“Mi tranquilidad aún no es total”: el crudo relato del tenista español que sufrió amenazas de muerte en un torneo en Rosario

Nikolaz Sánchez Izquierdo volvió a competir en el AAT Challenger edición Tigre II tras las amenazas recibidas en Rosario (Crédito: Omar Rasjido)

El 4 de febrero de 2026 no será un día más en la vida del español Nikolaz Sánchez Izquierdo. El tenista, de 26 años, participaba del ATP Challenger 125 de Rosario cuando, antes de presentarse a jugar su partido de octavos de final frente al argentino Valerio Aboian, recibió amenazas a través de WhatsApp.

El mensaje, proveniente de un número que no tenía agendado -con característica de Rosario-, comenzó con un saludo y, tras la respuesta del jugador, derivó de inmediato en una advertencia violenta y extensa: “Nikolas escucha bien porque no te lo diremos otra vez y esto es para este partido. Sabemos todo de ti y de tu familia”.

Lejos de su país y con la conmoción todavía latente, el europeo debió decidir si presentarse o no al partido. Finalmente lo jugó, perdió y, posteriormente, viajó a España para reencontrarse con su familia. Atrás habían quedado horas de máxima tensión, las más difíciles de su carrera.

“Mi tranquilidad aún no es total. Y la de mi familia, menos”, menciona en el inicio de la charla con Infobae. Sánchez Izquierdo participó esta semana del AAT Challenger edición Tigre II, donde perdió en los octavos de final frente al argentino Facundo Díaz Acosta.

Para el Nikolas, el 4 de febrero había comenzado como cualquier otra jornada de competencia. Se levantó, desayunó, conversó con su entrenador, el cordobés Pedro Cachin. Luego, se dirigió al Jockey Club de Rosario para preparar el partido que debía disputar a las cinco de la tarde. Entonces, mientras organizaba sus pertenencias tras el almuerzo -botellas de agua, raquetas y demás elementos- recibió un mensaje inesperado. Pensó que se trataba de un envío pendiente, pero no.

Del otro lado le exigían perder deliberadamente el partido contra Aboian. No solo eso: le detallaban información privada sobre su familia -direcciones, nombres, ubicaciones- y amenazaban con secuestrarlo si no cumplía con lo solicitado. Sánchez Izquierdo quedó paralizado. De inmediato, le mostró el teléfono a su entrenador, quien activó el protocolo correspondiente y realizó la denuncia.

El español regresó al circuito sudamericano con medidas de seguridad reforzadas y la prioridad puesta en la tranquilidad de su familia (Crédito: Omar Rasjido)

Mientras tanto, el tenista intentaba confirmar que sus seres queridos estuvieran a salvo. A través de su pareja logró constatar que su padre y su hermano estaban en casa y que, tras algunos minutos de incertidumbre, su madre también había regresado sin inconvenientes. Sólo entonces pudo intentar enfocarse en lo deportivo, aunque la situación estaba lejos de atenuarse.

Incluso evaluó no salir a jugar. Entendía la contradicción: viajar miles de kilómetros para competir y, llegado el momento, poner en duda su presencia en la cancha. Pero la seguridad de su familia estaba por encima de cualquier resultado. Solo aceptó disputar el partido cuando le aseguraron que el encuentro había sido retirado de las plataformas de apuestas.

Nada volvió a ser normal dentro de la cancha. Jugó condicionado por el miedo, con la sensación permanente de amenaza. Miraba las tribunas con desconfianza, se sobresaltaba ante cualquier movimiento y, en más de una ocasión, preguntó a su entrenador si en España todo seguía en calma. “Mi cabeza no estaba en el partido”, asegura. De aquel encuentro apenas conserva recuerdos tenísticos. Lo que prevalece es la angustia.

El impacto todavía estaba fresco cuando decidió interrumpir momentáneamente la gira. La determinación no fue deportiva, sino humana.

“Al final por la situación dada, creímos que era lo más conveniente y necesario priorizar la situación personal mía y de la familia”, explica. Recién cuando percibieron cierta tranquilidad, cuando sintieron que podían volver “a la zona de confort”, evaluó retomar el calendario previsto.

El reencuentro con los suyos estuvo atravesado por el miedo. Él mismo admite que nunca dimensionan del todo la cantidad de insultos o amenazas que recibe un jugador en redes sociales, pero esta vez la situación “se pasó de ciertos límites”. La preocupación fue compartida. “Querían tener la máxima información posible o intentar saber qué debemos hacer o qué medidas deberíamos tomar”, cuenta.

A partir de lo ocurrido, intentaron modificar hábitos y reducir la exposición de la vida privada, aunque reconoce que en estos tiempos resulta complejo, mientras aguardan avances en la investigación. Desde el Programa Anticorrupción de la Agencia Internacional de Integridad del Tenis (ITIA), señala, el contacto fue frecuente. “La intención es buena”, sostiene, aunque también admite que el jugador nunca sabe hasta dónde pueden llegar las herramientas reales de protección.

En ese punto aparece uno de los puntos que más lo moviliza: la falta de un protocolo claro ante este tipo de situaciones. Explica que todo fue improvisación. “Cuando me sucedió a mí no había un protocolo. Era todo improvisación y como decimos en España, dar palos de ciego”, describe. Y agrega un concepto contundente: la necesidad de priorizar la tranquilidad y la seguridad del jugador como cualquier trabajador en otro ámbito. “Yo en este caso tuve que jugar escasos minutos después de finalizar todo el proceso, lo cual no fue oportuno”, remarca.

La idea de dejar la competencia también atravesó su cabeza. “Sí, pero al final pueden más las ganas de conseguir los retos de uno mismo”, subraya. No lo dice desde la épica, sino desde la crudeza: el tenis ya es suficientemente exigente como para sumarle amenazas de muerte y sensaciones de temor y desamparo.

Sánchez Izquierdo disputa la gira sudamericana luego de un episodio que sacudió su carrera fuera de la cancha. (Crédito: Omar Rasjido)

El regreso a Sudamérica, en especial a la Argentina, respondió tanto al calendario como a una decisión racional. Ya estaba inscripto en los torneos de la gira y bajarse implicaba permanecer varias semanas sin competir después de una larga pretemporada.

En lo cotidiano, Sánchez Izquierdo adoptó medidas simples, pero reveladoras. En los días de partido evita el teléfono; utiliza un dispositivo exclusivo para su círculo íntimo y el celular en el que recibió las amenazas lo deja en el hotel. Es su manera de mantenerse enfocado en la competencia. “Hoy trato de estar bien, o lo mejor posible”, resume sobre su estado mental actual.

El apoyo del circuito no tardó en llegar. Menciona mensajes de colegas como Marco Trungelliti, Iván Gakhov y David Jordà, entre otros, además del respaldo incondicional de amigos y familiares. Y ahí, en medio del ruido, encuentra un punto de equilibrio: “Al final el cariño de los seres queridos, que es lo que uno se queda”.

La investigación sigue su curso y las respuestas todavía no llegan. Mientras tanto, Sánchez Izquierdo intenta recuperar la normalidad dentro de un circuito que no siempre ofrece certezas. Compite, se entrena y avanza. Con cautela, pero mirando hacia adelante.

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