La ciencia revela por qué la miel dura tanto sin caducar

La ciencia revela por qué la miel dura tanto sin caducar

La miel destaca por su capacidad para conservarse apta para el consumo durante décadas sin deterioro (Imagen Ilustrativa Infobae)

La miel ocupa un lugar singular entre los alimentos por su resistencia al paso del tiempo y su capacidad para mantenerse apta para el consumo durante décadas. No se han identificado casos documentados de intoxicación alimentaria asociada a miel almacenada adecuadamente durante largos periodos. Este fenómeno ha captado la atención de científicos y consumidores, quienes exploran las razones detrás de la estabilidad de este producto natural.

¿Por qué la miel no se echa a perder?

La durabilidad de la miel se debe a un conjunto de factores bioquímicos y físicos que impiden el desarrollo de microorganismos. Las abejas procesan el néctar recolectado al reducir su contenido de agua mediante ingestión, regurgitación y ventilación. Este proceso disminuye la humedad del néctar de un 70% a menos de 20%. A medida que las abejas trabajan el néctar, una enzima llamada glucosa oxidasa transforma la glucosa en ácido glucónico y peróxido de hidrógeno. El resultado es un producto final con un pH aproximado de 4, lo que crea un ambiente ácido desfavorable para bacterias y hongos.

La baja actividad de agua, la alta concentración de azúcares y la presencia de peróxido de hidrógeno convierten a la miel en un entorno hostil para los microorganismos. La composición de la miel depende del tipo de abejas y las flores forrajeadas, pero en todos los casos, los azúcares concentrados y los ácidos orgánicos dificultan la proliferación de patógenos.

El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) señaló que la miel se conserva en perfectas condiciones incluso tras décadas de almacenamiento.

No existen casos documentados de intoxicación alimentaria por miel almacenada correctamente durante largos periodos (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿La miel tiene fecha de caducidad?

La legislación vigente en países como Argentina, Estados Unidos y miembros de la Unión Europea exige que los envases de miel incluyan una fecha de consumo preferente, pero no una fecha de caducidad estricta.

La miel “no caduca” en términos convencionales, aunque se recomienda consumirla antes de los dos años desde la cosecha para aprovechar al máximo sus propiedades organolépticas y mantener su calidad.

¿Cómo cambia la miel con el tiempo?

Aunque la miel no se descompone, sí presenta transformaciones físicas y químicas a lo largo del tiempo. El oscurecimiento y la cristalización son procesos comunes. La cristalización ocurre cuando la concentración de azúcares supera el nivel que puede permanecer disuelto en solución, dando lugar a la formación de cristales. Este fenómeno se acentúa en ambientes fríos y no afecta la inocuidad del producto.

La estabilidad de la miel ha despertado el interés de científicos y consumidores (Imagen Ilustrativa Infobae)

El calentamiento o el almacenamiento prolongado pueden provocar reacciones químicas, como la formación de 5-hidroximetilfurfural (HMF), un compuesto presente en muchos alimentos procesados.

El Codex Alimentarius establece un límite de 40 mg/kg para la concentración de HMF en la miel. Algunas variedades, como la miel de girasol, alcanzan este umbral después de 18 meses, mientras que otras, como la miel de acacia, pueden tardar hasta cinco años. “El contenido de HMF depende del tipo de miel, el tiempo y la temperatura de almacenamiento”, explicó la especialista Kantha Shelke a Live Science.

¿Qué factores pueden afectar la seguridad de la miel?

Aunque la miel es un producto estable, existen situaciones que pueden comprometer su seguridad. La contaminación con esporas de Clostridium botulinum representa un riesgo para los lactantes menores de un año. Estas esporas pueden sobrevivir a la pasteurización y causar botulismo infantil, una condición potencialmente fatal. Según la Mayo Clinic: “La miel no debe administrarse a niños menores de un año, ya que su sistema digestivo no está lo suficientemente desarrollado para eliminar las esporas”.

En adultos y niños mayores, la miel no representa un riesgo sanitario bajo condiciones normales de almacenamiento. No obstante, la exposición al aire o a la humedad puede favorecer la fermentación si el contenido de agua aumenta, lo que podría modificar el sabor y la textura sin comprometer la seguridad siempre que no haya signos de deterioro evidente.

El bajo contenido de agua y el alto nivel de azúcares dificultan la proliferación de microorganismos en la miel (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Cuál es la mejor forma de conservar la miel?

Mantener la miel en un recipiente hermético, alejada de la luz y de fuentes de calor, permite conservar su calidad durante periodos prolongados. Los expertos recomiendan almacenar la miel a temperatura ambiente, idealmente alrededor de 24°C, para preservar sus características sensoriales y químicas. El manejo y el envasado influyen notablemente en la vida útil de la miel. La miel cruda, sin filtrar ni pasteurizar, mantiene mejor sus enzimas y compuestos beneficiosos, mientras que la miel procesada puede perder parte de sus propiedades, aunque sigue siendo estable si se almacena correctamente.

¿La miel tiene beneficios para la salud?

La miel contiene azúcares, enzimas, minerales, vitaminas y compuestos antioxidantes. De acuerdo con la British Heart Foundation, no existen pruebas concluyentes de que el consumo de miel produzca beneficios significativos para la salud en cantidades habituales.

“Para obtener posibles efectos positivos, sería necesario consumir unos 80 gramos diarios, lo que implica una ingesta elevada de azúcares”, puntualizó la nutricionista Tracy Parker en declaraciones recogidas por la fundación. En aplicaciones tópicas, la miel de Manuka ha mostrado propiedades antibacterianas que pueden contribuir a la curación de heridas, pero estos efectos no se reproducen necesariamente cuando se consume por vía oral.

¿Existen riesgos asociados al consumo de miel?

En adultos, los riesgos son mínimos, aunque algunas personas pueden presentar alergias al polen o a los componentes de la miel. La Mayo Clinic advierte que la miel puede contener trazas de polen que, en casos excepcionales, provocan reacciones alérgicas graves. Además, la miel es una fuente de “azúcares libres”, y su consumo excesivo puede contribuir al aumento de peso y al riesgo de enfermedades metabólicas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *