
El uso de dispositivos electrónicos por parte de los niños genera preocupación entre especialistas y organismos internacionales. La pediatra salvadoreña, Michelle Fernández, advirtió hoy en entrevista matutina sobre los riesgos que implica la exposición a pantallas antes de los dos años y subrayó la necesidad de límites claros según la etapa de desarrollo.
Fernández señaló que, de acuerdo con la Academia Americana de Pediatría (AAP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), los bebés menores de dos años no deben estar expuestos a pantallas digitales, incluidas televisores, teléfonos y tabletas. Entre los dos y los seis años, la recomendación es limitar la exposición a un máximo de una hora al día, preferiblemente con contenido educativo y acompañado por un adulto.
A partir de los seis años y hasta la adolescencia, la AAP sugiere no exceder las dos horas diarias, incluyendo el tiempo dedicado a actividades escolares.
La Asociación Española de Pediatría adopta un enfoque más restrictivo, permitiendo la exposición solo en circunstancias específicas, como videollamadas familiares, y limitando el tiempo incluso en niños mayores.

La especialista explicó que la luz azul emitida por las pantallas puede alterar la arquitectura cerebral infantil y la liberación de neurotransmisores como la dopamina, relacionada con el placer. Este fenómeno puede generar adicción a los dispositivos, dificultad para tolerar la frustración y un aumento de la irritabilidad.
“La exposición constante genera un cambio y la liberación de dopamina”, indicó Fernández, quien advirtió que los niños tienden a buscar gratificación inmediata y pierden interés en actividades que requieren mayor esfuerzo o paciencia.
El uso excesivo de pantallas también afecta el sueño. La OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos han documentado que la luz azul interfiere con la producción de melatonina, hormona clave para el ciclo sueño-vigilia. Esto puede provocar insomnio, alteraciones en la calidad del sueño y fatiga diurna. Además, los expertos advierten sobre el riesgo de obesidad infantil, problemas de atención, menor rendimiento académico y dificultades en la interacción social.
Según datos de la OMS, los niños menores de cinco años deben pasar al menos tres horas al día en actividades físicas variadas, distribuidas durante el día, y no permanecer sentados frente a una pantalla por periodos prolongados. Para los menores de un año, se recomienda evitar toda exposición a pantallas; para los de uno a cuatro años, el tiempo total no debe superar una hora diaria.

Fernández insistió en el papel de la familia como modelo. Restringir el uso de dispositivos debe ir acompañado de explicaciones sobre los riesgos, supervisión de los contenidos digitales y participación activa de los padres en las actividades tecnológicas de los hijos. El ejemplo de los adultos es fundamental para fomentar hábitos saludables y evitar contradicciones en el hogar.
La integración de las tecnologías en la rutina escolar presenta nuevos desafíos. La especialista recomendó que los padres dialoguen con los niños sobre los límites y los riesgos de los videojuegos y redes sociales, así como supervisar el tipo de juegos y aplicaciones utilizados.
La OMS y los CDC coinciden en que el uso responsable y controlado de las pantallas contribuye a un desarrollo más equilibrado, mientras que la exposición sin límites se asocia con mayor prevalencia de trastornos del comportamiento y de salud mental.
Las recomendaciones de Fernández y de organismos internacionales apuntan a proteger la salud física y mental de los niños, promoviendo la actividad física, el juego al aire libre y el acompañamiento parental en el uso de la tecnología.

