
“Escribo desde una posición de privilegio que no es solo la de estar viva. Privilegio de raza (…), de nacionalidad, de cultura. Mi violación no es una violación grande ni pequeña, es una violación relativa, relativizada por las condiciones de mi nacimiento en el país de los derechos humanos, por el hecho de que el crimen fue reconocido por el autor y por la justicia. Porque tengo la posibilidad y el derecho de escribir sobre él hoy”. La que escribe es la autora suiza Niege Sinno y en su relato no reivindica nada. No cree que ahora es más fuerte. Tampoco cree en la resiliencia. Su libro, Triste tigre (Anagrama, 2023) explora y trata de entender qué supone sufrir abuso sexual desde los 9 años hasta los 12. Y lo hace en primera persona, como una confesión desesperada. Y en ese camino no se escapa del espanto, el horror y la violencia. Al contrario: afronta su historia personal como una topadora, sin pelos en la lengua. Con absoluta sinceridad y valentía. Sin vergüenza.
Hay preguntas en su relato. Hay dudas. Pero nunca sobre lo que es una violación sistemática a una nena indefensa y vulnerable. Más bien, gran parte de los interrogantes están orientados a su depredador: el padrastro. “Qué es lo que puede ver cuando me mira ¿Qué puede haber de erótico en un pequeño ser con costras en las rodillas, que aún no ha mudado todos los dientes, que puede pasarse una hora intentando atrapar una lagartija entre las piedras calientes de la tarde? (…) Mi padrastro ocultaba algo a lo que mi madre no alude (…) parecía una persona de confianza, un buen padre para sus hijos, un tipo un poco infiel pero que la quería; lo que ocultaba era lo que me hacía a mí por las noches”. Pero hay otras muchas cuestiones que comparte con el lector, además de las que se pregunta acerca de su agresor. “¿Sirvió para algo escribir este libro? ¿A alguien le parecerá interesante? ¿Corresponde ventilar las intimidades en forma pública y a viva voz?”. Su historia nos congela. Nos deja sin habla. Sin aliento. Y su propio miedo se apodera de nosotros.
La forma literaria del horror
“Por eso es tan difícil escribir este libro. No porque me lleve de nuevo a momentos dolorosos (…), sino porque esta obra, en la que quien escribe pone todo su esfuerzo, su buena voluntad, sus años de lectura, su corazón y su alma, es, otra vez, un proyecto del abusador, donde él está en el centro, y que casi predijo y deseó”. El espanto y el terror de lo que siente la escritora la desborda y entonces, pone en papel su desgracia. Y con ello se rebela y se abriga en la literatura. Y no lo hace solo con el afán de encontrar –si es que la hay- la causa del mal que habita a los violadores. También lo hace como una forma de encauzar los recuerdos que la atormentan, sean ciertos o no.

Escribir no te cura
Sinno afirma que el haber publicado su historia no la curó de nada. No la salvó. Y también asegura que la tragedia no la hizo más fuerte o diferente a cualquier otra persona. Su libro es un testimonio de alguien que fue ultrajada de pequeña y que hoy, siendo adulta, sigue adelante, pero impregnada de esa sustancia viscosa y ulcerante que son las memorias de lo que le pasó. Y en ese recorrido llega a una amarga conclusión: el violador ejerce violencia y lo hace porque puede, porque así expresa poder: “La depredación sexual no tiene tanto que ver con el placer físico como, sobre todo, con una relación de dominación, es decir, con el poder. Eligen esa forma de agredir porque es una manera de dominar, de sujetar al otro, que va más allá de otras formas posibles. Tener esa omnipotencia sobre mí lo hacía sentirse un superhombre (…). Podía decidir mi vida o mi muerte. (…) ser un monstruo, una vez que la sociedad te mira, es ser infrahumano; pero, cuando nadie te mira, eres el rey. (…) A la pregunta de por qué los soldados cometen los peores abusos en los escenarios de conflicto, una vez escuche a un gran historiador de las dos guerras mundiales decir: Por que pueden. (…) Violan porque pueden, porque la sociedad se lo permite, porque les han dado permiso; y cuando un hombre tiene permiso para violar, viola. Como si el mal fuera una posibilidad siempre presente en nosotros, que, en las condiciones de potencial barbarie, se manifestara automáticamente”. Y, aun así, la escritora suiza opina que se pierde demasiado tiempo buscando razones o justificaciones racionales de porqué el hombre hace eso. Lo hace y punto. Tratar de comprenderlo solo lleva a un oscuro y húmedo callejón sin salida.
Triste tigre es una propuesta que abunda en detalles, pero con cero golpes bajos. Neige Sinno encara su experiencia personal desde la emoción, desplegando las múltiples caras que puede adoptar la violencia sexual en los niños. Reflexiona maravillosamente sin caer en lo melodramático. Es turbulenta y serena a la vez. Y no huye, encara y lo hace con toda dignidad e hidalguía.
“El abuso sexual infantil no es una prueba, un accidente de la vida, sino una humillación profunda y sistemática que destruye los cimientos del propio ser. Y una vez víctima no dejas de serlo por más esfuerzo que hagas, sean cuantos sean tus logros. Incluso cuando se sale adelante no se sale adelante de verdad. (…) Es cierto que se trata de una lectura desgarradora, terrible incluso, porque el lector está en la posición de un testigo que asiste impotente al sometimiento de una niña necesitada de amor que cede a las exigencias de su agresor (…). Pero también es cierto que Triste tigre rescata, entre los restos del naufragio, algunas ideas esperanzadoras que, aunque conocidas, alivian un poco el camino (solo un poco). Durante mucho tiempo la autora puso en el mismo saco lo que constituía sus orígenes: desde la montaña donde había nacido hasta la violación como peso que sigue cargando. Sin embargo, casi hacia el final, recuerda una frase de Sartre ,en su libro sobre Genet, que Didier Eribon eligió como guía para la vida: “Lo que importa no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”.
¿Quién es Neige Sinno?
Neige Sinno nació en 1977 en los Alpes suizos. Doctora en Letras por la Universidad de Aix-Marsella, vivió en Estados Unidos y en México, con su pareja y su hija. Es traductora y ha publicado la colección de cuentos La Vie des rats (2007), el ensayo literario Lectores entre líneas: Roberto Bolaño, Ricardo Piglia y Sergio Pitol (Aldus, 2011, Premio Lya Kostakowsky) y la novela Le Camion (2018). En el año 2023 se da el boom literario con el lanzamiento -en Francia- de Triste tigre, que vendió más de trescientos mil ejemplares y que obtuvo varios premios, entre ellos el Prix littéraire Le Monde, el Prix Goncourt des Lycéens y el Prix Femina en 2023.

