El Registro Civil de Santa Fe fue escenario de un casamiento poco común en la mañana del martes 13 de enero, cuando Gabriela y Mariano formalizaron su unión en medio de un corte de luz que sorprendió a todos los presentes. La jornada, cargada de simbolismo y emociones, reunió a familiares y amigos de la pareja, que lejos de dejarse afectar por la falta de electricidad y el calor, celebraron con entusiasmo y alegría. El evento coincidió además con el cumpleaños de la novia y marcó el cierre de dos décadas de convivencia para ambos.
La elección de la fecha no fue casualidad ni producto de una agenda apretada. Para la pareja, el martes 13 posee un significado especial: fue en esa fecha cuando se conocieron, y también un 13 de enero, cuando Mariano se declaró a Gabriela, según relataron los protagonistas a los medios que cubrían en el lugar. La boda resultó así un homenaje personal y familiar, más allá de los mitos y supersticiones que suelen rodear a este día en la cultura popular argentina.
El corte de energía eléctrica, que se produjo minutos antes de la ceremonia, generó una atmósfera singular. Sin micrófonos ni ventiladores y bajo el calor intenso de enero, la pareja decidió seguir adelante con el acto civil. Los asistentes, entre sonrisas y comentarios incrédulos, acompañaron el momento, que quedará marcado en la memoria de todos. La jueza que ofició la ceremonia reconoció la inusualidad del contexto, mientras la familia respondía con humor y complicidad.
Lejos de inquietarse por la coincidencia entre la fecha y el apagón, Gabriela y Mariano insistieron en el valor positivo que le otorgan al martes 13. “Para nosotros es un día más, un día de suerte”, en un fragmento del testimonio que publicó El Litoral. La pareja, que convive desde hace veinte años y comparte tres hijos —Luz, Juan y Lucas, de 16, 9 y 8 años respectivamente—, había recibido pedidos de sus hijos para formalizar la unión. “Los chicos pedían, pedían: ‘¿Cuándo te vas a casar, má?’”, relató Gabriela, quien resaltó la importancia que la boda tiene para la familia.

El proceso que llevó a la elección de la fecha estuvo cargado de gestos significativos. Mariano recordó que la decisión se gestó un año antes, cuando invitó a Gabriela a elegir un anillo en una joyería, sin que ella supiera que ya había reservado el turno para la ceremonia. “Recién después cayó la ficha: ese 13 también era martes”, explicó Mariano ante los cronistas en el lugar. La coincidencia terminó de sellar la fecha elegida y le dio un valor simbólico adicional al evento.
El matrimonio fue, para la pareja, una forma de reafirmar el camino recorrido y proyectar el futuro junto a sus hijos. “Es formalizar lo que somos y mostrarles a nuestros hijos que apostamos a la familia y al amor”, explicó Gabriela, emocionada en una frase recogida por Aires de Santa Fe. La celebración no se limitó al acto civil, sino que incluyó una pequeña escapada posterior, “unos días sin niños”, según anticipó la novia.
La historia común de Gabriela y Mariano se remonta a casi tres décadas atrás. Fueron novios cuando ella cumplía 15 años, luego siguieron caminos distintos y, hace veinte, se reencontraron para formar la familia que hoy comparten. “Después cada uno hizo su vida y hace 20 años nos volvimos a juntar y formamos la familia”, relató Mariano al diario santafesino. El casamiento representó, así, la culminación de una etapa y el inicio de otra para ambos.
Durante la ceremonia, la pareja mostró una actitud distendida y optimista, aún ante la adversidad del corte de luz. “No hay que tener miedo ni nada. Es lindo, es algo que a ella le gusta también”, remarcó Mariano. Recalcó que la idea de casarse había surgido como una manera de hacer feliz a Gabriela y consolidar el proyecto común. Para ellos, la fecha, lejos de cualquier temor, es sinónimo de buenos recuerdos y motivos para celebrar.
En una ciudad donde ese día solo se registró un casamiento, el acto protagonizado por Gabriela y Mariano quedó como una postal diferente: la de una pareja que apostó por su propia historia, desafiando supersticiones y sumando una anécdota imborrable a su vida en común.

