
La rápida escasez de preservativos en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina ha generado inquietud entre los deportistas y ha evidenciado una demanda sexual que supera con creces lo previsto por los organizadores. En apenas setenta y dos horas se agotaron los 10.000 preservativos repartidos en las villas olímpicas, muy por debajo de los volúmenes habituales de ediciones pasadas. Según informó La Stampa, la diferencia con otros Juegos es notoria: en París, hace dos años, se distribuyeron 300.000 preservativos, equivalentes a aproximadamente dos por atleta cada día.
Este déficit ha provocado que el ambiente en la villa olímpica se vuelva motivo de conversación no solo entre los deportistas, sino también en el ámbito organizativo. Un atleta, que solicitó reservar su identidad, declaró a La Stampa: “Los preservativos se acabaron en tres días. Nos prometieron más, pero no sabemos cuándo llegarán”. Los organizadores de Milán-Cortina habían convertido la entrega de estos paquetes en un gesto institucional, colocando incluso el símbolo de la Región de Lombardía en los envoltorios y destacando la importancia preventiva para la salud.
La entrega de preservativos en los Juegos Olímpicos se implementa desde Seúl 1988, con el objetivo de promover la prevención de enfermedades de transmisión sexual entre deportistas y jóvenes. La práctica se ha mantenido como una política de salud pública adoptada en los grandes eventos deportivos internacionales. El gobernador Attilio Fontana profundizó sobre la relevancia de la iniciativa y remarcó: “La salud ante todo: prevención y sentido común.” La presencia del símbolo regional en los paquetes pretendía reforzar el mensaje entre los atletas reunidos en Milán y Cortina d’Ampezzo.

Expertos citados por el medio italiano indican que este año el número de preservativos distribuidos es muy reducido si se lo compara con Juegos anteriores. La repercusión ha ido más allá del círculo deportivo y ha propiciado una respuesta en el mercado de servicios sexuales en las zonas donde se celebran los eventos. La propia tradición de entregar preservativos responde al aumento de la actividad sexual en las villas, un fenómeno constatado desde hace décadas por organizadores y deportistas. La brecha en la cantidad repartida no ha pasado inadvertida entre los participantes.
El impacto de los Juegos Olímpicos de Invierno se siente también fuera de la villa. Un estudio conducido por SimpleMedia, tomando como referencia datos de SimpleEscort, reporta un incremento significativo en la publicación de anuncios de acompañantes en las sedes olímpicas durante los primeros días de competición. Milán encabeza el aumento, con un 23%, seguida de Cortina d’Ampezzo (12%), Valtellina —que incluye Bormio y Livigno— (6%), y Val di Fiemme y Anterselva (3%).
Este auge, según declaraciones de una acompañante recogidas por el medio, responde fundamentalmente a la llegada de patrocinadores, miembros de las delegaciones y periodistas, y no se vincula de forma directa con los atletas. Los datos ilustran el fuerte impacto social y económico que los grandes eventos deportivos pueden tener en las comunidades anfitrionas, generando necesidades logísticas y sanitarias que superan lo estrictamente deportivo.
UN BRASILEÑO HIZO HISTORIA EN LOS JUEGOS 2026

Lucas Pinheiro Braathen obtuvo la primera medalla de oro para Brasil y para Latinoamérica en unos Juegos Olímpicos de Invierno al ganar el eslalon gigante de esquí alpino en Milano-Cortina 2026. Este triunfo representa un hito inédito para la región, que hasta ahora no había logrado ninguna presea olímpica en disciplinas invernales. Con esta victoria, Pinheiro Braathen marca un antes y un después para el deporte en Brasil y América Latina, logrando el primer lugar en la máxima cita del esquí alpino.

