
Hace más de doscientos millones de años, en lo que hoy es el suroeste de Inglaterra, un pequeño depredador recorría con agilidad las tierras secas, lejos de los pantanos y ríos donde hoy asociamos a los cocodrilos. El hallazgo y estudio de sus restos han permitido a la ciencia identificar una nueva especie de reptil terrestre del Triásico, Galahadosuchus jonesi, que desafía la imagen tradicional de los cocodrilos. Así lo informaron investigadores británicos en un trabajo publicado en The Anatomical Record.
El fósil de Galahadosuchus jonesi fue recuperado en 1969 en la cantera de Cromhall, condado de Gloucestershire, pero permaneció décadas sin ser correctamente clasificado. Este animal ha sido apodado el “cocodrilo galgo” por su constitución ligera, sus patas largas y su capacidad para correr en tierra firme. Su identificación como una especie diferente se logró tras un análisis anatómico minucioso y el uso de nuevas tecnologías, como escaneos por tomografía computarizada.
El nombre del género, Galahadosuchus, hace referencia al caballero de la leyenda artúrica, en alusión a la postura erguida del animal, mientras que el epíteto jonesi rinde homenaje a David Rhys Jones, un profesor galés que inspiró a uno de los autores del estudio. “El primer capítulo de mi tesis es nombrar una nueva especie de cocodrilo fósil, y la estoy nombrando por usted”, contó Ewan Bodenham, paleontólogo principal.

La vida en las fisuras del Triásico
El Triásico tardío fue un periodo de intensos cambios, cercano a una de las mayores extinciones masivas de la historia de la Tierra. En esa época, el área del canal de Bristol era un paisaje árido y elevado, muy diferente del actual. Los depósitos fósiles se formaron en grietas de piedra caliza, conocidas como “fissure deposits”, que atraparon restos de una fauna diversa. “Las fisuras del Triásico tardío–Jurásico temprano del área del canal de Bristol (suroeste de Inglaterra y sur de Gales) son reconocidas por sus diversas faunas de vertebrados”, resumió el artículo científico.
En estos yacimientos han aparecido dinosaurios primitivos, reptiles planeadores, pequeños mamíferos y otros arcosaurios. Galahadosuchus convivió con especies como Thecodontosaurus y su pariente cercano Terrestrisuchus, pero presentaba diferencias clave que justifican su estatus de género y especie propia.
Anatomía de un corredor terrestre
El esqueleto analizado incluye vértebras, costillas, partes de las extremidades y placas óseas llamadas osteodermos. La comparación con otros fósiles y un análisis evolutivo de casi 40 especies permitieron identificar 13 características anatómicas únicas. Entre ellas destacan las proporciones de los huesos del antebrazo, la forma del fémur y la estructura de la muñeca y el tobillo.
“Mi proyecto de doctorado consiste en estudiar las relaciones evolutivas de estos primeros cocodrilos”, explicó el paleontólogo. Los resultados muestran que Galahadosuchus poseía una postura erguida y una locomoción eficiente sobre tierra firme.

Varias características anatómicas indican que Galahadosuchus era un cuadrúpedo terrestre altamente esbelto y cursorial, con postura erguida. La robustez y longitud de sus huesos, junto a la disposición de las extremidades bajo el cuerpo, confirman que este animal estaba adaptado para desplazarse rápidamente en busca de presas pequeñas.
Diversidad y experimentación evolutiva
Galahadosuchus pertenece al grupo de los Saltoposuchidae, un clado de cocodrilomorfos primitivos que ya mostraba una diversidad ecológica considerable. Hasta ahora, se pensaba que estos reptiles eran bastante homogéneos, pero la diferencia en la estructura de las extremidades y los carpos sugiere que incluso entre especies cercanas existían especializaciones distintas para la locomoción.

La presencia de este “reptil galgo” junto a otros depredadores terrestres muestra que, antes de la gran extinción que marcó el final del Triásico, los antepasados de los cocodrilos modernos ya experimentaban con formas y estilos de vida muy variados. Estos animales eran altamente gráciles, pequeños y construidos para el sprint, más cerca del tamaño de un gato que de un cocodrilo actual.
A diferencia de los actuales cocodrilos, adaptados al acecho acuático, sus ancestros incluían depredadores ágiles que recorrían paisajes áridos. El descubrimiento de Galahadosuchus jonesi amplía la imagen de los cocodrilos como grupo y recuerda la importancia de revisar fósiles olvidados en colecciones. El espécimen permaneció en una colección durante décadas antes de que un reanálisis cuidadoso y técnicas modernas de imagen revelaran que era algo completamente nuevo.
Las investigaciones en yacimientos como el de Cromhall continúan aportando pistas sobre la evolución de los grandes grupos de reptiles y sobre la vida en la Tierra antes de que los dinosaurios dominaran el planeta.

