
Panamá incorporó por primera vez a su sistema público de educación superior una Licenciatura en Ciencias Aeronáuticas, una iniciativa que busca elevar el perfil académico de los pilotos comerciales y responder a la creciente demanda de personal especializado que enfrenta la industria aérea a nivel mundial.
El programa, impulsado por la Unión Panameña de Aviadores Comerciales (UNPAC) en alianza con la Universidad de Panamá, marca un punto de inflexión en la formación de aviadores en el país, tradicionalmente concentrada en escuelas técnicas y centros privados.
La nueva licenciatura se desarrollará desde la Facultad de Ingeniería y está dirigida a pilotos en ejercicio y a futuras generaciones interesadas en una formación integral.
Para Ilma Velázquez, secretaria general de UNPAC, el lanzamiento de esta carrera representa “un hito histórico” para la aviación panameña y regional.
Sostuvo que se trata de un antes y un después para el sector, al permitir que una profesión altamente técnica cuente con una base académica universitaria sólida, alineada con los estándares internacionales de seguridad, excelencia operativa y competitividad que exige la industria.

Velázquez subrayó que el impacto va más allá del plano académico. A su juicio, la licenciatura abre un abanico de oportunidades profesionales, al preparar a los pilotos no solo para operar aeronaves, sino también para asumir responsabilidades estratégicas y de liderazgo en un entorno cada vez más complejo y regulado.
“La industria aeronáutica se caracteriza por la excelencia y la seguridad. Estar a la altura de esas exigencias hoy es una necesidad, no una opción”, señaló.
El diseño del plan de estudios apunta precisamente a ese objetivo. Además de las competencias técnicas propias del vuelo, el programa incorpora materias vinculadas a seguridad y navegación aérea, facilitación de la aviación, economía aeronáutica, gestión ambiental, innovación tecnológica, inteligencia artificial y automatización.
Según la información del sector, esta estructura busca formar profesionales con una visión más amplia del ecosistema aeronáutico y del rol estratégico que cumple la aviación en la economía.
Desde el gremio explican que uno de los principales motivadores para elevar la carrera a nivel de licenciatura fue la necesidad de complementar años de experiencia operativa con conocimientos en áreas poco exploradas por los pilotos, como gestión, regulación, políticas públicas y administración.
La meta, de acuerdo con UNPAC, es que los propios aviadores puedan convertirse en formadores de futuras generaciones y participar con mayor peso técnico en la discusión del desarrollo aeronáutico del país.

En el mediano plazo, el proyecto académico contempla la incorporación de programas de posgrado, entre ellos una maestría en aeronáutica o aviación, con el fin de fortalecer aún más la profesionalización del capital humano vinculado a la industria aérea.
En el ámbito laboral, la licenciatura amplía el campo de acción de los pilotos más allá de las cabinas. Para UNPAC, la formación universitaria facilitará el acceso a cargos gerenciales dentro de aerolíneas, empresas de carga, autoridades regulatorias y administraciones aeroportuarias, en un momento en que Panamá busca sostener su papel como plataforma regional de conectividad.
El debate sobre formación también se conecta con un problema de fondo: la escasez de talento aeronáutico. El director de la Autoridad Aeronáutica Civil (AAC), Rafael Bárcenas, advirtió que la industria global necesitará 1.5 millones de profesionales en los próximos 10 años, y que Panamá no está al margen de esa presión.
“Panamá no escapa de esa estadística”, afirmó, al señalar que existe la posibilidad de que alrededor de 50 nuevas aeronaves se incorporen al mercado local en el futuro cercano.

Bárcenas estimó que, si el país logra capitalizar oportunidades en carga aérea y mantenimiento de aeronaves, el sector podría estar empleando entre 4,000 y 5,000 profesionales adicionales en la próxima década.
Sin embargo, aclaró que ese crecimiento dependerá directamente de la capacidad del país para formar y financiar talento, en una industria donde los costos de entrenamiento siguen siendo una barrera de entrada.
Sobre los planes para impulsar la capacitación, Bárcenas sostuvo que el foco está en incentivar a las nuevas generaciones a estudiar carreras afines a la aviación y en asegurar mecanismos de financiamiento.
Dijo, la autoridad seguirá promoviendo el interés por la aviación y mantendrá gestiones para que existan recursos disponibles para esos estudios.
El funcionario también reconoció que Panamá enfrenta un déficit de mano de obra calificada. “Sí, claro. Siempre va a existir”, respondió al ser consultado sobre la escasez, y precisó que el país no genera suficientes pilotos cada año para cubrir la demanda, por lo que se ve obligado a recurrir a personal extranjero.

Añadió que la situación ha mejorado de manera sustancial en los últimos 15 años, pero insistió en que el reto está en ampliar la disponibilidad de fondos a través de préstamos, becas u otros mecanismos que permitan que más personas accedan a la educación técnica.
Con la nueva licenciatura, Panamá busca consolidar su condición de hub aéreo y, al mismo tiempo, cerrar una brecha estructural: formar personal suficiente para sostener el crecimiento de la industria.
La apuesta combina un componente académico inédito en el sistema público, la necesidad de financiamiento accesible y una realidad que el mercado ya empuja: sin talento especializado, el crecimiento aéreo se queda sin pilotos, sin controladores y sin técnicos para mantener las aeronaves en operación.

