Fue figura en el fútbol argentino y llegó a brillar con 112 kilos: “Es difícil pasar de no tener para ir a entrenar a ganar en euros”

Leonel Núñez era uno de esos delanteros de los que hoy ya no abundan en el fútbol argentino. Incluso podría decirse que se extinguieron. Con su pegada, sacaba un conejo de la galera y podía cambiar el rumbo de un partido. A los 41 años, vestirá la camiseta de Juventud Pueyrredón de la Liga Venadense (Venado Tuerto), donde encontró su lugar. El hombre de los 100 goles tocó todos los temas en esta entrevista exclusiva con Infobae: sus problemas recurrentes con el peso cuando era profesional, las dificultades para manejar mucho dinero después de haber pasado hambre en su infancia, su obsesión por los coches de alta gama que lo llevaron a comprar 11 en un mismo año y el episodio por el que terminó en la cárcel. Hoy sigue corriendo detrás de una pelota y, cobijado por la religión, aconseja a los futbolistas más chicos para que no cometan los errores de los que él se arrepiente.

-Leo, tenés 41 años y seguís jugando al fútbol. ¿Cómo estás físicamente? ¿Te siguen diciendo “Gordo”?

-Siempre, desde chico, de inferiores me dicen así. Me preguntan si me molesta, pero me lo dicen desde los 14 años. Estoy acostumbrado. Es histórico que en pretemporada aumentaba de peso. A mi primera pretemporada con Argentinos Juniors fui con 70 kilos y, cuando volví, pesaba 82. Fue porque hacía las tres o cuatro comidas diarias, en mi casa no existía eso.

-¿Es mito o realidad que en una pretemporada en Salta pedías un sándwich de milanesa a la habitación después de cenar con el plantel?

-Es real. Me pusieron en la mesa de los gordos. Les servían a todos tres canelones y a mí uno. Y yo tenía un hambre cuando terminaba de entrenar… Arreglé con el conserje, le regalé una camiseta y él me llevaba algo extra a la noche a la habitación. No sé si era comer tanto, pero sí cosas que no debía. No fui profesional, hoy en día me arrepiento de no haber sido profesional con el tema de las comidas. El Tolo (Gallego) me volvía loco, pero fue el mejor técnico que tuve. Me pesaba casi todos los días, tres o cuatro veces por semana. Eso me sirvió para crecer en lo futbolístico. En ese momento se hablaba mucho del pesaje pero después los domingos cuando vos la mandás a guardar ya no se habla tanto. Se hablaba cuando no jugaba bien o no rendía. Ahí tocaban ese tema.

El festejo de Leo Núñez en un amistoso entre Argentinos Juniors y Arsenal en Tandil

-Hubo una foto o captura de video que se hizo viral en su momento y se te notaba un poco excedido, ¿dónde fue y cuál fue el peso máximo con el que llegaste a jugar?

-En Ecuador (Mushuc Runa). Yo llegué a jugar con 112 kilos. Venía de una inactividad y me aproveché de ese momento. Me tomé seis meses de vacaciones y cuando volví estaba hecho un chancho. En lo físico me sentía cómodo, fuerte, pero para jugar a primer nivel no estaba a la altura de mis compañeros. Después hice una dieta y bajé 9 o 12 kilos. Ahora cambió todo, con unos kilos de más no se podría jugar al fútbol, eso le inculco a los chicos, que se cuiden con las comidas, con el descanso. En otra época no estaba tanto esas cosas. Hoy los clubes tienen todo, cada jugador tiene una dieta.

-¿Fue jodida tu infancia ¿Pasaste hambre en esa época

-Vengo de una familia normal que le ha costado mucho. Me acuerdo momentos de ir caminando a entrenar para ahorrar la moneda para el pan. Una familia muy humilde, de un barrio muy humilde, pobre, Bajo Flores, gente trabajadora. En mis inicios me costó un montón, había veces que no tenía para comer. Es difícil pasar de no tener para ir a entrenar a encontrarte con ganar dólares o euros. Si no estás preparado mentalmente, se hace muy difícil. Yo tuve que dejar los estudios tempranamente para jugar al fútbol porque no me daban los horarios para entrenar. Hice hasta primer año y dejé. Entrenaba en inferiores y ya con Primera y ayudaba a mi viejo a hacer changas. Mi viejo trabajaba en arbolado y jardinero para la municipalidad, pero hice un montón de otras cosas también.

Su alto nivel en el Bicho de La Paternal lo catapultó a Europa: fue vendido a Olympiacos de Grecia en 2007

-Con poco más de 20 años te fuiste a Europa. ¿Soñabas de chico con jugar una Champions League?

-Se me dio de muy joven, no lo esperaba. Venía de un barrio humilde y cumplí el sueño de jugar dos Champions, algo que me hizo muy feliz. En Olympiacos se hizo un grupo muy lindo, me tocó llegar muy joven, aprendí mucho con el Lobo Ledesma, Belluschi… La liga era muy competitiva, pude jugar Champions, salí campeón, ganamos tres títulos y quedé muy contento con esa experiencia que tuve.

-¿Qué anécdota recordás de tu paso por el fútbol griego (NdeR: jugó en Olmypiacos en 2007/2008 y OFI Creta en 2014)?

-En Grecia viví cosas muy lindas y cosas duras. Una anécdota era que veníamos primeros todo el campeonato, faltaban tres fechas y jugamos el clásico con el AEK, perdimos 3-1 o 3-0. Volvimos al estacionamiento del club y estaban todos los coches rayados. Había como tres mil personas afuera, íbamos primeros y seguíamos primeros después de perder. No lo podíamos creer. Tuvieron que ir los referentes del plantel a hablar con la barra, que le llaman “Gate 7” (Puerta 7). Unos muñecos terribles, tipo hooligans, que iban a los entrenamientos, pero no molestaban.

-¿Te arrepentiste de haber vuelto tan rápido al fútbol argentino? Jugaste solamente un año en Europa en ese momento…

-Me llamó Independiente, un club muy grande, con historia, me gustó el desafío, era muy joven y tomé la mejor decisión, jugué varios años, hice las cosas bien, hice muchos goles y no me arrepiento. Volví porque era muy grande, pensé en volver a Argentina y pensé en hacer uno o dos campeonatos buenos y volver a Europa a un equipo mejor.

En Independiente jugó desde 2008 hasta 2012 con un paso a préstamo por Bursaspor de Turquía en medio

-Es imposible no recordarte con aquellas vinchas anchas que tenían publicidad. ¿Se cobraba bien con los sponsors de esa época

-En esa época se ganaba plata, era un sponsor y se tenía que usar sí o sí. Las tenían el Cuqui Silvera, Lucas Mareque, Fabi Assmann.

-Jugaste en varios países: Grecia, Turquía, Malasia, Ecuador e Indonesia. Evidentemente nunca tuviste problemas de arraigo…

-Me gustan los desafíos. Cuando me hablaron del fútbol de Indonesia dije “¿qué es eso?“, porque no está en el radar del jugador, es la realidad. Y me encontré con una liga no muy profesional, pero un estilo de vida muy bueno.

-¿Cuán importante es para el futbolista estar bien rodeado por su familia y representantes?

-Hoy es muy importante estar bien acompañado. Antes no estaban bien acompañados los jugadores. Había un dinero, buenos contratos y yo quizás no hice las cosas bien. Hoy aconsejo a los más chicos para que guarden porque el fútbol no es eterno, llega un momento que la edad no da para más. O que en un campeonato estás allá arriba en la A y después en dos años en la D. Y por ahí no hiciste la diferencia económica para estar bien con tu familia. Por eso siempre yo les recomiendo que no gasten en boludeces.

-¿Cuidaste la plata ¿Pudiste guardar algo? Hoy más experimentado, ¿te arrepentís de haber hecho algún gasto cuando eras más joven?

-Pude comprar propiedades donde están mis hijos y gasté plata en cosas que no debía. Hoy de grande me doy cuenta que no eran necesarias. Yo era loco por los autos. Cada dos meses cambiaba el coche. En un año cambié 11 coches, una locura. Tuve Porsche, BMW, Audi, tuve buenos coches. Y dormía en una cama de una plaza, en un colchón tirado en el piso. Hoy les digo a los más chicos que es muy importante tener un somier para descansar. Veo a algunos en los entrenamientos con tablets y IPhones, pero la vida no va por ahí. Ya van a tener tiempo de disfrutar ciertas cosas, pero hoy tienen que priorizar un buen descanso y la alimentación. Priorizar su carrera. Yo igualmente no me arrepiento de nada, disfruté y sigo jugando, no por el dinero, sino por amor al fútbol. Es lo que me hace feliz.

-¿Con los autos tuviste un problema por el que terminaste preso? ¿Qué pasó?

-Yo volvía de Grecia en 2014, había comprado un auto y lo dejé en Buenos Aires y me fui a jugar a Ecuador. Cuando volví, me encontré con un quilombo, el auto tenía papeles adulterados. Fue un golpe duro de mi vida, pero de todo se aprende. Solamente traté de estar tranquilo en la cárcel por mí y por mi familia.

-¿Tenés un costado religioso?

-Entregué mi corazón al Señor. Siento que Dios hizo un cambio muy grande en mi vida en lo espiritual. Trato de inculcarle a los chicos la palabra de Dios. Me agarró en un momento malo de mi vida, sin trabajo ni jugando al fútbol, gracias a Él todo está yendo por el buen camino. Estaba haciendo cosas que no debía y ahora me encaminé.

A los 41 años, Leo Núñez jugará en la Liga Venadense

-¿En qué momento te encontrás hoy?

-Tengo 41 años y sigo jugando al fútbol en Juventud Pueyrredón de Venado Tuerto. Venía de estar seis meses parado de mi último paso por Camioneros y me llamaron el presidente y el técnico de este club. Tomé la decisión correcta. Me instalé acá, me dieron una vivienda. La liga es muy competitiva, me sorprendió el nivel de jugadores que hay. No tenía mucho conocimiento de esta liga. Me encontré con un buen plantel, entreno con chicos de 20 años y se hace difícil, pero trato de inculcar mi experiencia. Me preguntan de cuando jugué la Champions, que les muestre fotos y esas cosas. Trato de aconsejarlos sobre lo que viví, las cosas buenas y más que nada enseñarles las cosas malas que no se deben hacen. Y les pido que me la tiren al pie, que no me la tiren larga porque no llego, ja. Lo único que tengo es la pegada, estoy lucrando con eso, pero estoy contento, agradecido con Juventud Pueyrredón que me dio la oportunidad de ser feliz.

-¿Te ves ligado al fútbol en el futuro? ¿Dónde te ves dentro de cinco o diez años?

-Me gusta estar en el día a día con el jugador, saber cómo está, qué le pasa, si tiene problemas con la familia. Les pasa a muchos. Hay muchos que tienen problemas con los hijos, sus padres. Algunos piensan que los jugadores somos extraterrestres cuando lo único bueno que podemos llegar a tener es un buen pasar económico. Pero en realidad tenemos la misma vida que la de cualquier otra persona. El día de mañana me gustaría integrar un cuerpo técnico, pero no en la parte táctica, sí en lo personal. Tratar de solucionar los problemas de los jugadores, ser el nexo entre los jugadores y el cuerpo técnico. Eso me gustaría mucho.

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