Por qué la memoria empeora con la edad, según científicos de Harvard

Por qué la memoria empeora con la edad, según científicos de Harvard

Un mega-análisis internacional asoció la pérdida de memoria a una vulnerabilidad estructural global del cerebro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un hombre olvida el nombre de su nieto por primera vez. Una mujer busca las llaves que acaba de dejar en la mesa. Estas escenas, tan cotidianas, esconden una transformación profunda: la memoria humana pierde solidez con el paso de los años debido a una vulnerabilidad estructural en el cerebro que involucra muchas más regiones de lo que se pensaba.

Así lo reveló un mega-análisis internacional publicado en la revista Nature Communications, que integró más de 10.000 resonancias magnéticas y 13.000 pruebas de memoria de adultos sanos en distintas etapas de la vida.

El equipo liderado por Didac Vidal-Piñeiro, Øystein Sørensen y Marie Strømstad, con la colaboración de instituciones como la Universidad de Oslo, el Max Planck Institute for Human Development y la Harvard Medical School, analizó datos recogidos en 13 estudios independientes de distintos países. El objetivo fue desentrañar qué cambios estructurales en el cerebro acompañan la pérdida de memoria en el envejecimiento.

El estudio analizó más de 10.000 resonancias magnéticas y 13.000 pruebas de memoria en adultos sanos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Más allá del hipocampo: una red cerebral global

Durante años, la ciencia asoció la pérdida de memoria principalmente a la atrofia del hipocampo, una estructura clave en la consolidación de recuerdos. El nuevo estudio confirmó que el hipocampo es especialmente sensible al paso del tiempo, pero va mucho más allá: la memoria depende de una red distribuida que incluye regiones corticales y subcorticales.

“El vínculo entre el envejecimiento del cerebro y la pérdida de memoria no es lineal ni simple, sino que refleja una vulnerabilidad estructural global”, indicó el neurólogo Álvaro Pascual-Leone, del Hinda and Arthur Marcus Institute for Aging Research.

Los datos muestran que la relación entre el tamaño del cerebro y el rendimiento en pruebas de memoria no sigue un ritmo parejo. Las personas que experimentan una pérdida de tejido cerebral por encima del promedio sufren un declive acelerado en su capacidad para recordar. Una vez que la reducción de volumen supera ciertos umbrales, el deterioro de la memoria se intensifica.

Investigadores de la Universidad de Oslo, el Max Planck Institute y Harvard participaron en la investigación (Imagen Ilustrativa Infobae)

No todos los cerebros envejecen igual. “La pérdida de memoria no es simplemente consecuencia del envejecimiento, sino manifestación de vulnerabilidades biológicas acumuladas durante décadas”, explicó Pascual-Leone. El análisis identificó que factores como la genética, el estilo de vida y la presencia de condiciones médicas previas influyen en la velocidad y severidad del deterioro.

El estudio evaluó el impacto del gen APOE ε4, relacionado con un mayor riesgo de Alzheimer. Si bien quienes portan este alelo muestran un mayor grado de atrofia cerebral y pérdida de memoria, la relación entre encogimiento cerebral y deterioro cognitivo sigue un patrón común tanto en portadores como en el resto de la población.

“Estos resultados sugieren que el declive de la memoria en el envejecimiento no responde a una sola región ni a un solo gen, sino a una vulnerabilidad biológica global que se acumula a lo largo de los años”, sostuvo Pascual-Leone.

El análisis incluyó datos de 13 estudios independientes realizados en distintos países

Además, el equipo identificó que hábitos como la actividad física, la estimulación cognitiva y el cuidado de la salud vascular pueden modular la trayectoria de la pérdida de memoria, abriendo la puerta a estrategias de prevención.

Hacia una medicina personalizada y nuevas estrategias de prevención

La integración de datos a gran escala permitió definir biomarcadores estructurales capaces de predecir qué personas tienen mayor riesgo de deterioro. El estudio abre la posibilidad de diagnósticos más tempranos y enfoques personalizados para retrasar o mitigar la aparición de enfermedades neurodegenerativas.

“Comprender la arquitectura cerebral que subyace a la vulnerabilidad de la memoria cambiará la manera de diseñar políticas de salud y programas de prevención”, señalaron los autores.

El mega-análisis marca un antes y un después en la forma de entender el envejecimiento cerebral. Según el equipo de Vidal-Piñeiro, el deterioro de la memoria no depende solo de una estructura aislada, sino de una red de regiones interconectadas cuya integridad se erosiona de forma progresiva.

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