
“Yo no planifico nada, porque sé que el universo me apoya y voy viendo las posibilidades que me ofrece la vida. Nada me para, estoy viva”, afirma Graciela Alfano, en una charla con Teleshow, durante sus días de descanso en Punta del Este, donde alterna entre la playa, el sol y las actividades sociales.
Alfano habla de la energía vital y el modo en que afronta cada etapa de su vida. Asegura que se entrega al presente con una actitud positiva y con disposición a aprender todo lo que aparece en su camino.
A lo largo de la charla, Graciela deja en claro que su filosofía de vida se apoya en la aceptación y en una actitud de apertura ante lo que la realidad presenta. “Yo no planifico. Soy Sagitario”, comenta entre risas, y enseguida profundiza: “Sé que el universo me apoya. Voy viendo las posibilidades que me ofrece la vida y les saco todo el jugo posible”. Para ella, la clave está en la disposición a adaptarse, manteniendo siempre una actitud favorable hacia la vida.

Graciela confía en el proceso y en las oportunidades inesperadas, convencida de que muchas veces, al aferrarse a un plan, uno puede perder de vista mejores opciones: “Muchas veces uno planifica una cosa, te sale otra y no la ves porque estás encajetado con lo que planificaste”. Por eso, se define como alguien que se adapta y aprovecha al máximo lo que se le presenta, tanto en lo personal como en lo profesional.
Cita como inspiración la frase de Viktor Frankl: “Si la realidad te gusta, disfrútala. Si no te gusta, transfórmala. Y si no podés transformarla, te transformás vos”. Bajo esta premisa, Alfano asegura que su felicidad no depende exclusivamente de las circunstancias externas, sino también de la capacidad de cambiar la perspectiva y aprender de cada experiencia: “Las cosas negativas también traen un aprendizaje. Cuanto antes aprendés, más rápido se pasa”.

—¿Qué te gustaría hacer este año?
—Tengo ganas de trabajar. El año pasado me ofrecieron tantas cosas, tengo que agradecer muchísimo. Agradezco a todos los que me han llamado, a Farfán, a Coco Fernández, a Diego Toni… por las muchísimas propuestas que recibí. Realmente no me quiero olvidar de nadie, pero pensé que no era el momento. Tenía un proceso personal que tenía que resolver. Tuve la suerte de poder hacerlo, porque muchas veces no se puede, por razones económicas o lo que sea. El trabajo no es solamente por necesidad, es tu propia dignidad, trabajar y hacer algo. Pero pude darme el gusto de resolverme internamente en este tiempo sin trabajar.
—¿Cómo fue ese proceso personal?
—Hice un curso de coaching que me resultó buenísimo. Es un buen aprendizaje, no es terapia. Es aprender a comunicarme mejor con el otro. Y entonces, ahora este año sí tengo ganas de trabajar. Sé que ahora este es mi momento de disfrutar, porque ya disfruté de la fiesta, de mis nietas, de mis hijos. Este es el momento en que me estoy preparando físicamente. Estoy haciendo ejercicio, camino, como bien, tengo buenas salidas con amigos y me voy a preparar para lo que va a venir, que va a ser algo fabuloso. No tengo dudas.

En la conversación, Graciela menciona la ley de reversibilidad, la relación entre espiritualidad y fe, como la interpretación personal de la divinidad. La conductora y actriz define su postura sobre estos conceptos. “Quiere decir que no atraés lo que pensás, atraés lo que sos. Tenés que sentir lo que sos. Ya tenés que sentir como que está hecho”, explica a Teleshow.
Bajo esa premisa, afirma que el éxito y la felicidad deben experimentarse antes de que los hechos sucedan: “Yo ya me siento que tengo éxito, que estoy feliz en mi trabajo. Lo siento y entonces va a aparecer, es reversible: vos lo sentís y viene. Es cuestión de sentir esas emociones lindas antes de que pasen. Esa es la ley de la reversibilidad”.

Con respecto a su creencia en Dios, amplía su visión: “Creo en el espíritu de cada ser humano. Dentro de cada ser humano hay un espíritu y ese espíritu para mí es Dios”. Al mismo tiempo, remarca la legitimidad de las distintas creencias: “Respeto cualquier creencia, porque es importantísimo tener fe. La fe es lo que hace que se produzcan las cosas. Vos tenés fe en eso que va a pasar, empezás a sentirlo y se produce reversibilidad, que antiguamente se decía: la fe mueve montañas. Yo creo internamente en eso. Esa es la fuerza de cada ser humano, que es maravillosa”, enfatiza Alfano.
—¿Cómo vivís la repercusión cuando subís fotos mostrando tu cuerpo en redes sociales?
—Creo que lo que transmito es ganas de vivir. Al contrario de lo que muchos piensan, tengo chicas que me gritan en la calle, me dicen potra, chicas jóvenes y mujeres más grandes. Creo que ven una referencia de algo que quieren ser, no quieren envejecer en el sentido malo. Muchas me ponen: “Quiero llegar, si no llego así, no llego”. Tal vez, soy como un punto de referencia, una inspiración. No te olvides que yo pasé dos veces por una enfermedad muy grave y seguí adelante. Ese mismo cuerpo es el que sufrió esas ablaciones y esos momentos dificilísimos, y acá estoy, sigo bailando con la bikini arriba, vamos con todo, exclama con una sonrisa.

—¿Sentís que empoderás a otras mujeres?
—Sí, claro. Salgo del supermercado y me cruzo con una chica divina, junto a su marido, y él me dice: “Ella te admira”. Cuando me explican, es eso. Creo que es una referencia, una inspiración.
—¿Cómo es tu familia hoy?
—Tengo a mis tres hijos y tres nietas divinas: Nina, Maya y Cata. Son el amor de mi vida, mi corazón total. Cuando vienen me agotan porque les doy todo, les doy todo a ellas.
—¿Cómo te llaman tus nietas?
—Me dicen Grace, Abu Grace, Abuelita. El otro día mi Maya, que tiene tres años, me dijo “abuelita” y me morí de amor. No es lo mismo que te lo diga cualquiera, pero que te lo diga tu nieta es lo más lindo que existe, con una dulzura… las adoro.

—¿Qué lugar ocupa el empoderamiento en tu rol de abuela
—Las empodero todo el tiempo cuando jugamos. El otro día tenían miedo, entonces las hago parar y, tipo Mujer Maravilla, les digo: “¡No tengo miedo! ¡Muy valiente soy!”. Andábamos por la casa cantando eso. Son unas guerreras.

