
El régimen cubano confirmó este domingo la aprobación de “planes y medidas” para declarar el “Estado de Guerra”, en respuesta al clima de tensión con Estados Unidos tras la reciente operación militar en Venezuela que culminó con la captura del dictador derrocado Nicolás Maduro.
Sin aportar detalles concretos, los medios de propaganda del régimen indicaron que el Consejo de Defensa Nacional activó el aparato de emergencia en cumplimiento de lo que denomina “Guerra de todo el pueblo”.
La estrategia, inspirada en una doctrina militar de los años ochenta bajo el mando de Fidel Castro, implica la movilización general de la población y el refuerzo de la estructura militar para enfrentar lo que el régimen considera una “posible agresión externa”. El anuncio se produce en medio del luto oficial por la muerte de 32 militares cubanos durante la intervención estadounidense en Caracas, cuyas consecuencias han intensificado la retórica confrontativa de la dictadura de La Habana.
Durante la última semana, el régimen de Miguel Díaz-Canel ha endurecido su discurso contra Washington. Vestido con uniforme militar, el dictador cubano participó en actividades públicas reservadas para estados de guerra o emergencia. “No hay rendición ni claudicación posible”, declaró Díaz-Canel en un acto oficial, negando la posibilidad de cualquier concesión política con Estados Unidos.

El régimen organizó ejercicios militares que incluyeron simulacros de emboscadas, instalación de minas y técnicas de defensa, según reportes oficiales. La dictadura de La Habana presentó estos ejercicios como parte del “Día de la Defensa”, una jornada destinada supuestamente a “perfeccionar el nivel de preparación y cohesión” de los órganos de dirección y del personal militar.
El trasfondo de la declaración bélica está marcado por el deterioro de la relación entre Washington y La Habana. Desde la captura de Maduro y la muerte de militares cubanos en Venezuela, el régimen cubano ha intensificado los ataques verbales contra Estados Unidos y ha intentado movilizar a la población mediante actos de reafirmación y marchas de corte nacionalista.
La narrativa oficialista insiste en que Cuba no hará “ninguna concesión política” bajo presión o amenaza, reafirmando la estrategia de confrontación. Díaz-Canel aseguró: “No nos gusta, como dijo Fidel, que nos amenacen. No van a intimidarnos”. La retórica repite patrones de la Guerra Fría, recurriendo a símbolos y discursos de resistencia, mientras la isla sigue aislada internacionalmente y enfrentando una crisis económica estructural.

En paralelo, desde Washington, la administración de Donald Trump ha dejado claro que Cuba no recibirá más dinero ni petróleo de Venezuela, señalando que durante años la isla ha dependido del régimen chavista para sostener su aparato represivo. Trump advirtió que el tiempo de los privilegios terminó y responsabilizó a la dictadura cubana de garantizar la seguridad de Maduro y Chávez a cambio de recursos estratégicos.
Mientras el régimen insiste en la movilización nacional y en la retórica militarista, la población cubana enfrenta una profunda crisis social y económica, agravada por el aislamiento y la falta de libertades. El anuncio de un “Estado de Guerra” constituye un nuevo capítulo en la política de tensión permanente que caracteriza al régimen cubano, que utiliza la confrontación como herramienta para aferrarse al poder y silenciar el descontento interno.
(Con información de EFE)

