Una nave china en Río de Janeiro y el avance silencioso de la cooperación militar entre Lula da Silva y Xi Jinping

Una nave china en Río de Janeiro y el avance silencioso de la cooperación militar entre Lula da Silva y Xi Jinping

El buque hospital chino Silk Road Ark.

La alarma se encendió el pasado mes de septiembre, cuando la embajada china en Brasil solicitó al Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño, el Itamaraty, la autorización para que un buque del Ejército Popular de Liberación (EPL), es decir, de las fuerzas armadas chinas, atracara en el puerto de Río de Janeiro. La solicitud fue presentada el 15 de septiembre sin especificar el motivo del atraque y aclarando que no estaban previstas actividades de investigación ni el uso de equipos de transmisión radioeléctrica. En su perfil de X, el Consulado General de China en Río de Janeiro afirmó que el buque ofrece “intercambio de conocimientos, entrenamiento conjunto y actividades culturales”. La Silk Road Ark, nombre de la embarcación identificada con el número 867, llegó así el pasado 8 de enero a Río de Janeiro, desde donde partió el 15 de enero. Oficialmente, para las autoridades chinas se trata de un buque hospital “de esperanza y mensajero de paz”, que participa en la Misión Armonía 2025, una misión humanitaria lanzada por China en septiembre pasado. Durante 220 días de navegación se planificaron escalas en 12 países, entre ellos Papúa Nueva Guinea; las islas del Pacífico Nauru, Fiyi y Tonga; y posteriormente en América Latina, en México, Jamaica, Barbados, Brasil, Perú, Chile y Nicaragua. Todos estos países se han adherido a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, excepto México y Brasil, pese a que este último es uno de los principales socios comerciales de China en la región. Según datos oficiales chinos, el buque ha realizado miles de consultas y operaciones en el Pacífico Sur, ya que cuenta con 14 departamentos clínicos y 7 unidades auxiliares de diagnóstico que le permiten llevar a cabo más de 60 tipos de procedimientos médicos, entre ellos cirugía general, ortopedia, obstetricia y ginecología. También dispone de un helicóptero propio para el transporte de pacientes.

Sin embargo, en la solicitud de autorización presentada ante el Itamaraty, a la que tuvo acceso Infobae, no se especifica que la Silk Road Ark forme parte de una misión humanitaria. Brasil, además, es autosuficiente desde el punto de vista humanitario gracias al Atlantic Multipurpose Aircraft Ship, su mayor buque de guerra, que puede utilizarse también como plataforma de apoyo humanitario, búsqueda y rescate, como ya ocurrió durante las inundaciones en Rio Grande do Sul. La Silk Road Ark, que por primera vez realiza misiones fuera del Pacífico Sur, navega frente a las costas de América Latina al mismo tiempo que una fuerte presencia de buques estadounidenses en el mar Caribe, desplegados para combatir el narcotráfico y como apoyo a la operación militar que condujo a la salida de Nicolás Maduro de Venezuela. Para los expertos, su presencia en un momento tan delicado y complejo para América Latina podría interpretarse como una demostración de poder o, peor aún, como un intento de monitorear de cerca, desde el punto de vista militar, lo que ocurre no lejos de las costas venezolanas y del Caribe.

La llegada de la Silk Road Ark a Río de Janeiro coincidió también con la llegada al puerto de Suape, en Pernambuco, en el noreste del país, de un buque de investigación estadounidense, el NOAA Ronald H. Brown, autorizado a operar en aguas brasileñas hasta el próximo 21 de enero, según lo publicado en el Diario Oficial del gigante sudamericano. Ese mismo sábado, además, inició una operación científica frente a las costas de Valparaíso, en Chile, el buque de investigación chino Tan Suo Yi Hao, propiedad del Instituto de Ciencias e Ingeniería del Mar Profundo (IDSSE) de la Academia China de Ciencias (CAS). El objetivo declarado es descifrar los secretos de los 8.000 metros de profundidad de la Fosa de Atacama, pero el problema radica en que el buque transporta el submarino Fendouzhe, capaz de sumergirse en las mayores profundidades del océano y señalado como un buque espía por expertos y autoridades de varios países. En Australia, las autoridades sospecharon que seguía la ruta de un cable submarino clave para la economía y la infraestructura del país.

Solicitud de la Embajada de China en Brasil para el atraque del buque Silk Road Ark en Río de Janeiro.

El doble uso civil y militar de los buques y de las operaciones chinas es un problema bien conocido por los analistas de todo el mundo, incluso en el ámbito de los buques hospitalarios, cuyo ecosistema incluye al menos 17 embarcaciones. La Marina del Ejército Popular de Liberación (PLAN) opera 13 de ellas, mientras que el sector estatal de construcción naval ha desarrollado al menos cuatro buques hospital civiles para clientes nacionales y extranjeros. La Silk Road Ark, lanzada en 2023, es el buque gemelo del más antiguo Peace Ark. En su primera misión médica, en 2024, fue utilizada para apoyar a las tropas del EPL desplegadas en las islas ocupadas del mar de China Meridional, las Paracel y las Spratly, en una estrategia que utiliza la diplomacia sanitaria también como herramienta de afirmación de soberanía, un aspecto especialmente sensible para las aguas latinoamericanas dada la actual situación de Venezuela.

Fuentes de Brasilia revelaron a Infobae el temor a posibles actividades de espionaje de la Silk Road Ark en el país latinoamericano, debido al elevado número de sensores, antenas y sistemas de radar a bordo, visibles incluso desde tierra. Además, la tripulación está compuesta por 389 personas, entre militares y médicos, en su mayoría militares de la Universidad Médica Naval china. Durante la escala en Brasil no era posible ingresar al buque sin autorización, y el nivel de control general era muy elevado, como suele ocurrir en buques militares. Asimismo, según el diario Gazeta do Povo, despertó sospechas el hecho de que a médicos del Consejo Regional de Medicina del Estado de Río de Janeiro (CREMERJ) se les impidiera realizar una inspección completa de la nave. En el plano institucional, según Poder360, el ejército chino organizó una serie de eventos para reforzar los vínculos entre la tripulación de la Silk Road Ark y la Marina brasileña, entre ellos visitas de cortesía e incluso un partido de fútbol en el Centro de Educación Física Almirante Adalberto Nunes, en Río de Janeiro.

La cooperación militar entre Brasil y China, de hecho, nunca había sido tan intensa. El pasado diciembre, una alta delegación de la Marina del Ejército Popular de Liberación (PLAN) visitó el Centro de Doctrina del Ejército brasileño, el núcleo estratégico que define las directrices de la fuerza terrestre. Entre los temas discutidos figuró el Proyecto Combatiente Brasileño (COBRA), una iniciativa destinada a modernizar el equipamiento individual de los soldados del Ejército brasileño y, de manera más amplia, las prioridades estratégicas de la fuerza. Este episodio se inscribe en un contexto más amplio de fortalecimiento de las relaciones bilaterales. En el segundo trimestre de 2025, el gobierno brasileño, por primera vez en su historia, designó mediante el Decreto 12.480/2025 a dos generales para residir en China como agregados militares. Hasta entonces, ese estatus solo había sido concedido a Estados Unidos. El gesto más simbólico, sin embargo, se produjo en 2024, cuando infantes de marina chinos participaron por primera vez en la Operación Formosa, tradicional ejercicio de la Marina brasileña. En el evento también participaron tropas estadounidenses, pero la presencia del Ejército Popular de Liberación (EPL) atrajo la atención internacional. Un total de 32 militares chinos tomaron parte en las maniobras, junto a 3.000 brasileños y 63 marines estadounidenses.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, habla en una conferencia de prensa en Pekín, China. REUTERS/Tingshu Wang

Además, según el Center for Strategic and International Studies (CSIS), entre 2022 y 2025 se realizaron 97 intercambios militares con 18 países de la región, y Brasil fue uno de los principales destinos. Mientras tanto, la empresa militar estatal china Norinco ha mostrado interés en crear una planta en el estado de Bahía, y el gobierno chino busca involucrar a Brasil en áreas sensibles como misiles, radares y satélites, ampliando un programa espacial que existe desde hace dos décadas y que incluso ha despertado interés de Pekín por la base espacial de Alcântara, en el estado de Maranhão.

El pasado diciembre, China y Brasil iniciaron oficialmente la construcción del Laboratorio Conjunto China-Brasil para Tecnología Radioastronómica, según anunció la empresa estatal china CETC (China Electronics Technology Group Corporation). El acuerdo involucra al Instituto de Investigación en Comunicaciones de Red de CETC junto con las universidades federales brasileñas de Campina Grande y Paraíba. El laboratorio se centra en investigaciones avanzadas en radioastronomía, observación astronómica y exploración del espacio profundo, y está estrechamente vinculado al radiotelescopio BINGO (Baryon Acoustic Oscillations from Integrated Neutral Gas Observations), el mayor de América del Sur. La estructura principal, un telescopio de 40 metros de ancho, fue completada en China en junio de 2025 y enviada desde el puerto de Tianjin a Brasil. El ensamblaje final está en curso en la región de Paraíba y su finalización y puesta en funcionamiento están previstas para este año. El interés chino en los radiotelescopios genera preocupación por el riesgo de un uso militar de estas infraestructuras. Por eso dos proyectos de telescopios chinos en Chile y Argentina ya fueron congelados durante la administración de Donald Trump.

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