“Ya no hay vuelta atrás”: los relatos de los evacuados tras el desplazamiento de un cerro en Comodoro Rivadavia

“Ya no hay vuelta atrás”: los relatos de los evacuados tras el desplazamiento de un cerro en Comodoro Rivadavia

Las luces se cortaron de golpe y, en medio de la oscuridad, el suelo comenzó a crujir. Un deslizamiento masivo en el cerro Hermitte obligó a la evacuación urgente de más de 90 familias en Comodoro Rivadavia, dejando a los vecinos de los barrios Sismográfica y El Marquesado ante la pérdida repentina de sus hogares y la incertidumbre sobre su futuro.

El episodio, que ocurrió durante la madrugada del domingo, dejó una estampa de casas destrozadas, calles intransitables y una comunidad dispersa, marcada por el impacto de abandonar, en minutos, todo lo que habían construido durante años.

La escena se repitió una y otra vez: familias saliendo de sus casas con lo puesto, algunas solo con documentos y algo de ropa, otras apretando en brazos a sus mascotas, como si ese último lazo pudiera sostener algo del pasado. El fenómeno se desató cerca de las 00:15, acompañado por un corte del suministro eléctrico que sumió a la zona en la penumbra, mientras las grietas avanzaban sobre paredes y pisos.

La historia de un joven que descendió de la zona de riesgo abrazado a su perro quedó grabada en la memoria colectiva. “Volví solo por el perro”, confesó al portal ADN Sur. Durante la tarde siguiente, equipos de voluntarios de Defensa Civil y vecinos, coordinados por el secretario de Control Urbano y Operativo municipal, Miguel Gómez, organizaron un operativo en la calle Cerro Dragón para rescatar a cerca de 20 animales que habían quedado atrapados en los patios y viviendas evacuadas. “Nadie se olvida de sus perros”, resumió uno de los rescatistas, mientras los reencuentros entre dueños y mascotas aliviaban, aunque fuera en parte, la angustia de la pérdida material.

Vecinos salieron de sus casas con lo puesto y el corte de servicios básicos complicó aún más la emergencia

El daño estructural se expandió rápidamente. La Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas, liderada por Fernando Ostoich, confirmó que el desplazamiento del talud afectó aproximadamente 1.500 metros, arrasando hogares, calles y accesos, y dejando a la mayoría de las casas inhabitables.

“No se puede volver. No es como una inundación, que baja el agua y uno vuelve. Aquí ya no hay vuelta atrás, no hay forma de reconstruir ni de regresar porque es muy peligroso”, relató Jorge, uno de los damnificados, en diálogo con TN. El corte de servicios básicos, sumado a las roturas de cañerías de gas y agua, incrementó la vulnerabilidad y forzó a los evacuados a alojarse en instalaciones municipales como el Club Talleres y el Hotel Deportivo.

Equipos de rescate y voluntarios coordinaron el salvataje de animales que quedaron atrapados en viviendas evacuadas (Fotos: ADN Sur)

La magnitud del desastre superó antecedentes recientes en la región. El municipio desplegó un operativo de seguridad y vigilancia que permanece activo las 24 horas, con monitoreo diario del terreno y relevamientos casa por casa. Desde el primer desplazamiento registrado el 18 de diciembre, Defensa Civil y equipos técnicos municipales mantienen una vigilancia sistemática sobre la zona, especialmente sobre las redes de gas, agua y cloacas.

Las autoridades sellaron acuerdos con el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) y la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB) para realizar estudios técnicos del suelo y monitoreo geológico permanente.

Informes oficiales desaconsejaban construir en la zona debido al riesgo de deslizamientos y materiales removidos

Las advertencias sobre la inestabilidad del cerro Hermitte no eran nuevas. Un informe técnico firmado hace 24 años por el SEGEMAR había señalado la presencia de materiales removidos naturalmente y el riesgo de movimientos de ladera en el sector.

De acuerdo al “Estudio de Peligrosidad Geológica en el Barrio Sismográfica”, los expertos recomendaron restringir la expansión urbana, evitar movimientos de terreno y establecer un sistema de alarma y monitoreo permanente. No obstante, la urbanización avanzó sobre la ladera, incrementando la presión sobre un sustrato vulnerable a hundimientos y deslizamientos.

La declaración de emergencia geológica y urbanística habilitó el monitoreo permanente y la asistencia a adultos mayores y personas con discapacidad

En medio del desarraigo y la angustia, la atención se volcó también sobre los proyectos sociales afectados. El Centro Barrial Laura Vicuña, perteneciente a Cáritas Diocesana y parte de la red nacional de Hogares de Cristo, quedó atrapado por la inestabilidad del terreno y deberá ser reubicado.

La organización, que acompaña a personas en situación de vulnerabilidad, había inaugurado el espacio en 2020, pero nunca logró funcionar plenamente por el impacto de la pandemia y el deterioro del edificio, agravado por las condiciones geológicas. Desde hace más de dos décadas, los informes oficiales desaconsejaban edificar en la zona, advirtiendo sobre el riesgo permanente de deslizamientos.

El Centro Barrial Laura Vicuña había sido inaugurado en 2020

El municipio de Comodoro Rivadavia, encabezado por el intendente Othar Macharashvili, organizó una reunión de urgencia con los damnificados de Sismográfica para informar sobre la situación y coordinar acciones conjuntas.

Los equipos de Desarrollo Humano y Familia asisten a adultos mayores y personas con discapacidad, mientras que las empresas Camuzzi y la Sociedad Cooperativa Popular Limitada (SCPL) instalaron sensores para monitorear el sistema de gas y habilitaron cortes nocturnos de agua en las zonas críticas. Defensa Civil mantiene habilitados los números de emergencia las 24 horas.

El Consejo Deliberante declaró la emergencia geológica y urbanística por 90 días, con el objetivo de tomar medidas para mitigar los riesgos derivados de la inestabilidad del suelo.

El futuro de los barrios afectados quedó atado a los resultados de los estudios técnicos y a la posibilidad de relocalizar a las familias. Entre tanto, la comunidad afronta la pérdida total y la reconstrucción de sus vidas, aferrada a pequeños gestos de solidaridad y a la compañía de sus animales, convertidos en símbolo de resistencia en medio del desastre.

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