Del sueño de ser veterinaria a correr una maratón en el espacio: los secretos de Sunita Williams

Del sueño de ser veterinaria a correr una maratón en el espacio: los secretos de Sunita Williams

Sunita Williams es ahora una exastronauta. Acumuló 608 días en el espacio tras tres misiones a la estación orbital y quedó segunda entre astronautas de la NASA por tiempo fuera de la Tierra (REUTERS/Joe Skipper)

Desde pequeña, Sunita Williams imaginó su futuro lejos de los cohetes y las estaciones espaciales. Creció rodeada de libros, dibujos y conversaciones científicas en un hogar donde su padre, neurocientífico de origen indio, llenaba la casa con bocetos de cerebros y preguntas sobre el funcionamiento de la mente.

En ese contexto, su aspiración inicial fue convertirse en veterinaria, una profesión que asociaba con el cuidado, la curiosidad y el contacto directo con los seres vivos. Sin embargo, una charla familiar cambió el rumbo de su vida y la empujó hacia un camino inesperado que la llevó al espacio en tres ocasiones y la convirtió en una figura central de la exploración orbital moderna.

A lo largo de su carrera ocupó cargos clave en la NASA y colaboró en el entrenamiento para futuras misiones a la Luna
(NASA)

Nacida el 19 de septiembre de 1965, Sunita Pandya Krishna fue la menor de tres hermanos. Su madre, de origen esloveno, trabajó como técnica en radiología y completó un entorno familiar marcado por la ciencia y el esfuerzo académico.

La idea de dejar atrás su vocación veterinaria apareció cuando su hermano mayor ingresó a la Academia Naval de los Estados Unidos y le sugirió que evaluara esa opción. La recomendación no se apoyó en una épica espacial ni en ambiciones heroicas, sino en algo más simple: la vida activa y desafiante que ofrecía la Marina.

Esa conversación resultó decisiva. Williams decidió seguir ese consejo y en 1987 se graduó de la Academia Naval con una licenciatura en Ciencias Físicas.

Williams se formó como piloto de helicópteros y participó en operaciones navales en el Mediterráneo el Mar Rojo y el Golfo Pérsico
(S Williams)

El cambio no fue menor. De imaginar consultorios y animales pasó a entrenamientos exigentes, disciplina militar y vuelos complejos. Con el tiempo, se especializó como piloto de helicópteros y desarrolló una carrera operativa que la llevó a servir en el Mediterráneo, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico en apoyo de la Operación Escudo del Desierto, la fase defensiva de la Guerra del Golfo entre 1990 y 1991.

“Lo que aprendí en la Academia Naval, sin duda me ha ayudado como astronauta. En la Academia Naval hay mucho que hacer, así que aprendes a ser multitarea. Cuando llega el momento de concentrarte en algo importante, tienes que dejar de lado todas las distracciones. No siempre tuve buenas calificaciones, pero no podía dejar que el estrés académico me siguiera a la piscina en el equipo de natación. Tienes que mantenerte concentrado porque tus compañeros dependen de ti”, dijo Williams durante una entrevista en vivo desde el espacio.

Antes del espacio Sunita Williams soñó con ser veterinaria hasta que una charla con su hermano la llevó a ingresar a la Academia Naval
(S. Williams)

En 1993 completó su formación en la Escuela de Pilotos de Pruebas de la Armada de Estados Unidos, donde voló distintos helicópteros militares y participó en evaluaciones técnicas de aeronaves.

Dos años después, obtuvo una maestría en Gestión de Ingeniería en el Instituto Tecnológico de Florida. En ese período, su destino fue el buque de guerra USS Saipan. Desde allí presentó su solicitud para ingresar al programa de astronautas, una meta que en ese momento parecía lejana incluso para pilotos experimentados.

“No dejes que nadie te diga: ‘No puedes’. Eso es lo más importante. Un comandante de escuadrón me dijo: ‘Ser astronauta es para pilotos de jet, no de helicóptero’. Si sabes que eso es lo que quieres, simplemente tienes que ir a por ello. Haz lo mejor que puedas en lo que haces y descubre qué necesitas para entrar en este campo”, dijo en una entrevista.

De la Marina al espacio, una carrera construida a fuerza de perseverancia

Williams presentó su candidatura al programa de astronautas en dos ocasiones. Tras completar su maestría, fue seleccionada en 1998 por la NASA y comenzó un extenso proceso de formación que incluyó evaluaciones técnicas, entrenamiento físico y preparación para misiones internacionales.

Parte de ese recorrido la llevó a Moscú, donde colaboró con la Agencia Espacial Rusa en el marco del desarrollo y la operación de la Estación Espacial Internacional.

Antes de su primer vuelo orbital, participó en 2002 de la misión NEEMO, una experiencia que simuló condiciones extremas de aislamiento y trabajo en equipo. Durante nueve días vivió y trabajó bajo el agua en el hábitat submarino Aquarius, frente a la costa de Florida. Esa misión buscó preparar a los astronautas para la convivencia prolongada y los desafíos psicológicos de la exploración espacial.

El debut en el espacio

En 2006 viajó por primera vez al espacio a bordo del transbordador Discovery y realizó cuatro caminatas espaciales durante esa misión (NASA)

El 9 de diciembre de 2006 llegó su debut en el espacio. Williams despegó a bordo del transbordador Discovery como parte de la misión STS-116 y se integró a la Expedición 14 de la Estación Espacial Internacional.

Permaneció en órbita hasta el 26 de abril de 2007 y durante esos 195 días alcanzó un récord mundial para mujeres con cuatro caminatas espaciales y 29 horas y 17 minutos fuera de la estación. Ese primer viaje consolidó su perfil operativo y la ubicó entre las astronautas más activas de la NASA.

Durante esa estadía protagonizó uno de los momentos más singulares de su carrera. Participó del Maratón de Boston desde el espacio y completó los 42 kilómetros en una cinta de correr instalada en la estación.

Durante su primera estadía orbital corrió el maratón de Boston en una cinta de la estación espacial y fue la primera persona en lograrlo (NASA)

Fue la primera persona en correr una maratón desde la órbita terrestre, una prueba que combinó resistencia física, adaptación fisiológica y logística precisa.

En ese mismo período decidió cortarse el cabello en órbita para donarlo a la organización Locks of Love, un gesto simbólico que reflejó su compromiso social incluso a cientos de kilómetros de la Tierra.

Williams volvió al espacio el 14 de julio de 2012 como integrante de la Expedición 32/33. En septiembre de ese año asumió el mando de la Estación Espacial Internacional y se convirtió en la segunda mujer en ocupar ese rol.

La astronauta realizó nueve caminatas espaciales que sumaron más de sesenta horas y marcó un récord femenino en actividades extravehiculares (NASA)

Durante esa misión realizó tres caminatas espaciales adicionales para reparar un radiador externo, una tarea crítica para el control térmico de la estación. Su liderazgo operativo reforzó su prestigio dentro de la agencia y amplió su experiencia en gestión de equipos internacionales.

A lo largo de su carrera, Williams acumuló 608 días en el espacio, una cifra que la ubicó como la segunda astronauta de la NASA con mayor tiempo fuera del planeta.

Además, completó nueve caminatas espaciales que sumaron 62 horas y 6 minutos, el mayor registro femenino en actividades extravehiculares y el cuarto más alto de la historia. Estos números no solo reflejaron resistencia y entrenamiento, sino también la confianza que la agencia depositó en ella para tareas complejas y de alto riesgo.

El legado de una astronauta que marcó una era

Williams participó en la prueba tripulada de la cápsula Starliner con el astronauta Butch Willmore y permaneció nueve meses en órbita por fallas técnicas del vehículo (NASA)

Su misión más reciente comenzó en junio de 2024, cuando despegó a bordo de la cápsula Starliner de Boeing como parte de la primera prueba de vuelo tripulada del programa.

La misión se extendió durante nueve meses debido a problemas técnicos y Williams pasó a integrar la tripulación permanente de la Estación Espacial Internacional. Durante ese período volvió a asumir el mando del laboratorio orbital y completó dos caminatas espaciales más antes de regresar a la Tierra en marzo de 2025.

Esa experiencia la colocó en el centro de la transición de la NASA hacia los vuelos espaciales comerciales, un cambio estratégico que definió la nueva etapa de la exploración orbital.

Hija de un neurocientífico indio y una técnica en radiología Sunita Williams creció en un hogar marcado por la ciencia y el estudio (EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA ULASHKEVICH)

A lo largo de los años, también ocupó cargos clave dentro de la agencia espacial estadounidense. Fue jefa adjunta de la oficina de astronautas, directora de operaciones en Star City, Rusia, y participó en el desarrollo de plataformas de entrenamiento con helicópteros para preparar aterrizajes en la Luna, un componente esencial de las futuras misiones Artemis.

El reconocimiento institucional acompañó su retiro. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, destacó que “ha sido una pionera en el vuelo espacial humano, moldeando el futuro de la exploración a través de su liderazgo a bordo de la estación espacial y allanando el camino para las misiones comerciales a la órbita terrestre baja”. También subrayó que su trabajo sentó bases técnicas y operativas para los viajes hacia la Luna y Marte.

En 2012 Sunita Williams se convirtió en comandante de la estación espacial internacional y lideró reparaciones críticas en órbita (NASA)

Más allá de los récords, Williams dejó una huella cultural profunda. Fue la segunda mujer estadounidense de ascendencia india en viajar al espacio, después de Kalpana Chawla, y se convirtió en un símbolo para jóvenes interesados en carreras STEM.

Durante sus misiones llevó consigo objetos religiosos como la Bhagavad Gita y los Upanishads, un gesto que conectó sus raíces familiares con su rol científico y fortaleció su vínculo con comunidades educativas alrededor del mundo.

En el plano personal, Williams construyó una vida marcada por el equilibrio entre vocación y afectos. Está casada con Michael J. Williams, capitán de helicóptero del Servicio de Alguaciles Federales, y no tuvo hijos. Su entorno cercano acompañó largas ausencias y misiones prolongadas, una realidad común entre quienes dedicaron su vida a la exploración espacial.

Williams sumó más de cuatro mil horas de vuelo en cuarenta aeronaves antes de consolidar su carrera como astronauta
( NASA/Keegan Barber/ Handout via REUTERS)

El 27 de diciembre de 2025 anunció su retiro tras 27 años en la NASA. Al despedirse, expresó su gratitud por la experiencia acumulada y el privilegio de integrar la oficina de astronautas.

“Ha sido un honor increíble haber tenido la oportunidad de volar al espacio tres veces”, afirmó, sintetizando una carrera que combinó disciplina militar, excelencia científica y una capacidad singular para inspirar a nuevas generaciones.

Las cifras de Sunita hablan por sí solas: más de 4.000 horas de vuelo en 40 aeronaves, 608 días en el espacio y ser la primera persona en correr un maratón en órbita. Sunita realizó 9 caminatas espaciales, sumando 62 horas y 6 minutos, con lo que se posicionó como la mujer con mayor tiempo en actividades extravehiculares registradas.

Tras veintisiete años de servicio Sunita Williams anunció su retiro y dejó un legado clave para la exploración espacial futura
( EFE/Divyakant Solanki)

Pero detrás de esos números, queda la huella de una mujer que supo abrirse paso entre prejuicios y obstáculos, y que convirtió cada misión en una oportunidad para tender puentes entre culturas, generaciones y sueños.

Sunita Williams dejó la NASA, pero su legado sigue en órbita. Cada futura misión que apunte a la Luna o a Marte llevará algo de la experiencia que ella ayudó a construir.

Desde aquella joven que soñó con ser veterinaria hasta la astronauta que pasó más de seiscientos días fuera de la Tierra, su trayectoria mostró que los caminos más inesperados también pueden conducir a las estrellas.

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