
La Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC) detuvo dos buques portacontenedores en el Estrecho de Ormuz tras abrir fuego contra varias embarcaciones, en un episodio que marca una nueva escalada en la tensión marítima en la región.
Entre los barcos afectados figura el MSC Francesca, con bandera de Panamá, que se encontraba transitando por una de las rutas comerciales más sensibles del mundo cuando fue interceptado por fuerzas iraníes.
El incidente ocurrió mientras varias naves intentaban salir del Golfo Pérsico a través del estrecho, un paso estratégico por donde transita cerca del 20% del suministro mundial de petróleo y gas.
Según reportes de seguridad marítima, al menos tres embarcaciones fueron atacadas, incluyendo el MSC Francesca y el Epaminondas, este último con bandera de Liberia y operado por una compañía griega.
Las acciones incluyeron disparos directos y el uso de granadas propulsadas por cohete.
El MSC Francesca, operado por la naviera Mediterranean Shipping Company (MSC) —la mayor compañía de transporte de contenedores del mundo—, fue alcanzado por disparos a unas ocho millas náuticas al oeste de Irán, aunque no sufrió daños estructurales y su tripulación se mantiene a salvo.

De acuerdo con datos de tráfico marítimo, la embarcación seguía una ruta comercial de salida del Golfo, con destino previsto hacia mercados internacionales, en un corredor clave para el comercio global.
A inicios de marzo pasado, la Autoridad Marítima de Panamá (AMP) ya había emitido una alerta dirigida a su flota mercante ante el aumento de tensiones en Medio Oriente, recomendando reforzar medidas de seguridad a bordo, elevar los niveles de vigilancia y evaluar cuidadosamente las rutas de navegación, especialmente en zonas de alto riesgo como el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz.
En contraste, el Epaminondas sí sufrió impactos en su puente tras ser atacado a unas 15 millas náuticas al noreste de Omán, lo que obligó a la embarcación a detener su marcha. El buque cuenta con una tripulación de 21 personas, en su mayoría ucranianos y filipinos, quienes no resultaron heridos.
Fuentes indicaron que la patrullera iraní involucrada en el ataque no estableció contacto previo por radio, a pesar de que el barco tenía autorización para transitar.
Un tercer portacontenedores, también con bandera de Liberia, fue igualmente tiroteado en la misma zona, aunque no registró daños y pudo reanudar su navegación posteriormente.

Las autoridades marítimas señalaron que estos incidentes se produjeron en un contexto de alta actividad militar y restricciones impuestas por Irán, lo que ha incrementado el riesgo para la navegación comercial en el estrecho.
La agencia británica United Kingdom Maritime Trade Operations (UKMTO) confirmó los ataques e indicó que al menos una embarcación quedó detenida tras el incidente, aunque su tripulación se encuentra a salvo.
El organismo también advirtió a los buques que operan en la zona sobre la necesidad de reportar cualquier actividad sospechosa, debido al aumento de la inestabilidad en la región.
Irán justificó las acciones alegando que los buques incautados operaban sin los permisos necesarios y que habían manipulado sus sistemas de navegación, lo que, según el IRGC, constituye una amenaza para la seguridad del estrecho.
Teherán ha advertido que cualquier alteración del orden en esta vía marítima será considerada una “línea roja”, en medio del conflicto que mantiene con Estados Unidos e Israel desde finales de febrero.
El portacontenedores EpaminondasEl portacontenedores EpaminondasEl portacontenedores Epaminondas

Antes del inicio de la guerra, el Estrecho de Ormuz registraba el paso de unos 130 buques diarios, cifra que cayó drásticamente tras las restricciones impuestas por Irán y el bloqueo de rutas comerciales. Actualmente, el tránsito se mantiene limitado, lo que ha afectado la cadena global de suministros y ha elevado la preocupación entre operadores marítimos y gobiernos.
Lo que ocurre en el Estrecho de Ormuz es una consecuencia directa del conflicto bélico entre Irán, Estados Unidos e Israel, que desde finales de febrero ha convertido esa ruta en uno de los focos más sensibles de la crisis regional.
Aunque en los últimos días se ha intentado sostener un cese al fuego y abrir una salida negociada, el bloqueo estadounidense a puertos iraníes y las restricciones impuestas por Teherán al tránsito marítimo han mantenido la presión sobre el estrecho, sin que la pausa diplomática se traduzca en una reducción real de la tensión.

