Jorgelina Aruzzi, reconocida por su participación en éxitos televisivos como Chiquititas (Telefe, 2006) y La niñera (Telefe, 2008), donde compartió pantalla con Florencia Peña, y por su trabajo junto a figuras como Guillermo Francella, ha construido una trayectoria destacada en la actuación, con varios premios que respaldan su carrera. Sin embargo, antes de alcanzar notoriedad en la televisión y el teatro, atravesó experiencias laborales alejadas del mundo artístico.
Durante una entrevista con Mario Pergolini en el ciclo Otro día perdido, Aruzzi repasó episodios poco conocidos de su vida, entre ellos un empleo que tuvo a los 18 años como repositora de trapos de piso en supermercados. La actriz relató que esa etapa fue anterior a su llegada a los elencos estables y a los escenarios más populares.
Pergolini quiso saber más sobre ese pasado y le preguntó si efectivamente había trabajado como repositora siendo muy joven. Aruzzi confirmó el dato y amplió: “Recorría supermercados viajando en colectivo. A veces tomaba hasta cinco colectivos por día para llegar a todos los lugares. Mi tarea era chequear si los trapos seguían en sus góndolas, ordenarlos y reponerlos cuando hacía falta. Era repositora de trapos de piso”.
Al explicar cómo había conseguido ese puesto, mencionó que ingresó por recomendación de una amiga, quien tenía familiares en la empresa. Sin embargo, la experiencia resultó breve. “Al mes me despidieron porque se me complicaba el tema de los colectivos. También me echaron porque no quería usar casco”, recordó.

La actriz aprovechó el espacio para reflexionar sobre su vocación y el sentido que le encuentra a la actuación. “Por un tiempo sentí que era lo único que sabía hacer. Descubrí que era buena y, en la actuación, hay algo del juego que te conecta con la infancia. Eso me inspira. Trabajo con amigos porque me gusta ese clima de encuentro, y también está la parte de sostener el oficio todos los días”, expresó durante la charla.
Aruzzi, quien hoy es una de las figuras reconocidas en la televisión argentina y el teatro, repasó así un capítulo desconocido de su vida, previo a consolidarse en el universo actoral.
Tiempo atrás, en una charla con infobae, Jorgelina Aruzzi afirmó que descubrió su vocación a los diecisiete años, durante un taller de pintura. La dinámica familiar influyó en ese proceso. En la casa de Caballito donde creció, según recuerda, la tragedia estaba presente, pero nunca faltaba una broma para aliviar cualquier situación.

El humor, sostiene, resultó fundamental durante una infancia marcada por la hiperinflación del gobierno de Raúl Alfonsín, que trajo consigo una crisis profunda y numerosas restricciones. Ante ese contexto, el humor se transformó en una herramienta para sobrellevar las dificultades. A pesar de todo, Aruzzi destaca que su hogar siempre estuvo lleno de amor, compañía y una vida familiar enfocada en ellos mismos. Su madre, Blanca, trabajaba como peluquera, y su padre, Jorge Aruzzi, como electricista. Ambos lograron afrontar las dificultades económicas con esfuerzo. Jorgelina es la segunda de tres hermanos. Cecilia, que actualmente es psicóloga, y Marcelo, músico y actor, compartieron con ella la admiración por Niní Marshall, la serie El superagente 86 —especialmente el personaje de “la 99”— y las telenovelas de Canal 9, como Libertad condicionada. Ser “la del medio”, afirma, la llevó a buscar su propio espacio, atención y un escenario, ya que sentía que pasaba inadvertida.
Durante la infancia, se sentía especialmente reservada y buscaba sus propios espacios de soledad. Con el tiempo, aprendió a aceptar ese rasgo de su personalidad. Hoy, disfruta viajar con amigas y socializar, pero también necesita momentos de aislamiento al regresar. La secundaria representó un punto de inflexión: imitaba a los profesores, lograba hacer reír y notaba una chispa especial. Esa “chispa de la transgresión”, como la define, dio origen a su estilo actual. La provocación la impulsó y, desde entonces, nada la frenó. Siempre se sintió motivada por imprimir una postura clara en cada uno de sus textos y personajes. No concibe la actuación de otra manera.

