
Las gaseosas son bebidas ampliamente consumidas en todo el mundo, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Diversos organismos internacionales y universidades han advertido sobre los riesgos asociados a su consumo frecuente.
Según la Organización Mundial de la Salud, las denominadas “bebidas de fantasía” constituyen una de las principales fuentes de azúcares añadidos en la dieta y su ingesta habitual se relaciona con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Por su parte, estudios de la Universidad de Harvard y el National Institute of Health han identificado que su consumo regular puede aumentar el riesgo de muerte prematura y daños en órganos como el hígado y los riñones.
Además, investigaciones recientes han demostrado que las gaseosas, por su contenido de azúcar y cafeína, pueden provocar síntomas asociados a la adicción, como antojos intensos y malestar al suspender su consumo. En adolescentes y adultos jóvenes, se han observado síntomas de abstinencia tras dejar de consumir este tipo de bebidas, lo que sugiere que pueden generar dependencia similar a otras sustancias estimulantes.

Es por eso que los expertos advierten 7 riesgos asociados al consumo de estas bebidas: obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares (cardíacas), muerte prematura, daños en hígado y riñones, caries y erosión dental; y adicción y síntomas de abstinencia.
La relación de las gaseosas con enfermedades crónicas
El consumo frecuente se convirtió en una preocupación de salud pública, especialmente por su asociación con enfermedades crónicas. Un estudio señala que el consumo regular de bebidas azucaradas, como las gaseosas, “se asocia con un mayor riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardíacas”.
Según el material, las investigaciones muestran que este hábito puede contribuir a millones de nuevos casos de dichas enfermedades cada año en todo el mundo. Además, los expertos lanzaron la advertencia en relación a las versiones dietéticas “Reemplazar el azúcar con edulcorantes artificiales, como en las bebidas light, también puede aumentar la resistencia a la insulina y afectar el riesgo y el control de la diabetes”.
Por su parte, la Facultad de Salud de la UCLA sostiene que “las bebidas azucaradas se relacionan con una larga lista de efectos adversos para la salud, empezando por la obesidad y el mal control de la glucemia”. La columna añade que ensayos recientes han encontrado una asociación con la hipertensión arterial, el colesterol alto y las enfermedades cardíacas: “Consumir tan solo un refresco al día aumenta considerablemente el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2”.

Por otro lado, un metaanálisis de la National Library of Medicine respalda estos hallazgos. El estudio revisó 88 investigaciones y encontró “una clara asociación entre el consumo y un mayor consumo de energía y peso corporal”, así como “un mayor riesgo de padecer diversos problemas médicos”. El documento resalta que los estudios más sólidos metodológicamente evidencian el mayor efecto negativo y que la “ciencia disponible” apoya las recomendaciones para reducir el consumo de refrescos en la población.
Qué sucede al beber gaseosas de manera frecuente
Otra revisión científica sostiene que “consumir bebidas con azúcar añadido aumenta las calorías”. El estudio demostró que beberlos habitualmente está relacionado con un mayor índice de masa corporal (IMC) y un mayor peso corporal en niños y adultos. Si bien las alternativas dietéticas pueden reducir la ingesta de azúcares añadidos y calorías, expertos sugieren que los edulcorantes artificiales que contienen pueden no afectar significativamente el peso corporal.
Por su parte, investigaciones de la Universidad de Harvard han demostrado que la ingesta de solo una lata de gaseosa con azúcar por día puede producir un aumento de peso anual de hasta 2,5 kilos. Por otro lado, el Nurses’ Health Study, que siguió a más de 90.000 mujeres durante ocho años, encontró que aquellas que bebían al menos una dosis diaria duplicaron sus probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2 en comparación con quienes casi no las consumían.

Otros trabajos han asociado el consumo con un mayor riesgo de hipertensión, fracturas óseas en mujeres posmenopáusicas, alteraciones renales e incluso mayor probabilidad de muerte prematura. Un seguimiento de casi 100.000 mujeres posmenopáusicas durante dos décadas detectó que quienes bebían al menos una gaseosa azucarada al día tenían 85% más riesgo de cáncer de hígado y un 68% más de morir por enfermedades hepáticas crónicas respecto a quienes solo las consumían esporádicamente.
Cómo impactan las gaseosas en la salud bucal
Según la Organización Mundial de la Salud, el consumo está directamente relacionado con la caries dental, ya que “el azúcar contribuye a su formación”. Específicamente, el material advierte que “beber ambos tipos de refresco puede afectar negativamente la salud bucal”, dado que las bebidas favorecen la proliferación de bacterias y la producción de ácidos que deterioran el esmalte dental y generan caries.
En cuanto a las versiones light, aunque eliminan los endulzantes artificiales, el contenido ácido y la carbonatación siguen constituyendo un riesgo. La entidad internacional indica que “muestran tasas más altas de erosión dental en personas que beben refrescos de dieta que en quienes beben principalmente agua”.
Por su parte, la Asociación Dental Americana revela que el hábito de tomar, ya sea las versiones azucaradas o dietéticas, favorece el desarrollo de caries y erosión dental. Los refrescos comunes promueven las perforaciones por su alto contenido de azúcar, mientras que las light contribuyen al desgaste del esmalte de los dientes, lo que puede derivar en daños a largo plazo.

Si bien es muy difícil eliminar por completo el consumo, más en personas que beben habitualmente, expertos aconsejan utilizar estrategias sencillas y efectivas. El Centro para el Control y la Prevensión de Enfermedades elaboró una lista con los principales consejos:
- Reemplazarlos por agua o té sin azúcar varias veces a la semana, y aumentar las modficaciones de forma gradual según disminuyan los antojos.
- Optar por agua con gas o carbonatada saborizada para satisfacer la necesidad de burbujas sin consumir azúcar ni calorías.
- Agregar rodajas de fruta como limón, pepino o lima al agua para darle sabor natural y hacerla más atractiva.
- Mantener una botella de agua fría reutilizable en la heladera para facilitar el acceso a una opción saludable en cualquier momento.

