La urgencia de la fragilidad, la memoria y el cuerpo, en una expo nada predecible

La urgencia de la fragilidad, la memoria y el cuerpo, en una expo nada predecible

La exhibición El orden imposible del mundo. Arte contemporáneo propone, hasta marzo en Fundación Proa, una experiencia singular: el acceso a obras de 26 artistas, muchas de ellas resguardadas en colecciones privadas y rara vez expuestas al público, a partir de un recorrido que desafía toda clasificación rígida y revela cómo la producción actual de los artistas argentinos y latinoamericanos combina monumentalidad y experimentalismo.

La muestra, curada por Francisco Lemus en su gran parte y una sala por Diego Bianchi, ofrece toma como punto de partida que todo intento de ordenar el mundo es siempre parcial, frágil o momentáneo: tanto en el diseño expositivo como en la selección de piezas se insiste en la naturaleza de lo abierto, de lo especulativo, de lo que no está definido.

En la primera sala, dos piezas establecen un diálogo sobre la memoria y el archivo. En Any Moment Now…. (Spring), de la brasileña Valeska Soares, una instalación de 93 tapas de libros vintage montadas sobre lienzo y escalera de biblioteca, se habilita una reconstrucción visual y personal a partir de cada fragmento, cada relación puede despertar un recuerdo, pero a la vez continúa siendo ambiguo, como la subjetividad propia.

En La Silla, de Martín Legón, una placa describe ciento noventa y dos objetos presentes o ausentes, en cajas idénticas, dispuestas como un archivo que remite al nicho, lo que se exhibe es tanto memoria como real, lo que vemos es una ilusión y, aún con un inventario, todo los que se nos dice podría ser falso. En ese sentido, la lista —que puede interpretarse como poema— invita a interrogar incluso sobre los invisible en un gesto reforzado por la formación literaria y el interés semiótico del artista.

En la sala siguiente, la más grande del espacio de La Boca, un instalación de la patagónica Amalia Pica problematiza sobre la comunicación y las dificultades propias de la geografía austral, como también remite a los obstáculos tecnológicos contemporáneos. Los vasos apoyados sobre la pared es una referencia a los juegos de la infancia, y nos planten las dificultades y la búsqueda de superarlos en el intercambio.

Otra instalación, Acciones de Juane Odriozola, realizada para la muestra, explora el color a través del desplazamiento sobre papel: los tonos más oscuros se ubican arriba, los claros abajo, creando una curva cromática. Cada matiz, resultado de una receta única y de la reacción singular del papel de toalla, deriva en ejemplares irrepetibles, lo que hace de cada obra un objeto único e irrepetible.

Sala con obras de Amalia Pica, Juane Odriozola, Rivane Neuenschwander y Elena Dahn

En At a Certain Distance (Public Barriers), la brasileña Rivane Neuenschwander recrea una experiencia personal del cercado de un campo, que con el tiempo se va reconfigruando intervenciones ajenas, mientras que sobre una pared se extiende una pieza de yeso de Elena Dahn, en la que lo fijo y lo planificado se rompe por el propio devenir de la materia.

El siguiente espacio está dedicado en exclusiva para The Theater of Disappearance de Adrián Villar Rojas, jamás presentada de manera íntegra hasta el presente. Esta monumental pieza, expuesta primero en la terraza del Metropolitan Museum of Art de Nueva York y luego en Art Basel, incluye figuras y objetos de foam que remiten tanto a personajes históricos como a personas allegadas al artista.

La acumulación de polvo y desgaste —producto de su exposición en exteriores— forma parte esencial de la intervención, a tal punto que incluso fue necesario recrear el hollín tras un incendio para preservar el sentido de la pieza.

Una de las piezas de

El contraste es un recurso central. Algunas obras optan por el despliegue monumental como forma de resistir la volatilidad del tiempo. Otras, en cambio, eligen materiales humildes y una economía de recursos para explorar lo esencial de la creación, sin que ambos enfoques resulten enfrentados: coexisten así la monumentalidad como resistencia al olvido en un mundo volátil y la experimentación con recursos mínimos como exploración de lo esencial.

Y es que en la sala superior, la exhibición vira hacia piezas pequeñas a partir de la curaduría de Diego Bianchi, donde se privilegia una estética de la urgencia, con obras realizadas a partir de materiales hallados o cotidianos.

A diferencia de la espectacularidad monumental, aquí prevalecen la fragmentación y el diálogo con la arquitectura; las instalaciones, compuestas con recursos mínimos y protocolos precisos, aquí se hace presente el “trash” y el ready-made.

En la parte de la muestra curada por Diego Bianchi se hace presente el “trash” y el ready-made

La dimensión política y colectiva, los usos culturales, emerge en los trabajos de Pablo Accinelli, Marcelo Pombo o Dan Perjovschi sobre la vida urbana; las Remeras de Mariana López junto con las instalaciones de luz y espacio de Fernanda Gomes y Estefanía Landesmann, que abren nuevas preguntas sobre memoria, valor y percepción sensorial junto a, entre otros.

Sin dudas, la sala más potente de esta ‘parte II’ de esta disposición de una muestra dentro de otra, se encuentra sobre el final, donde la corporal, como metáfora del dolor, el deseo y la exigencia de “ser”, se presentan en trabajos de Andrés Bedoya, Patricia Ayres, Nicanor Aráoz, Lynn Hershman Leeson y el propio Bianchi.

Obras de Andrés Bedoya, Patricia Ayres, Nicanor Aráoz, Lynn Hershman Leeson y el propio Bianchi

La fragilidad, la deformación, la necesidad de autoconstruirse capas de protección, explotan la vulnerabilidad en una puesta en que las obras se van retroalimentando. Allí, la muestra se vuelve íntima, palpable, y algo horrorosa, donde la violencia física (y también mental) se presentan a partir del uso de residuos.

El orden imposible del mundo ingresa en el territorio de lo urgente del arte latinoamericano contemporáneo, donde lo efímero y lo conceptual trazan alternativas a la rigidez del orden, en la voz de creadores que desafían los límites materiales, históricos y simbólicos del presente.

*El orden imposible del mundo, en Fundación Proa hasta el 8 de marzo, en Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca. Miércoles a domingos, 12 a 19h (visitas guiadas a las 15 y 17h). Entradas: Miércoles sin cargo y de jueves a domingos, $6000. Estudiantes, docentes y jubilados: $4000. Menores de 12: sin cargo

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