
Un estudio ha alertado sobre un aumento alarmante del insomnio en adolescentes, reflejando cifras inéditas de falta de sueño en la juventud de Estados Unidos.
Según datos publicados en JAMA y recogidos por el New York Post, cerca de 8 de cada 10 jóvenes duermen menos de las ocho horas recomendadas, un fenómeno que los especialistas relacionan con serios riesgos para la salud mental juvenil y física. Investigadores coinciden en que las causas superan ampliamente el uso de dispositivos móviles.
Los adolescentes han reducido de manera constante sus horas de sueño en los últimos años. Este problema se origina en una suma de factores biológicos, sociales y conductuales, no solo en el uso de pantallas.
Entre las causas identificadas están los cambios en las rutinas escolares, la presión social y un desfase biológico propio de la etapa. La falta de descanso adecuado afecta a todos los grupos demográficos, aunque el incremento ha sido más notable entre jóvenes afroamericanos no hispanos.

Durante los 16 años analizados por el estudio, la proporción de adolescentes que duermen menos de cinco horas subió del 69% en 2007 al 77% en 2023. La tendencia es generalizada y afecta tanto a quienes usan mucho como poco el teléfono móvil.
“Se trata de una crisis que se ha intensificado paulatinamente y constituye ya una emergencia de salud pública”, explicó la doctora Courtney Bancroft, directora clínica de salud conductual digital en Northwell Health, al New York Post. El informe de JAMA destaca que este fenómeno persiste independientemente de los hábitos de riesgo o el consumo de sustancias.
Consecuencias de la falta de sueño en adolescentes
La reducción del sueño no solo compromete el estado físico, sino que se ha vinculado de forma directa con el aumento de ansiedad y depresión entre la juventud.
Expertos advierten que la falta de descanso puede causar problemas de concentración, bajo rendimiento escolar e incluso favorecer la aparición de ideación suicida. La doctora Bancroft señaló que el déficit de sueño es ahora uno de los principales factores que alimentan la crisis de salud mental en adolescentes.

Además, la carencia de sueño adecuado afecta la función cerebral e incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas en la vida adulta. Estas consecuencias se observan tanto en jóvenes con alta exposición digital como en aquellos con menor contacto con pantallas, lo que incrementa la preocupación en la comunidad médica y educativa.
Más allá de los teléfonos: causas profundas de la crisis de sueño
Aunque limitar el tiempo con dispositivos móviles sigue siendo una recomendación reiterada, el auge del insomnio adolescente responde a factores diversos.
La investigación reunida por el New York Post detalla que las largas jornadas escolares, las múltiples actividades extracurriculares y la presión de la vida social contribuyen a la dificultad para dormir. A estos elementos se añaden factores biológicos propios de la adolescencia.
La doctora Bancroft explicó que, durante esta etapa, el cerebro sufre un cambio en el ritmo circadiano, y la producción de melatonina se retrasa hasta las 23:00 horas. Por eso, muchos jóvenes no experimentan sueño antes de ese momento, aunque deban levantarse temprano para acudir a la escuela, acumulando una deuda de descanso perjudicial para su salud integral.

Recomendaciones y desafíos para afrontar el problema
Para enfrentar esta crisis, los expertos proponen ajustes estructurales y políticas específicas. Una de las recomendaciones más urgentes es retrasar el horario de inicio de clases en secundaria, una medida respaldada desde hace años por la Academia Estadounidense de Pediatría, que sugiere que las escuelas comiencen a las 8:30 horas o después.
La doctora Bancroft también resalta la importancia de adaptar las dinámicas familiares y escolares a la biología del adolescente, promoviendo orientación experta y limitando la sobrecarga de actividades. Limitar las pantallas antes de dormir ayuda, pero los especialistas coinciden en que la solución exige cambios más profundos, considerando las necesidades reales de la juventud.
Las recientes investigaciones y los llamados de la comunidad médica subrayan el desajuste entre las demandas sociales y los procesos biológicos propios de la adolescencia. Ajustar el horario escolar para alinearlo con las necesidades fisiológicas de los jóvenes surge como una de las claves para revertir esta tendencia, como reiteran tanto especialistas como la Academia Estadounidense de Pediatría en opiniones recogidas por el New York Post.

