
El nombre de Alessandro Nannini permanece ligado a uno de los episodios más recordados de la Fórmula 1. El piloto italiano, quien llegó a la máxima categoría del automovilismo en 1986, afrontó un destino inesperado tras perder un brazo en un accidente de helicóptero. Desde entonces, su trayectoria lo llevó a dirigir el negocio familiar de pastelería y café en Siena, una empresa que años después enfrentó un cierre por problemas financieros.
La carrera de Nannini en la Fórmula 1 se desarrolló entre 1986 y 1990, primero con Minardi y luego con Benetton. En ese periodo participó en 76 Grandes Premios y alcanzó su momento de mayor notoriedad en el Gran Premio de Japón de 1989. El evento se tornó caótico tras la colisión entre los compañeros de equipo en McLaren, Ayrton Senna y Alain Prost, a falta de siete vueltas. Senna, tras cambiar el alerón delantero, cruzó primero la meta, pero fue descalificado por la Federación Internacional del Automóvil (FIA) por atajar en la chicane. El triunfo recayó entonces en Nannini, aunque para él no representó el logro esperado: “Prost y Senna lo ganaban todo con McLaren. Después de la carrera pregunté: ‘¿Por qué no hay información?’. Luego, poco después de subir al podio, Senna fue descalificado. Yo estaba en primer lugar, pero no era una victoria legítima. Nunca me habló, nunca lo vi, no tenía sentido”, declaró a Motor Sport en 2015.
El año 1990 marcó la mejor temporada de Nannini, quien subió tres veces al podio y llegó a negociar con Ferrari para sumarse al equipo en 1991. El 12 de octubre de ese año, sin embargo, su carrera cambió para siempre. Durante un vuelo en helicóptero cerca de Siena, la nave sufrió un desperfecto y el piloto perdió el antebrazo derecho. “Lo recuerdo todo. Recogimos mi nuevo helicóptero en Florencia, un Ecureuil, e íbamos a aterrizar en el aeródromo de Siena, pero el piloto dijo: ‘No, aterrizaremos en tu casa’. Donde aterrizamos el terreno era irregular, el rotor de cola golpeó el suelo. Intentó ganar altura, pero cometió un error, y el helicóptero empezó a dar vueltas en el aire, fuera de control. Levanté las manos para protegerme la cabeza, pensé que volcaríamos al caer, pero la pala del rotor me golpeó los brazos y salí despedido».
“Todo sucedió muy rápido, solo unos segundos, pero perdí el brazo derecho. Mis padres salieron corriendo de la casa, mi padre recogió el brazo, les dijo a los paramédicos que lo llevaran al hospital; no querían, pero él hizo lo correcto. De camino al hospital perdí mucha sangre, perdí el conocimiento y desperté dos días después”, relató Nannini al medio en cuestión.

El piloto italiano, sometido a una larga intervención de microcirugía en Florencia, logró que su antebrazo fuera reimplantado y comenzó un proceso de rehabilitación. “Cuando miré mi brazo, mis dedos, fue un gran shock, pero no pensé que fuera el final, para nada. Un piloto de carreras maneja con el trasero, las manos no son tan importantes, el trasero es importante, por la sensación, y esto lo supe cuando fui al DTM con Alfa Romeo después de que me curaran el brazo. Había algunas bromas, escondía un brazo protésico en la manga de mi abrigo y se me caía cuando me quitaba el abrigo, cosas así, ¿sabes? Fue duro, sacaron muchas piezas de otros lugares para reparar mi brazo y mi mano, pero podría haber muerto. Quiero decir, en el 95 por ciento de los accidentes de helicóptero muere la gente, así que estoy en el cinco por ciento afortunado, ¿no? Fui piloto de F1, y tantos han muerto desde los primeros tiempos de Ascari y Nuvolari… Así que, cada mañana me despierto y le doy gracias a Dios”, confesó el expiloto en 2015.
Tras el accidente, Nannini regresó brevemente al automovilismo en 1993, compitiendo en turismos hasta 1997. A partir de ese momento dijo basta y cambió rotundamente de foco al incorporarse a la gestión de la Pasticceria Nannini, la empresa de panadería y café fundada por su abuelo Guido Nannini en 1910. De acuerdo con La Repubblica, el negocio familiar, con sede en Siena, llegó a tener sucursales internacionales y productos reconocidos como el panforte y el cantucci. En la entrevista, Nannini expresó: “Tengo planes para expandir el negocio de Nannini fuera de Italia, más allá de la panadería y las cafeterías”. Añadió que su paso por la Fórmula 1 le aportó herramientas útiles para el mundo de los negocios: “Aprendí mucho durante mi etapa en la F1, sobre contratos, sobre negocios y sobre cómo tener cuidado con aquellos que no serán honestos en sus relaciones conmigo”.

Sin embargo, el crecimiento del negocio de Nannini no estuvo exento de dificultades. La Repubblica y La Nazione reportaron que el expiloto acumuló una deuda de 1,2 millones de euros con la Hacienda italiana y enfrentó acusaciones de evasión de impuestos y quiebra fraudulenta. El cierre definitivo de la empresa se produjo el 14 de febrero de 2019. La Nazione informó que el proceso judicial concluyó en diciembre de 2022, cuando Nannini aceptó una pena de dos años en suspenso y la acusación fue reclasificada como “quiebra impropia”. La justicia italiana atribuyó la caída de la empresa a deudas fiscales y de seguridad social impagas, descartando un vaciamiento deliberado del patrimonio.
En la actualidad, Nannini, de 66 años, reside en Siena y mantiene su actividad en el ámbito empresarial y en eventos vinculados al automovilismo histórico.

