Por qué proteger los microbios puede cambiar el futuro de la salud y el clima

Por qué proteger los microbios puede cambiar el futuro de la salud y el clima

El desafío está en diseñar políticas integradas que reconozcan el valor central de la vida invisible en la sostenibilidad del planeta (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) anunció la creación de un Grupo de Especialistas en Conservación Microbiana. La decisión, divulgada por National Geographic, introduce un cambio en la agenda global de protección ambiental al incorporar por primera vez a los microorganismos como prioridad en las estrategias para preservar la vida en el planeta.

Los microbios desempeñan funciones esenciales en todos los ecosistemas. De acuerdo con la UICN, “ningún esfuerzo de conservación de especies o hábitats puede ser eficaz si se descuida el papel de estos seres, de los cuales dependen todos los ecosistemas conocidos”. Así lo declaró Raquel Peixoto, microbióloga de la Universidad Rey Abdullah de Ciencia y Tecnología, quien integra la nueva comisión.

“Sin microbios, no puede haber conservación”, enfatizó Peixoto a National Geographic. El deterioro de la diversidad microbiana está asociado a impactos en la salud humana, animal y ambiental.

Investigaciones recientes publicadas en Nature Microbiology y referenciadas por National Geographic señalan que la industrialización, el cambio climático, el uso masivo de antibióticos, la contaminación y la pérdida de hábitats contribuyen a una reducción inédita de la diversidad de microbios a escala global.

Su desaparición, impulsada por la expansión agrícola industrial y la sequía. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre las propuestas concretas para mitigar este fenómeno, la comisión recomienda la creación de biobancos microbianos, la protección de hábitats naturales donde prosperan estos organismos y el desarrollo de probióticos específicos para restaurar comunidades microbianas en humanos, animales y ambientes vulnerables.

De acuerdo con el ISME Journal, estos enfoques deberán integrarse con marcos legales y de financiamiento internacional para asegurar la implementación de políticas efectivas.

Jack Gilbert, ecólogo microbiano del Instituto Scripps de Oceanografía e integrante de la comisión, explicó a National Geographic que los microbios marinos, como las bacterias Prochlorococcus, absorben dióxido de carbono y generan oxígeno, sosteniendo cadenas alimentarias que conectan organismos tan diversos como el atún rojo y la ballena azul.

Gilbert señaló que la sensibilidad de estas bacterias a la temperatura y la acidificación de los océanos las vuelve vulnerables ante el cambio climático. “El funcionamiento de los océanos depende de la estabilidad de sus comunidades microbianas”, afirmó el científico.

En los arrecifes de coral, la acción de algas del género Symbiodiniaceae y de microorganismos benéficos se traduce en mayor resistencia a enfermedades, mejor absorción de nutrientes y degradación de compuestos tóxicos.

La degradación de suelos y avance del cambio climático amenazan a los actinomicetos- (Imagen Ilustrativa Infobae)

La comisión advierte que la desaparición de estas asociaciones simbióticas condenaría a los arrecifes a una degradación irreversible, afectando al 25 % de la vida marina y comprometiendo la protección de costas y la subsistencia de numerosas especies.

En ambientes terrestres, especies como Microcoleus vaginatus refuerzan la estructura de los suelos en desiertos y praderas, que ocupan cerca del 40 % de la superficie del planeta.

Su desaparición, impulsada por la expansión agrícola industrial y la sequía, facilitaría procesos de erosión y desertificación, lo que agravaría la pérdida de servicios ecosistémicos esenciales.

El impacto de la diversidad microbiana se extiende al propio cuerpo humano. Se estima que el organismo porta unos 30 billones de células microbianas, con más de 600 especies identificadas solo en la boca.

Tal como expone un informe de la International Union of the Microbiological Societies (IUMS), la pérdida de diversidad intestinal asociada a dietas bajas en fibra, consumo excesivo de antibióticos y escasa exposición a ambientes naturales se vincula con el aumento de enfermedades inflamatorias, autoinmunes y metabólicas “La salud humana y la de los ecosistemas están unidas por la diversidad microbiana”, sostiene la IUMS en su llamado a la acción global.

microbios marinos, como las bacterias Prochlorococcus, absorben dióxido de carbono y generan oxígeno - (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el ámbito de la medicina, bacterias como las actinomicetas han sido fuente de antibióticos y fármacos inmunosupresores clave. Además, fuera del laboratorio, estos microorganismos fertilizan suelos y los protegen de patógenos. De acuerdo con Gilbert, su degradación y el avance del cambio climático amenazan a los actinomicetos, lo que refuerza la necesidad de conservar tanto hábitats naturales como colecciones de laboratorio.

La exclusión histórica de los microbios de las políticas de conservación responde a limitaciones técnicas y a un sesgo en favor de las especies visibles.

Elinne Becket, microbióloga de la Universidad Estatal de California en San Marcos, explicó a National Geographic que “frecuentemente se omite a los microorganismos de las estrategias de protección, aunque son la base de todos los ecosistemas”.

El respaldo internacional a una agenda de conservación que incluya a los microbios crece de forma sostenida. “Sin microbios, ningún objetivo de conservación puede cumplirse de forma sostenible”, sostiene el ISME Journal en su editorial de 2025.

El Grupo de Especialistas en Conservación Microbiana de la UICN busca incorporar esta perspectiva en los marcos regulatorios, siguiendo la línea de acuerdos como el Protocolo de Nagoya y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

La protección de la diversidad microbiana se plantea como una prioridad ambiental y de salud pública. La comisión de la UICN subraya que la preservación de los microorganismos es indispensable para mantener los servicios ecosistémicos, la estabilidad climática y la salud humana.

Para la comunidad científica, según recoge National Geographic, el desafío consiste en diseñar políticas integradas que reconozcan el valor central de la vida invisible en la sostenibilidad del planeta.

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