
Un estudio reciente de la University of Illinois Urbana-Champaign advierte sobre los riesgos económicos y productivos que podrían enfrentar los productores de manzanas si se prohibieran los antibióticos en la agricultura.
Publicada en la European Review of Agricultural Economics, la investigación analiza el impacto potencial en Estados Unidos, con especial énfasis en Washington, donde el fuego bacteriano representa una amenaza significativa para las cosechas.
El fuego bacteriano es una enfermedad que causa la muerte de flores, hojas y frutos en manzanos y perales, lo que compromete la rentabilidad de los huertos. Las opciones de control resultan limitadas, por lo que el manejo adecuado adquiere especial importancia para el sector.

Según Khashi Ghorbani, autor principal del estudio, “la mayoría de los antibióticos en la agricultura vegetal se usan contra el fuego bacteriano en huertos de peras y manzanas”.
El antibiótico de uso más frecuente, la estreptomicina, se aplica como producto fitosanitario durante la floración para proteger los cultivos. En Estados Unidos, el uso de este compuesto en frutales no está restringido, aunque especialistas consideran probable que futuras regulaciones lo prohíban, como ya ocurrió con otros pesticidas y fungicidas.
Impacto económico y estrategias de los productores
Para los productores, la utilización de antibióticos como la estreptomicina representa un gasto considerable. Durante el brote de 2017 y 2018 en Washington, la inversión promedio alcanzó los USD 250 por 0,4 hectáreas únicamente en aplicaciones preventivas.

La investigación de la University of Illinois indica que una prohibición de antibióticos reduciría la rentabilidad de los productores de manzana, al sumar el coste directo de los productos fitosanitarios y la posible caída en la cosecha, según el valor de las variedades cultivadas.
El análisis distingue entre manzanas de alto valor, como la Honeycrisp, y de menor valor, como Fuji y Gala. Los productores de variedades menos valiosas serían los más expuestos a la incertidumbre regulatoria y la pérdida de rendimiento, mientras que quienes optan por cultivos de mayor valor podrían mitigar parte de los daños.
“Encontramos que el impacto negativo que sufren los productores reactivos disminuye a medida que el valor del cultivo aumenta. Esto demuestra que la elección de variedades puede influir en la economía del campo a largo plazo”, explicó Ghorbani.
El estudio describe perfiles de productores ante la incertidumbre sobre la prohibición. El “productor tradicional” mantiene sus tratamientos habituales y planifica a largo plazo, mientras que el “productor reactivo” incrementa la aplicación de antibióticos ante la posibilidad de una restricción, priorizando la protección antes de que el producto sea prohibido.

Según la modelización, los productores reactivos obtendrían ventaja si la prohibición se implementa. En cambio, si la medida no se adopta, los tradicionales lograrían mejores resultados a largo plazo al preservar la eficacia de los tratamientos.
Perspectivas regulatorias y desafíos a futuro
Shadi Atallah, coautor del estudio, señaló: “El modelo muestra cómo la incertidumbre regulatoria afecta las decisiones de los agricultores y cuáles pueden ser las consecuencias económicas y ecológicas”.
Entre los riesgos identificados, destaca el desarrollo de resistencia a los antibióticos en las bacterias que afectan los cultivos, un proceso que el uso intensivo o inadecuado podría acelerar y comprometer la eficacia de futuros tratamientos.

Por este motivo, los autores proponen que las autoridades implementen políticas diferenciadas según el tipo de productor y el valor económico de las cosechas, así como establecer medidas reguladoras para preservar la funcionalidad de los antibióticos agrícolas a largo plazo.
El informe destaca que las eventuales compensaciones económicas a los productores dependerán del valor de sus cultivos y del manejo adoptado ante la posible prohibición. Se plantea la necesidad de sistemas de apoyo adaptados y una evaluación continua del impacto de cualquier regulación, con el fin de evitar consecuencias económicas o ecológicas inesperadas.
De acuerdo con la University of Illinois Urbana-Champaign, estos resultados ofrecen a responsables políticos y al sector agrícola herramientas para anticipar escenarios y diseñar respuestas. De este modo, es posible mantener un equilibrio entre producción, salud y sostenibilidad en la producción de manzanas.
El debate sobre el uso de antibióticos en la agricultura vegetal suma una dimensión relevante a las discusiones globales sobre salud humana y animal, y exige atención para garantizar prácticas óptimas en el sector agrícola.

