¿Se puede prevenir la demencia

¿Se puede prevenir la demencia

La prevención de la demencia puede actuar sobre factores de riesgo modificables como la hipertensión, la obesidad, la diabetes, la depresión y la inactividad física (Imagen Ilustrativa Infobae)

La pregunta se repite en mi consultorio, en las reuniones familiares y en muchas conversaciones cotidianas: ¿se puede prevenir la demencia?

Durante mucho tiempo, hablar de demencia fue hablar de diagnóstico, tratamiento y cuidado. Pero en los últimos años la ciencia empezó a hacerse otra pregunta igual de importante: qué podemos hacer antes.

Hoy sabemos que el riesgo de desarrollar demencia no depende solo de la edad o de la genética. También está influido por factores que, al menos en parte, pueden modificarse: la hipertensión, la obesidad, la diabetes, la depresión, la inactividad física, el aislamiento social, el tabaquismo, la baja educación, la pérdida auditiva, el consumo excesivo de alcohol y los traumatismos de cráneo, entre otros factores.

Estos factores no pesan igual en todo el mundo. En América Latina, un estudio reciente estimó que alrededor del 54% de los casos de demencia podrían evitarse si redujéramos estos factores de riesgo potencialmente modificables. En Argentina, esa cifra se acerca al 60%. Esto significa algo muy importante: nuestra región tiene una carga enorme, pero también una oportunidad excepcional de prevención.

LatAm-FINGERS evaluó si un programa intensivo de cambios en el estilo de vida podía proteger la memoria y otras funciones cognitivas en adultos mayores (Imagen ilustrativa Infobae)

Además, el perfil del riesgo cambia según el lugar. En América Latina, los factores que más contribuyen son la obesidad, la inactividad física y la depresión. En Argentina, los principales son la hipertensión, la obesidad y la inactividad física. Por eso, si los problemas tienen características propias en cada región, las soluciones también deben pensarse desde cada región.

Ese fue el punto de partida de LatAm-FINGERS.

LatAm-FINGERS es una investigación que estudió si un programa intensivo de cambios en el estilo de vida podía ayudar a cuidar la memoria y otras funciones cognitivas en personas mayores con riesgo aumentado de deterioro cognitivo.

Durante dos años, más de mil adultos mayores de 11 países latinoamericanos participaron en este estudio. La intervención se apoyó en cinco pilares muy concretos: actividad física, alimentación saludable, control de factores de riesgo cardiovascular, entrenamiento cognitivo y socialización.

Los resultados fueron claros: quienes participaron del programa estructurado mejoraron más su rendimiento cognitivo que quienes recibieron recomendaciones generales de salud. En términos simples, el grupo que recibió la intervención organizada tuvo alrededor de un 55% más de mejora cognitiva. Y esa mejora no se vio solo en una medida general: también se observaron beneficios en la memoria, en las funciones ejecutivas (capacidades como organizarse, planificar y resolver problemas) y en la velocidad de procesamiento, es decir, la rapidez con la que el cerebro recibe y maneja información.

Más de mil adultos mayores de 11 países participaron durante dos años en LatAm-FINGERS

Pero quizás el mensaje más importante sea este: no se trató de una recomendación suelta, como “haga ejercicio” o “coma sano”. Fue un programa sostenido, acompañado, medido y adaptado a la realidad latinoamericana.

Esa adaptación fue central. No podíamos simplemente importar una receta finlandesa o estadounidense y aplicarla sin cambios. La alimentación depende de la cultura, del precio de los alimentos, de las costumbres familiares y de lo que está disponible. El ejercicio depende de la seguridad, del transporte, del clima y de los espacios reales de cada comunidad. La socialización y el entrenamiento cognitivo también dependen del nivel educativo, del lenguaje y de la confianza en las instituciones.

Por eso, el protocolo científico fue común, pero la forma de implementarlo fue local. El principio era el mismo; la manera de hacerlo posible cambiaba según cada contexto. Esa es una de las grandes enseñanzas del estudio: la ciencia puede ser rigurosa y, al mismo tiempo, respetuosa de la cultura.

LatAm-FINGERS también muestra que la prevención del deterioro cognitivo no depende exclusivamente de medicamentos caros, tecnologías sofisticadas o soluciones inaccesibles. Esta es una intervención no farmacológica, basada en hábitos cotidianos, que puede pensarse, con organización, inversión y continuidad, como una estrategia de salud pública.

La adaptación local de LatAm-FINGERS ajustó la prevención de la demencia a la cultura, la alimentación, la seguridad, el transporte y el nivel educativo de cada comunidad

Esto no significa que sea fácil. Cambiar hábitos y sostenerlos en el tiempo requiere información, acompañamiento y condiciones reales. La prevención no ocurre por una frase dicha en un consultorio. Ocurre cuando las personas tienen oportunidades concretas para moverse, alimentarse mejor, controlar su salud, vincularse con otros y mantener activa su mente.

La demencia no afecta solo a quien recibe un diagnóstico. Impacta en las familias, en los cuidadores, en los sistemas de salud y en la vida cotidiana de millones de personas. Por eso, hablar de prevención también es hablar de equidad, de envejecimiento saludable y de organización social del cuidado.

Este estudio demuestra que nuestra región no debe ser vista solo como el lugar donde la carga de la demencia va a crecer. También puede ser un lugar desde donde se produce conocimiento, liderazgo científico e innovación en salud pública.

El próximo desafío es que esta evidencia no quede encerrada en el ámbito científico. Los sistemas de salud pueden incorporar la prevención de la demencia en la atención primaria. Los gobiernos pueden promover programas comunitarios, espacios de actividad física, acceso a alimentación saludable, control cardiovascular y redes de socialización. Muchas de estas acciones pueden empezar en centros de salud, municipios, plazas, universidades y organizaciones barriales.

Nunca es demasiado temprano para cuidar el cerebro y nunca es demasiado tarde para empezar.

El estudio plantea que la prevención del deterioro cognitivo puede incorporarse a la atención primaria y a políticas públicas de salud cerebral en Argentina y América Latina (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por eso, LatAm-FINGERS no debería ser leído solo como un estudio científico. Debería ser leído como una oportunidad regional: una oportunidad para acercar la ciencia a la vida cotidiana, para dejar de extrapolar respuestas y empezar a producir evidencia propia, y para que la prevención del deterioro cognitivo deje de ser un tema exclusivo de especialistas y pase a formar parte de la conversación pública.

Hoy podemos decir algo que hace algunos años no podíamos afirmar con la misma fuerza: en América Latina, con nuestras poblaciones, nuestras culturas y nuestros contextos, se puede actuar para proteger la salud cerebral.

El desafío que sigue es convertir esa evidencia en información, esa información en hábitos y esos hábitos en políticas públicas sostenibles. La pregunta, entonces, es si estamos a la altura de ese desafío en la Argentina.

Tenemos conocimiento, profesionales, instituciones y experiencia comunitaria. También tenemos una necesidad urgente: que la prevención del deterioro cognitivo no dependa solo de la voluntad individual, sino de oportunidades reales para vivir mejor, envejecer mejor y cuidar mejor.

LatAm-FINGERS abre una puerta. Ahora nos toca decidir si vamos a atravesarla.

*La Dra. Lucía Crivelli es líder del estudio LatAm-FINGERS a nivel regional, jefa de Neuropsicología de FLENI, Argentina. Investigadora del CONICET, Profesora en la Univ. Maimónides, Presidenta WYLD, Presidenta AWARE, Editora en Alzheimer ‘s Dementia y Miembro de la OMS.

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