Un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis puso el foco sobre un fenómeno que comienza a despertar preocupación entre los investigadores: las personas nacidas en las últimas décadas presentarían, en promedio, un envejecimiento biológico más acelerado que las generaciones anteriores.
El trabajo, realizado a partir del análisis de muestras de sangre de más de 160.000 personas de Estados Unidos e Inglaterra, también encontró una asociación entre ese envejecimiento y un mayor riesgo de desarrollar algunos tipos de cáncer antes de los 55 años.
En Infobae a la Tarde, el biólogo molecular Martín Krasnapolski, integrante del Departamento de Patología del Instituto de Oncología Ángel H. Roffo (UBA), analizó los resultados del trabajo y aclaró, en primer lugar, cómo deben interpretarse. “Es un estudio estadístico sobre grandes grupos. No habla de casos individuales, sino de tendencias poblacionales”, explicó.

Según detalló, la investigación utilizó muestras de sangre conservadas en biobancos, repositorios que almacenan material biológico durante años para que pueda ser utilizado en distintos proyectos científicos.
“Son freezers a menos 80 grados donde las muestras pueden conservarse prácticamente para siempre. Si un investigador quiere desarrollar un estudio, puede solicitar ese material y analizar distintos biomarcadores”, señaló.
A partir de esas muestras, los investigadores estimaron la denominada edad biológica, un indicador que busca medir el estado funcional del organismo y que no siempre coincide con la edad cronológica.
“Hace 50 años la edad biológica y la cronológica iban bastante de la mano. Hoy puede ocurrir que una persona de 30 años tenga parámetros biológicos peores que alguien de esa misma edad hace varias décadas”, explicó Krasnapolski.

El especialista remarcó que el trabajo identifica asociaciones, no relaciones de causa y efecto. Entre los hallazgos, indicó que los autores observaron un deterioro en algunos indicadores del funcionamiento hepático y plantearon posibles explicaciones.
“Ellos vieron que el hígado, en promedio, funciona peor que hace treinta años y lo asocian principalmente con la alimentación ultraprocesada y el exceso de grasas”, comentó.
Otro de los factores que, según explicó, podría contribuir al envejecimiento biológico es el estrés sostenido en el tiempo.
“El estrés crónico es inmunosupresor. Nuestro sistema inmunológico nos protege permanentemente de enfermedades y también de tumores. Si esas defensas disminuyen, algunos tumores espontáneos pueden proliferar con mayor facilidad”, sostuvo.

Consultado sobre cómo puede medirse ese fenómeno, señaló que uno de los marcadores más utilizados actualmente es el cortisol.
“Hoy está bastante de moda medir la hormona del estrés. Se considera que las personas que tienen un cortisol constitucionalmente elevado viven en un estado de estrés crónico. Pero, más allá de los análisis, cada uno también puede reconocerlo: si todos los días vive estresado, probablemente esté atravesando esa situación”, afirmó.
Durante la entrevista también se abordó el impacto de las desigualdades sociales sobre la salud. Para Krasnapolski, el contexto económico condiciona tanto la calidad de la alimentación como el acceso a la prevención.
“La brecha socioeconómica afecta a la salud. Este estudio se hizo principalmente con personas blancas de Estados Unidos e Inglaterra, pero aun allí el acceso a la medicina y a los controles preventivos no es igual para todos”, explicó.

Y agregó: “Hace cien años una persona con pocos recursos podía producir buena parte de sus alimentos. Hoy la mayoría depende de productos industrializados de menor calidad y, además, acceder al sistema de salud también resulta más difícil”.
En materia de prevención, el biólogo recordó que muchos factores de riesgo continúan estando estrechamente vinculados con los hábitos cotidianos.
“El cáncer de pulmón está íntimamente relacionado con el cigarrillo. Y ahora también con el vapeo, que es tan malo como fumar. Los neumólogos dicen que en los pulmones solo debería entrar oxígeno”, advirtió.
Respecto de la alimentación, sostuvo que existe evidencia consolidada sobre la relación entre determinados patrones alimentarios y algunos tumores.

“Se sabe que existe una relación entre el cáncer gastrointestinal y las dietas pobres en fibra y ricas en grasas. Somos de las primeras generaciones que crecieron consumiendo alimentos ultraprocesados de manera cotidiana y todavía estamos empezando a entender cuáles pueden ser las consecuencias a largo plazo”, concluyó.
Más allá de los resultados del estudio, Krasnapolski insistió en que el principal mensaje pasa por la prevención. Mantener una alimentación equilibrada, reducir el estrés cuando sea posible, evitar el tabaco y el vapeo y realizar controles médicos periódicos siguen siendo las herramientas más eficaces para disminuir el riesgo de enfermedades y llegar a la adultez con una mejor calidad de vida.
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