
Nacidos entre 1997 y 2012, los centennials o generación Z representan a los jóvenes que hoy tienen entre 12 y 29 años. Mientras las cifras globales muestran un aumento en enfermedades crónicas a edades tempranas, este grupo etario, sobre todo después de los 20 años, empieza a desafiar las tendencias mediante la incorporación sistemática de hábitos saludables.
Según la Universidad de Stanford, los jóvenes de entre 20 y 30 años, se encuentran en un momento clave para consolidar costumbres que influirán de manera decisiva en su bienestar durante décadas.
Ejercicio de fuerza: la base muscular y ósea para el futuro
El paso por los veinte y los treinta años marca el pico de la masa ósea y muscular. De acuerdo con Michael Fredericson, profesor de medicina física y rehabilitación en Stanford Medicine: “El secreto para realmente ganar fuerza es ejercitarse hasta casi el punto de fatiga, cuando se siente que solo se pueden realizar una o dos repeticiones más”.
El especialista recomienda que los jóvenes realicen al menos dos sesiones de entrenamiento de fuerza cada semana, utilizando pesas, bandas, máquinas o el propio peso corporal.

La constancia en este hábito, según los expertos de Stanford, es la verdadera inversión en salud: cuanto antes se empiece, mayores serán los beneficios acumulados a lo largo del tiempo.
Ejercicio aeróbico: corazón y mente en movimiento
Según datos de la universidad, la práctica regular de ejercicio aeróbico también es determinante. Un meta-análisis reciente que abarcó a más de 20 millones de personas concluyó que mejorar la condición física aeróbica reduce el riesgo de mortalidad general entre 11% y 17%. Caminar por lo menos 7.000 pasos diarios ya resulta suficiente para observar beneficios en la salud.
“Caminar es una actividad maravillosa que muchas personas pueden hacer y disfrutar”, subrayó Abby King, profesora de epidemiología y salud poblacional en Stanford.

El sedentarismo se perfila como uno de los principales riesgos para la generación Z. Permanecer sentado más de ocho horas al día se asocia con un impacto negativo equivalente al del tabaco, advirtió Fredericson. Por eso se recomienda interrumpir el tiempo sentado al menos cada media hora.
Nutrición consciente, menos ultraprocesados y más plantas
La rapidez y la falta de tiempo suelen condicionar la alimentación de los jóvenes entre 20 y 30 años. Sin embargo, los expertos de Stanford Medicine advierten que las decisiones tomadas en estos años tendrán consecuencias directas en la salud metabólica y cardiovascular futura.
El estudio CARDIA, que sigue a más de 5.000 jóvenes desde los años 80, encontró que quienes priorizaron una dieta basada en alimentos reales y menos comida rápida, presentaron un riesgo menor de enfermedades cardíacas y resistencia a la insulina en la adultez.

King sostuvo que “enfocarse en alimentos reales no tiene que ser complicado”. Desde Stanford Medicine recomiendan la dieta mediterránea, rica en plantas, granos integrales, grasas saludables y proteínas magras, como un modelo flexible y avalado por la ciencia para reducir la inflamación y prevenir patologías crónicas.
Dormir bien, el desafío invisible
El descanso insuficiente afecta tanto la salud física como la mental de los centennials. “El punto óptimo suele ser dormir más de siete horas”, explicó Clete Kushida, director de la División de Medicina del Sueño de Stanford.
Las investigaciones muestran que dormir poco aumenta el riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares, incluso en personas jóvenes y activas. Kushida remarcó que “no se puede compensar la deuda de sueño del trabajo o el estudio durmiendo más los fines de semana”.

Para mejorar la calidad del descanso, los especialistas sugieren mantener horarios regulares, exponerse a la luz natural en la mañana y evitar pantallas y alcohol antes de dormir. Si la fatiga persiste, la recomendación es consultar a un especialista, ya que los trastornos del sueño afectan a millones de jóvenes.
Estrés: técnicas de control desde la juventud
El estrés se presenta como un desafío cotidiano para la generación Z, marcada por la inestabilidad laboral, las exigencias académicas y la hiperconectividad. “Es importante gestionar el estrés o el estrés te gestionará a ti”, enfatizó David Spiegel, director del Centro de Estrés y Salud de Stanford. Las prácticas recomendadas incluyen la meditación, la respiración profunda y la auto-hipnosis, disponibles incluso a través de aplicaciones móviles.

Spiegel explicó: “El primer paso es calmar el cuerpo, así la mente puede analizar mejor los problemas”. Mantener rutinas de alimentación saludable, actividad física regular y buen descanso refuerza la capacidad para enfrentar situaciones de presión.
La generación Z integra la tecnología en la gestión de su salud diaria. Pulseras inteligentes, aplicaciones para registrar el ejercicio, monitoreo del sueño y herramientas para controlar el estrés son parte del repertorio cotidiano.
Según Stanford Medicine News Center, la prevención y el autocuidado temprano son la mejor estrategia para garantizar el bienestar en el futuro.

