
Alexandre Dumas y Auguste Maquet combinaron rumores, relatos apócrifos y figuras de la corte europea para moldear a la espía que inspiró a uno de los personajes más complejos de la novela. El enigma sobre la identidad real de Milady de Winter ha fascinado tanto a estudiosos como a lectores desde la publicación de Los tres mosqueteros.
Su papel central en el episodio de los diamantes de la reina plantea dudas sobre cuánto de su figura y de sus acciones proviene de personajes históricos y cuánto es fruto de la imaginación del autor. De acuerdo con la investigación de Josephine Wilkinson para BBC History Magazine, en la obra, Milady de Winter se presenta como una mujer seductora y de intenciones calculadas, cuya presencia representa una amenaza constante para D’Artagnan y los mosqueteros.
El episodio de los pendientes de diamantes la sitúa en el centro de la acción: la reina Ana de Austria, joven y desatendida por Luis XIII, recibe del duque de Buckingham una joya valiosa que el rey le había entregado originalmente. El cardenal Richelieu, decidido a comprometer la reputación de la reina, le encomienda a Milady la misión de viajar a Inglaterra para recuperar dos de los pendientes.

Mientras Richelieu conspira para que la reina exhiba las joyas en un baile, Ana descubre que faltan dos diamantes. Ante la urgencia, recurre a su costurera, Constanza, quien confía la misión a D’Artagnan y los mosqueteros. Finalmente, solo D’Artagnan logra alcanzar Londres, donde Buckingham detecta el robo y lo atribuye a Milady. El duque manda fabricar dos réplicas y, gracias al rápido retorno de D’Artagnan, las joyas llegan a tiempo para preservar el honor de la reina y frustrar el plan de Richelieu.
La construcción literaria de Milady de Winter y este episodio se relacionan con diversas fuentes que Dumas consultó antes de escribir su obra. Una de las principales fue las “memorias apócrifas” de M. d’Artagnan, publicadas por Gatien de Courtilz de Sandras en 1700. Tras analizar estos relatos, Dumas adaptó varios elementos para su novela.
En esas memorias, Milady solo aparece mencionada como “Milady”, sin un nombre concreto, y se la describe como dama de honor de Enriqueta María, reina de Inglaterra, vinculada a la protagonista durante el exilio en Francia. No se menciona el episodio de los diamantes, aunque Dumas halló inspiración en otras memorias y relatos indirectos sobre las cortes francesa e inglesa, como el Recueil A.

Entre los nombres asociados en la investigación histórica destaca el de Lucy Hay, condesa de Carlisle, nacida en 1599, hija de Henry Percy y Dorothy Devereux. Sus lazos aristocráticos la acercaron al poder desde joven, especialmente tras casarse con James Hay, quien ascendió de vizconde a conde de Carlisle. Mientras James permanecía fuera, Lucy mantuvo una relación con George Villiers, duque de Buckingham. Su influencia en la corte aumentó cuando fue nombrada Dama de la Cámara de la reina, lo que le permitió actuar como agente y participar en intrigas políticas de alto nivel.
La viudez marcó una etapa decisiva para Lucy, que asumió el espionaje con mayor autonomía. Durante la Guerra Civil inglesa, fue encarcelada en la Torre de Londres. Entre sus acciones más recordadas se encuentra haber advertido a John Pym de un intento de arresto por parte del rey Carlos I, lo que permitió la huida de varios parlamentarios.
El análisis en paralelo de la trayectoria de Milady de Winter y Lucy Hay revela importantes similitudes. Ambas compartieron ambición y habilidad para maniobrar en entornos dominados por hombres. Milady, antigua monja y luego agente de Richelieu, utilizó la seducción y la traición; Lucy aprovechó sus relaciones y su posición para ascender y ganar influencia en la corte.

Ambas fueron viudas: Milady perdió a un esposo ficticio asesinado, Lucy enviudó tras la muerte natural de James Hay. Ambas actuaron como agentes o espías y sufrieron encarcelamiento. Sus finales, sin embargo, difieren: Milady fue ejecutada, mientras que Lucy murió en la vejez.
Las diferencias también resultan claras. Milady vivió al margen de la estructura cortesana, con una existencia marcada por la clandestinidad y el castigo; Lucy, en cambio, conservó su posición en la nobleza y el reconocimiento social hasta sus últimos años.
Además, el episodio central de los pendientes de diamantes, fundamental en la ficción, no tiene un equivalente concreto en la vida de Lucy ni en documentos históricos. La mayoría de los relatos sobre los diamantes proviene de fuentes indirectas, rumores o interpolaciones posteriores, como las memorias del conde de Brienne y el Recueil A. En esos textos, la ladrona aparece como Lady Clarik, probable distorsión del nombre de Lady Carlisle, sin constancia documental.

La identificación de Milady con Lucy Hay responde más a la fascinación por las leyendas románticas y políticas que a pruebas documentales. Aunque los ambientes cortesanos compartieron nombres y tramas, la diferencia de carácter y destino entre ambas supera las coincidencias. Las memorias de época ofrecen interpretaciones diversas, pero prevalece la idea de que Dumas y Maquet tomaron elementos dispersos y relatos apócrifos para crear un personaje con tintes realistas, pero esencialmente ficticio.
La leyenda del “asunto de los diamantes” creció con el tiempo, impulsada por rivalidades políticas y cortesanas, especialmente entre Buckingham y los Carlisle. El único documento oficial sobre joyas entre los protagonistas señala que Luis XIII regaló en 1625 a Buckingham un círculo de diamantes, sin relación oculta ni romántica con la reina. Historias sobre diamantes que caían al suelo al caminar estimularon la imaginación colectiva y acabaron asociando a Lucy Hay, Buckingham y los codiciados pendientes en la memoria literaria.
Así, la impronta de Milady de Winter es inseparable de la creación literaria y del deseo social de encontrar conexiones misteriosas entre la ficción y la realidad histórica. La fusión entre mito y documento alimentó uno de los enigmas más perdurables de la literatura europea.

