Jorge Martín Bossi, actor, humorista e imitador argentino, nació en Lomas de Zamora el 16 de octubre de 1974. Antes de dedicarse por completo al espectáculo trabajó como profesor de tenis y estudió Comunicación Social en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.
Con una carrera que abarca la televisión, el teatro y el cine lleva más de dos décadas construyendo una carrera marcada por la versatilidad. Desde sus primeras apariciones en televisión hasta sus exitosos unipersonales, hizo de la reinvención una marca personal.
Detrás del personaje histriónico, Bossi también atravesó momentos de profunda introspección. En esta entrevista habló sobre su relación con el amor, la búsqueda de la felicidad y los desafíos que tuvo en su vida personal y a lo largo de su carrera.

Actualmente, el artista protagoniza La cena de los tontos, la icónica comedia francesa que volvió a los escenarios argentinos con gran éxito. En esta nueva etapa, Bossi demuestra una vez más su talento para la actuación y reafirma su vigencia sobre las tablas, mientras continúa conquistando al público con un recorrido que combina humor, emoción y una constante búsqueda artística.
Acá, lo más destacado de la entrevista:
“Estuve muy mal, sin muchas ganas de vivir”
— A los 39 años tuve, como le digo yo, un “ACV espiritual”. Caí de la muerte de mi viejo, caí de que había hecho mi carrera a base de la mentira, en el sentido de me disfrazaba para decir la verdad. Y me había separado de una novia. No quiero usar la palabra “depresión”, porque quiero ser respetuoso, pero estuve muy mal, muy mal. No muchas ganas de seguir, de vivir. Me costaba seguir. Estaba devastado. Le pedí, por favor a Dios, para que hable con mi papá porque no sabía cómo seguir. “Por favor, ayudame, acompañame, porque no sé si salgo”. Estaba muy oscuro el tema. Le pedí a mi papá: “Voy a actuar”. Cuando termino, se acerca una mujer y me dice: “¿Podemos charlar? Te vi muy mal, Martín. Y vi a alguien cerca tuyo”. “¿Cómo?” “Sí. ¿Qué persona que no tenés tiene estas características? Hay un señor canoso, bronceado, musculoso, con piernas marcadas. Con polvo de ladrillo en las piernas”. Era mi viejo. O sea, me describió a mi viejo.
Yo ya no me reía y la mujer me dice: “Tenés que reírte. No te reís más, ¿no, Martín?” Y voy a un bar y no lo olvido nunca. Viene un chico, me deja una estampita y se va. El chico tenía una mirada muy especial. Vuelve, me pide un autógrafo y me dice: “Vos estás triste. Y yo te estaba esperando”, me dice. “Te estaba esperando hace mucho tiempo”, me dice el pibe. Y me miraba. “Pero bueno, viste, caíste ahora. Ahora caíste. Te viniste acá a este bar y yo te estaba esperando”. Se va el pibe. Hago así. Una estampita de la Virgen de la sonrisa. Yo a partir de ahí, a los 40 empecé a ser feliz realmente.
“Sigo pensando en que voy a encontrar al amor de mi vida”
—Me voy de acá y sigo pensando que en la esquina voy a encontrar el amor de mi vida. Uno tiene varios amores de la vida.
—No, no tiene varios amores de la vida.
—¿Vos lo encontraste ya
—No.
—¿Lo estás buscando todavía
—Yo sí, yo creo que todavía no me amaron como amo yo. Por eso no me rindo. He ido teniendo maridos, novios, todo…
—¿Cómo querés que te amen?
—Como yo, al ciento por ciento.
—Yo creo que el amor no es de una manera. Yo he sido un… gran fabulador en el amor. No era un tipo valiente para enfrentar a mis amores y decir: “Yo quiero vivir el amor así”. Así como aquellos que dejan el alcohol, las drogas o el juego, yo dejé la mentira… Y cuando empecé a decir la verdad me quedé muy solo. Yo he sido infiel, Caro. Yo decía amar de una manera y después, por atrás, claro, la vieja historia. O sea, tampoco…
—Cuando empezás una relación nueva, ¿le decís “Mirá que yo puedo ser infiel”?
—No, no. Yo he tenido relaciones abiertas en el sentido de que la fidelidad pasaba por tener ciertos límites. Sexualmente cada uno por su lado, no hay que enamorarse.
—Ah, era un horror. O sea, arrancar así. Para un romántico es como…
—No, no, pero… Si hoy me enamoro y ese amor requiere de exclusividad, yo no me pierdo un amor por esa puta costumbre.
—Entonces es bastante flexible lo tuyo.
—Soy flexible, sí.
—¿Qué te tira más, una relación monógama o una relación abierta
—Es que no es lo que “me tira más”, ¡es la persona! No lo plantearía, no vendría con ese cuento, porque amo y no quiero perder.
—Pero, ¿lo podés sostener después?
—Sí, ¡porque hay un momento que ya está!
“Hoy me gustaría tener una familia”
—¿Te gustaría tener tu familia
—Sí, hoy sí.
—¿Y por qué hoy sí y antes no?
—Porque no era prioridad. Y porque a los cuarenta o a los treinta y cinco era un pibe que venía de Lomas de Zamora y, claro… no quiero ser muy explícito. Quería...
—Contame alguna anécdota de una infidelidad que te descubrieron.
—Pasó con una de mis primeras novias de barrio. Y fue la primera vez que fui infiel. Me inicié en la mentira con mucha culpa porque venía de una familia religiosa. Mi novia de barrio, de Lomas de Zamora, lo sospechaba. Yo me fui a Carlos Paz de vacaciones con amigos y estaba esta chica. Pero ella estaba enamorada de un pibe que era profesor de teatro. Nosotros, los chicos de Lomas, teníamos un grupito que no teníamos un mango, pero invitamos a estas chicas a que vengan a un restaurant. No teníamos un mango, entonces les dijimos que vengan comidas. Caen los amigos de este pibe, que algunos eran tarjeteros de un boliche, nos cagan la noche porque estas pibas empezaron a prestarle la atención y empiezan a consumir. Y nosotros, que habíamos invitado…
—Iban a quedar en bancarrota.
—Nos íbamos a sin pagar, que era algo que hacíamos. Viene un locutor en un escenario y había un sistema que en 1994 no se conocía, que se llamaba el karaoké. Dice: empezamos con el karaoké, los ganadores de cada mesa tienen free pass durante un mes. Todas las noches. Claro, cuando dijeron así, me miraron los pibes: «Negro, andá al escenario a hacer lo que ya sabés». Gané el concurso, invitación para todos. Nos vamos del lugar ese y este pibe, que era profesor de teatro, me dice: “Mirá, yo sé que a vos te gusta mucho la piba que está conmigo. No me caés bien, pero no puedo evitar decirte que tenés que estudiar teatro. No es normal lo que acabo de ver”. Y me da un teléfono que decía EFA, Escuela de Formación Actoral. Entonces, yo me anoto “EFA”, el teléfono y me lo guardo en el jean. Un día me voy a dar un baño a la casa de esta chica y me revisa el jean. Y cuando salgo me dice: me estás engañando. Cosa que era verdad, porque ya la otra chica me había dado bola. Y cuando le estoy por confesar la verdad de quién estaba enamorado y que sí, que estaba saliendo con dos chicas a la vez, ella me dice: “¿Quién es “EFA”?”. Llama y le dicen “Escuela de Formación Actoral”. “Ah, disculpame”. Esta chica me deja. Decidimos cortar la relación y yo empiezo a tener una relación con la otra chica. Y cuando voy caminando por San Telmo de la mano de ella, hago así y veo un cartel: Escuela de Formación Actoral. Hoy, final de la inscripción.
—¡Wow, es el efecto mariposa!
—Voy y entro y estaba Víctor Laplace, y me dice: “¿Qué querés?» Le digo: “Quiero estudiar teatro. Me dice: ”pero si cierra la inscripción ahora y aparte así vestido». “Por favor, una oportunidad”. Así que por un tema de amores, de no mentir y decir la verdad, sin querer empecé a estudiar teatro
“No me gusta hacer contenido con mi vida amorosa”

—No me gusta hacer contenido con mi vida amorosa. Yo tengo reglas. Nunca de la mano por la calle, ¡nunca! No quiero la foto. Trato de ser muy cuidadoso. No quiero compartir con gente desconocida lo que para mí es algo privado. Ahora, me enamoro de Penélope Cruz y Penélope Cruz me da bola…
—Ah, a Penélope sí le das la mano, ¡qué chanta!
—Pero porque no tengo otra, Caro. ¿Qué querés que haga Pero trato de pedirle a Dios de no enamorarme de alguien conocido. Generalmente me he enamorado perdidamente de mujeres que no tienen que ver con el medio.
—¿Y por redes conocés gente?
—Sí, bueno, por supuesto. En los últimos quince años he conocido gente por redes.
—¿Y se pone picante la charla en redes?
—¿A qué niveles?
—No sé, a niveles de sexting, mandar fotos.
—No, no. Soy paranoico. Yo me levanto y me miro en Google…
—¿Y ellas te mandan?
—He recibido. De todo tipo.
—Pero vos tenés que ser generoso. Si te mandan, tenés que mandar algo.
—No, Caro, pero aparte yo no soy Drago. No soy Iván de Pineda. ¿Qué querés que mande, Caro? Vos no me tomés el pelo tampoco. Yo picanteo, me gusta picantear con lo verbal. Si se va dando, inclusive con alguien que tenga un vínculo. Pero esto de “mirá lo que tengo”, ¿Qué es lo que tengo yo? Imaginate… Tengo cincuenta pirulos, no tengo treinta y dos años.
“A los 40 años estaba en mi punto justo”
—A los cuarenta estaba en mi punto, sí, mi punto justo. Toda clase de mujeres de todas las edades se fijan en vos. A los treinta y ocho, para una piba de veinticinco sos opción, lo mismo para una piba de veinticuatro, de cincuenta, de sesenta y cinco, para todas sos opción.
—Esperá, ¿todavía vas a un boliche a las tres de la mañana
—No, ni en pedo.
—Y, pero viste que si salís con una de veinte tenés que ir a boliche.
—No, pero veinte no llego ahí tampoco, no.
—¿Cuál es el límite?
—No hay límites. En ese sentido estoy abierto. Yo no digo: “Ah, tenés veintisiete, me enamoré y no puedo estar con vos porque…”. Siempre que esté dentro de los parámetros normales de lo posible.
—Hoy a la noche llegás a tu casa, ¿y hay alguien esperándote?
—No. No, no hay nadie esperándome, pero uno nunca está solo, solo.
—¿Hay lugar en el placard si la chica llega con su ropita
—No tengo problema, antes le tuve fobia a eso. He llegado hasta el neceser. He llegado hasta el pijama.
—¿Y ahora ¿Hay pijama
—No, pero estoy en busca, Caro.
“La desobediencia es la base del éxito”
—A mis dieciocho pasé a tener una mujer que mantener, que era mi madre, y una hija, que era mi hermana, que era una nena de catorce años. Vos fijate que muere mi papá a los cuarenta y siete años, hace una reunión en la cama y me dice: “Hacete cargo de esta estructura”. No es que me dijo: “Porque sos el más grande”, sino que me dijo “sos el hombre”.
—Estaba escrito que el hombre cuidaba.
—Claro. Entonces, igual me hubiera hecho cargo porque yo era el más grande.

—¿Y ese rol cómo lo viviste? ¿Mucha presión?
—Y mi mamá decía: “Acá hay que estar, es una familia, acá tenemos hambre”. “Eh, querido, la lamparita”. Y yo: “¿Una lamparita ¿Cómo se cambia una lamparita”. Entonces, tuve que salir a dar clases de tenis y cuando mis amigos iban a bailar, yo ya tenía la responsabilidad de una familia que sostener. Y si yo no traía la comida, no se morfaba.
—¿Y en lo afectivo cómo contenías?
—Fue muy violento, porque la ausencia de un tipo que era irremplazable, que aparte cuando partió me dijo en la cara que yo era un fracaso, y mirá que lo amo a mi padre, pero fue muy duro. No podés decirle a un pibe de dieciocho años eso, pero bueno. Y que se reían de mí porque… te tienen lástima, porque sos un buen pibe, pero no se ríen porque imitás bien. Fue muy duro. Lo amo. Dentro de las partidas que tuve en mi vida, mi tía Alejandra y mi tío Omar, yo digo que madre hay dos solas. Una de mis madres era mi tía Alejandra y mi tío Omar. Se murieron en el 2010 y 2014, los dos de una enfermedad dura. Me queda Romancito solo, con catorce años y mi mamá me dice: “El último pedido que te hago, hacete cargo del nene”. Y yo digo: “Pero no me puedo hacer cargo…” Y lo crié. Hoy ese pibe, Román, me maneja todo. Y me di cuenta que en la crianza de Román tengo muchas cosas de mi papá, lo mejor de mi papá. No todas fueron malas de mi viejo. Pero fue muy duro tener que sostener una familia hasta que decidí desobedecer y empecé a a estudiar actuación, a ir a eventos sociales y ahí empezó a entrar la plata.
—Menos mal que desobedeciste.
—Es que yo creo que la desobediencia es la base del éxito.
Mirá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna

