
La Unión Europea alcanzó este miércoles un acuerdo interno para implementar el pacto comercial firmado hace casi un año con Estados Unidos, en un paso clave para evitar una nueva escalada arancelaria impulsada por el presidente Donald Trump, que había amenazado con imponer nuevos gravámenes si el bloque no ratificaba el convenio antes del 4 de julio.
El entendimiento llegó después de negociaciones que se extendieron hasta la madrugada entre representantes del Parlamento Europeo y de los Estados miembros, que lograron destrabar las diferencias y cerrar un texto común para avanzar con la ratificación del acuerdo sellado en julio pasado entre Washington y Bruselas.
El pacto original, firmado en Turnberry, Escocia, estableció aranceles del 15% para la mayoría de los productos europeos exportados a Estados Unidos. A cambio, la Unión Europea se comprometió a eliminar gravámenes sobre gran parte de las importaciones estadounidenses. Sin embargo, ese compromiso europeo aún no se había concretado, lo que generó malestar en la Casa Blanca y abrió la puerta a nuevas amenazas comerciales de Trump.
“Hoy, la Unión Europea cumple con sus compromisos”, afirmó en un comunicado el ministro de Energía, Comercio e Industria de Chipre, Michael Damianos, cuyo país ejerce la presidencia rotativa del bloque. “Mantener una asociación transatlántica estable, predecible y equilibrada es de interés para ambas partes”, agregó el funcionario al anunciar el cierre de las negociaciones.
El acuerdo deja a la Unión Europea en condiciones de cumplir con el plazo exigido por Trump para ratificar el entendimiento comercial y busca poner fin a más de un año de tensiones entre ambas partes.

El presidente estadounidense había advertido que, si el bloque no avanzaba con la implementación del pacto antes del 4 de julio, la Unión Europea enfrentaría aranceles “mucho más altos”. Además, ya había prometido elevar del 15% al 25% los gravámenes sobre automóviles y camiones europeos.
La presión de Washington se produjo después de una ofensiva arancelaria más amplia impulsada por Trump, que incluyó gravámenes elevados sobre acero, aluminio y autopartes, una estrategia que empujó al bloque europeo a profundizar vínculos comerciales con otras regiones del mundo.
Pese a ello, Bruselas buscó preservar su relación económica con Estados Unidos, su principal socio comercial, en una relación bilateral valuada en 1,6 billones de euros, equivalentes a unos 1,9 billones de dólares.
El Parlamento Europeo ya había dado en marzo una aprobación condicional al acuerdo, pero la ratificación quedó demorada durante meses por disputas políticas y comerciales. Entre los factores que complicaron el proceso figuraron las tensiones por las posiciones de Trump sobre Groenlandia y un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que anuló varios de los aranceles impulsados por el mandatario.
Durante la negociación final, uno de los puntos más sensibles fue la inclusión de mecanismos de protección para la Unión Europea en caso de que Estados Unidos incumpla el pacto.

El texto acordado habilita a la Comisión Europea a activar una cláusula de suspensión si Washington no cumple sus compromisos o si altera el comercio y la inversión con el bloque, incluso mediante medidas que impliquen “discriminar o apuntar contra operadores económicos de la UE”.
El acuerdo también contempla herramientas para que Bruselas responda ante aumentos de importaciones estadounidenses que “causen o amenacen con causar un perjuicio grave a los productores nacionales”, con la posibilidad de suspender beneficios arancelarios.
Sin embargo, el Parlamento Europeo cedió en algunas de sus exigencias durante la negociación. El texto final concedió a Estados Unidos plazo hasta fin de año para eliminar recargos superiores al 15% sobre componentes de acero, en lugar de exigirlo como condición previa para la entrada en vigor del acuerdo.
Otro punto de discusión fue la llamada cláusula “sunrise”, que condicionaba la aplicación plena del acuerdo europeo al cumplimiento total de los compromisos estadounidenses. Esa cláusula fue eliminada del texto final.
También se modificó la cláusula “sunset”, que establecía una fecha de expiración del acuerdo. En lugar de vencer en 2028, el entendimiento permanecerá vigente hasta fines de 2029, salvo que las partes decidan otra cosa.

El presidente de la comisión de Comercio del Parlamento Europeo, Bernd Lange, defendió el resultado de la negociación y sostuvo que “el Parlamento se impuso con sus exigencias de una red de seguridad integral”.
No todos en Bruselas compartieron esa lectura. La eurodiputada de Los Verdes Anna Cavazzini sostuvo que el acuerdo “pone a la UE en desventaja”, aunque reconoció que “puede asegurar cierto grado de estabilidad económica”.
“Solo cabe esperar que el acuerdo sobre aranceles calme ahora la situación, para que otros grandes temas en la relación entre la UE y EE.UU. puedan ser abordados”, agregó.
Con el entendimiento alcanzado, Bruselas busca cerrar un capítulo de fricciones comerciales con Washington y evitar que la relación transatlántica vuelva a quedar atravesada por una nueva guerra arancelaria.
(Con información de AFP)

