del aparato militar iraní. Sin embargo, analistas consideran improbable esa hipótesis.

Miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) asisten a un ejercicio militar de las fuerzas terrestres del CGRI en el área de Aras, provincia de Azerbaiyán Oriental, Irán (REUTERS/Archivo)

La experiencia reciente de Trump en Venezuela, donde una operación militar provocó la caída del dictador Nicolás Maduro, y el éxito de ataques previos contra instalaciones nucleares iraníes, reforzaron su confianza en la capacidad del ejército estadounidense. El operativo en Irán resultó de una escala y complejidad sin precedentes en sus dos mandatos.

Trump, que durante años criticó la invasión de Irak ordenada por George W. Bush, enfrenta ahora el desafío de haber intentado derrocar a un régimen aún más consolidado y frenar su programa nuclear.

El impacto político de la ofensiva genera inquietud entre ex funcionarios, que cuestionan la falta de explicaciones públicas sobre los motivos de la guerra. Irán apenas recibió una mención breve en el discurso del Estado de la Unión, lo que desconcertó a observadores cercanos al Gobierno.

Funcionarios estadounidenses consideran que la posibilidad de que Teherán logre avances duraderos en su capacidad nuclear es incierta. El canciller omaní declaró públicamente que ambas partes estuvieron cerca de un acuerdo sobre el programa atómico, pero el ataque se produjo antes de sellar un compromiso.

The Atlantic remarcó que el Pentágono contaba desde hace años con un plan de ataque masivo, que contemplaba una campaña inicial seguida de fases sucesivas según la reacción iraní. Los estrategas anticiparon que, en caso de una respuesta con misiles, Estados Unidos atacaría lanzadores y bases, aunque eso supondría un riesgo de escalada regional y emplearía recursos limitados de defensa aérea.

El cierre del estrecho de Ormuz, punto clave para el comercio mundial de petróleo, figuraba entre las posibles reacciones inmediatas de Irán.

Los analistas coincidieron en que una campaña militar, por sí sola, no garantiza un cambio de régimen. Trump instó a la población iraní a derrocar al régimen tras los bombardeos, pero el futuro de la operación permanece incierto.

EEUU e Israel bombardearon el complejo de Khamenei y posiciones militares del régimen iraní en Teherán y otras ciudades del país (AFP)

En respuesta, la República Islámica restringió el acceso a internet casi de inmediato y los medios estatales monopolizaron la información.

Una campaña extendida podría debilitar el régimen, pero también generar inestabilidad interna, crisis humanitarias y afectar la economía global. Dana Stroul, ex subsecretaria de Defensa para Medio Oriente, advirtió sobre la posibilidad de un caos generalizado en la región.

Trump ve la caída de los regímenes de Venezuela, Irán y Cuba como parte de un legado personal y político. Sin embargo, tras el inicio de la ofensiva, evitó comprometerse con un plazo concreto para la transición en Irán. Si el régimen colapsa, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria podría tomar el control y endurecer la postura ante Washington. Otra opción sería declarar la victoria tras degradar las defensas iraníes, incluso si no se produce un cambio de gobierno.

Algunos analistas contemplan la posibilidad de que la oposición interna logre organizarse tras la ofensiva, aunque la historia regional ofrece pocos antecedentes exitosos en casos similares. Trump busca evitar una intervención terrestre, pero incluso con el líder supremo fuera de escena, la meta de un cambio político profundo en Irán sigue sin garantía.

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