
Todo empieza con un tuit. Javier Timerman cuenta que apareció un relato autiobiográfico inédito de su padre. Su padre es Jacobo Timerman y es un mito del periodismo argentino. El que fundó las revistas Primera Plana y Confirmado y el diario La Opinión. El que, en 1977, fue secuestrado, como miles, por la dictadura militar. El que fue blanqueado y siguió preso y cuando salió, se fue del país. El que escribió todo en un libro cuyo título estremece: Preso sin nombre, celda sin número. El que volvió, declaró ante la CONADEP. El de las mil anécdotas con periodistas. Duras, muchas.
Jacobo Timerman murió en la Argentina en 1999… y resulta que ahora hay un relato autobiográfico, “un libro”, dice su hijo Javier. Donde opina, donde cuenta anécdotas, donde desmiente lo que otros –Osvaldo Soriano– han escrito sobre él. Son 220 páginas y ahora las tiene el hijo.
Javier se entusiasma y quiere leer eso. Estamos hablando por teléfono, pero se ve que busca y vuelve con la cita. Lee el párrafo sobre Soriano: “Muchos de sus libros traen anécdotas sobre mí. Son todas mentiras. Son divertidísimas. Pero no hay ni una cierta. Ni una. Son cosas que él vio, que él entendió, que él imaginó, que él soñó, que él creyó haber visto, pero que no tienen nada que ver conmigo”.
Decía que el periodista, el creador, la persona que él había sido, se terminaron en el momento en que lo torturaron
Javier Timerman
Se ríe, Javier. Porque lee y al leer escucha, vuelve, la voz de su padre: “Sentí que que el libro refleja muy bien lo que fue mi padre. El miedo y el coraje a la vez. A él todo el mundo lo veía como muy valiente, como muy omnipotente, como muy poderoso. Sin embargo se sentía profundamente vulnerable muchas veces y sufría por eso, pero tenía que dar las peleas que tenía que dar. Lo hacía con miedo, pero lo hacía”.
El relato, en realidad, no sale de la pluma de Jacobo Timerman sino de la de Carlos Ulanovsky. El periodista fue contratado por la editora Julia Constenla para entrevistar largamente a Timerman y escribir ese libro de memorias, que no llegó a publicar pero dejó en marcha en 1988. ¿Dónde quedaron esas páginas? ¿Cómo las encontraron ahora

Javier Timerman siempre había querido recopilar las anecdotas de su padre. Hace unos meses se decidió y llamó a otro periodista, Claudio Polosecki, para que lo hiciera. Polosecki se puso a investigar: “Me costaba bastante encontrar testimonios, gente que quisiera hablar. Entonces revisé libros, se me ocurrió que en uno de Horacio Verbitsky podía haber algo”, le dice ahora a Infobae. “No encontré nada que me interesara y, porque sí, me puse a revisar la bibliografía y ahí decía, en dos renglones: ‘Entrevista inédita a Jacobo Timerman. Archivo Giussani Constenla, Biblioteca Nacional Mariano Moreno’. Se ve que, cuando murió Constenla, la Biblioteca recibió el material. Ahi estaba, me lo dieron en una caja, me tuve que poner guantes. En la Biblioteca me ayudaron y hasta lo digitalizaron. Llevó mucho tiempo, pero lo encontramos”.
Polosecki se devoró el material. Notó tensiones. “Es una especie de esgrima entre Ulanovsky y Jacobo. Jacobo quería hablar de su opinión sobre lo que pasaba en el mundo, el estado de la cultura, lo que él pensaba de distintas cosas. Y Carlos quería que le contara su vida. Claro. Y Jacobo muchas ganas de contar su vida no tenía”.
El periodista tiene derechos y el dueño del diario tiene derechos. Hay situaciones en que es difícil determinar si el periodista, al escribir cierta cosa, afecta los intereses del diario o no los afecta.
Jacobo Timerman
Desde el otro lado del teléfono, Javier Timerman suena a veces entusiasmado, a veces emocionado. “No puedo parar de llorar, lo escucho a mi viejo”, dirá un rato después de la entrevista, cuando arreglemos detalles por Whatsapp. Pero, ahora, cuenta:
-Mi papá había decidido no publicar nada de esto que se había hablado, era una especie de autobiografía dialogada con Ulanovsky. Yo me había olvidado del tema y creo que Ulanovsky también. Lo estoy terminando, pero veo que es un libro que dice mucho de él de su creatividad, de su personalidad.
-¿Qué cuenta
-Hay varias anécdotas de su vida como linyera, literalmente viviendo en trenes, recorriendo el país, escribiendo poesía o, o viajando en tranvía horas para poder leer libros. Cuenta cómo conoció a Borges cuando no él era nadie, simplemente se presentó en la casa para hablar de poesía.

-Había nacido en Rusia. ¿Hablan de eso?
-Claro, incluso arranca el libro diciendo: “¿Cuántos años vivió en Rusia» “Casi cinco”. ¿Tiene recuerdos rusos?” Y ahí habla un poco de cómo era la vida en Rusia, lo que se acuerda, cómo llegaron a Argentina, la pobreza, cómo empezó a leer, cómo empezó a interesarse por el periodismo… Hay mucho foco en eso del periodismo.
-¿Te sorprendió algo de lo que decía
-No, la verdad que no. Aaunque no haya conocido las anécdotas, hay cosas que eran tan parte de la personalidad de mi padre…
-¿Por ejemplo?
-En un momento hablan del trato a los periodistas y mi padre dice que nunca le faltó el respeto a un periodista, sino que les exigíaa, pero siempre desde el respeto. Y habla de una anécdota que cuenta Soriano, que mi padre dice que no existió. En esa anécdota, mi padre ponía los pies sobre la mesa, sobre el escritorio y con un habano le gritaba a un periodista. Y mi padre dice: “Nunca hice eso y nunca haría eso, no con un periodista, sino con nadie. Puedo haberle gritado a un periodista en algún momento porque una nota no cerraba o porque no traía la nota que tenía que traer, pero jamás pondría los pies sobre el escritorio porque yo no le falto al respeto a nadie”. Y es exactamente como nos educó a nosotros.

Javier Timerman busca el párrafo y lee. Ahora habla Jacobo: “Si alguien dice que yo estaba con los pies sobre el escritorio con un cigarro atendiendo un periodista, bueno, él dice que me vio hacer eso, yo digo que nunca lo hice, que siempre atendí a mis periodistas con mucho respeto. Frente a frente, charlando, a veces gritando, a veces ironizando, como cuando una vez tomo un artículo de Osiris Troiani y le digo: ‘Mire, es muy largo, vea usted, Troiani, que saco cualquiera de las hojas, la tiro y el artículo sirve igual´. Sí, he hecho estas ironías despiadadas, pero nunca con los pies sobre la mesa fumando un cigarro, que es una actitud despectiva que nunca tuve ante nadie».
La tortura y después
-¿Habla de cuando estuvo desaparecido y detenido?
-Dice una cosa que lo he escuchado decir muchas veces y es que él sentía que después de la tortura desapareció como persona, que ya nunca más fue lo mismo. Que el periodista, el creador, la persona que él había sido, se terminaron en el momento en que lo torturaron. Después de la tortura ya es otra persona. Que no pudo encontrar algo que lo apasionara.
-¿Leíste algo que no supieras?
-Hay muchas anécdotas sobre periodismo, sobre política, relaciones de él con intelectuales… Cuenta que se encontraba con intelectuales, por ejemplo, en Edelweiss y hablaban hasta que el humo no dejaba ver. Ese tipo de cosas. Estaban ahí Leopoldo Torre Nillson y Juan José Sebreli, “el joven Sebreli”.
Hablar de periodismo
Entre las cosas que dice sobre periodismo, cuenta Javier Timerman, hay dos cosas que subrayar. Una es su defensa de una pluralidad que permitía que en las mismas páginas escribiera gente que pensaba muy distinto. Otra, su visión como empresario periodístico.

Esto dice Jacobo Timerman:
“Uno dice: ‘Bueno, pero escribían tipos que pensaban distinto’. Pero eso forma parte de la realidad, no es una oposición hipócrita. Sí, escribía Mariano Grondona que defendía una cosa y Mariano Montemayor que defendía otra, o cuando yo tenía dos columnas enfrentadas, una de Mariano Montemayor y una de Emilio Jardoy, el conservador, ¿qué van a decir? ¿que la revista era hipócrita No. Yo publicaba las dos posiciones que creía que todo el mundo quería leer. Pero no, no era una hipocresía la revista, no era que bailaba en dos casamientos al mismo tiempo. Eso es lo que no entienden».
Y también: “Una vez dije estas cosas que se dicen porque todo el mundo estaba asombrado de cómo yo conseguía buenos periodistas, olvidándose todo el trabajo creativo que yo hacía con cada redactor. Entonces, yo dije una frase: ´’A los que despiden, yo los tomo’. Con eso, con los desechos, hago mis publicaciones. Y una vez en Israel, en la televisión, el que me entrevistaba me dice: ‘¿Es verdad que usted aprovecha la represión de los directores de diarios para pagar salarios más bajos?’ Y yo lo miré asombrado y le digo:’ ¿A qué se refiere?’ «
Es que el Jacobo Timerman empresario también aparece acá. Dice:
“¿Qué quiere decir la propiedad privada en un diario?. Es un proceso muy complejo. No es tan sencillo. El periodista tiene derechos y el dueño del diario tiene derechos. Hay situaciones confusas en que es difícil determinar exactamente si el periodista al escribir cierta cosa afecta los intereses del diario o no los afecta. Es muy difícil determinar eso en todos los casos. Hay casos en que es fácil determinar, y voy a hacer un caso concreto: Eliaschev hizo una audición de televisión en que preguntaba sobre el tamaño del pene. Y hubo una reacción muy grande al respecto. Lo consulto y le digo que había hecho mal, me dice: ‘¿Por qué?’ Si es un tema que todo el mundo puede hablar. Le digo ‘efectivamente’. ‘Entonces ¿por qué el canal me sanciona’. Le digo: ‘Mirá”, si vos tomas el Village Voice en Nueva York hay una cantidad de artículos que se encontraban dentro de la personalidad del Village Voice, ahora si un artículo de esos, un periodista en vez de llevarlo al Village Voice lo quiere publicar en el New York Times, el dueño del New York Times tiene derecho a decir que no, le dice ‘Señor, éste es el New York Times, tiene su personalidad, tiene su identidad, tiene su forma de comunicar, usted no puede traerme algo que es para el Village Voice’.
Trayéndolo a la Argentina, hay artículos en Humor que yo lucharé hasta la muerte para que Humor tenga derecho a publicarlos pero no los publicaría en un diario como La Opinión, porque no tienen nada que ver…«
Cuenta Polosecki que fueron seis entrevistas y que aunque en los papeles que estaban en la Biblioteca Nacional hay mucho material, todavía queda por hacer una edición que lo convierta en un libro. Ese será el próximo paso: el libro autobiográfico que Timerman hizo, junto con Carlos Ulanovsky, en 1988 y que estuvo “perdido”. Pero bien cuidado.

