Las pinturas que intrigan a los especialistasGentileza de Agencia Córdoba Turismo
CERRO COLORADO, Córdoba.− ¿Por qué hay figuras humanas a pie o a caballo? ¿Qué significan los signos y las formas geométricas? ¿En qué momento dibujaron llamas y felinos? ¿Para qué tipo de rituales mágicos usaban plumas y adornos en la cabeza? Hasta el momento, alrededor de las pinturas rupestres de Cerro Colorado parecen haber más dudas que certezas. Se trata de 35.000 dibujos, estampados en las rocas de 113 cavernas. Fueron hallados a principios de siglo por el poeta Leopoldo Lugones que, maravillado ante semejante tesoro artístico, instó a investigar su origen y a protegerlos.

Al hablar de arte rupestre en la Argentina por lo general se remite a la Cueva de la Manos, en Santa Cruz, declarada patrimonio mundial de la humanidad por la Unesco. Sin embargo, en el otro extremo del mapa, a 160 kilómetros del norte de la ciudad de Córdoba, existe un yacimiento menos conocido, aunque de gran valor cultural, Cerro Colorado.
LA NACIÓN exploró la zona junto a dos especialistas, Vanina Blanco y Paco Alfonsín. Para llegar a las pinturas es necesario trepar las rocas y atravesar bosques de matos y algarrobos habitados por aves como la pava del monte o el halcón peregrino, pero también de culebras, sapos y lagartos. El pueblo desde donde parten los recorridos, Cerro Colorado, es un sitio pintoresco de unos 350 habitantes con casas de piedra. De hecho, los primeros habitantes eran picapedreros. Hay poca afluencia de personas y no se observa la contaminación típica de los grandes centros turísticos. Parece un sitio olvidado y perdido en el tiempo.
En el Departamento de Turismo de la zona, antes de partir, Germán Argañaraz, guardaparque, explica la importancia de preservar la reserva,un patrimonio cultural y natural único dentro de una superficie de 3000 hectáreas, con una zona de amortiguamiento de 60.000. Por eso solo pueden recorrer los yacimientos arqueológicos con guías habilitados.
Frente al local, en 2018 se realizó una excavación para hacer llegar gas natural al pueblo y se detectó el hasta hoy mayor cementerio prehispánico en la provincia de Córdoba, un espacio que fue usado a lo largo del tiempo al menos en un periodo que abarca desde el 3200 a.C. hasta 1244 d.C., según los recientes estudios. “Este hallazgo sin precedentes para la arqueología local y regional refuerza el valor escénico del lugar y la dimensión simbólica del territorio. Se trata de un sitio de memoria, un lugar sagrado”, destacan los guías quienes también tienen un museo propio llamado Eco Museo y realizan astroturismo.

En el trayecto que conduce a las pasarelas desde donde se observan las pictografías, mientras se huelen los aromas típicos de las hierbas serranas, se ven los morteros usados por los pobladores originarios para moler alimentos y pigmentos. Se contabilizaron 500 morteros en la zona.
En los aleros del primer cerro visitado, el Intihuasi, aparecen formas similares a llamas, cóndores y yaguaretés; figuras de guerreros nativos armados con arco y flecha, identificados por los lugareños como “flechero emplumado”. Los colores son tres: blanco, rojo y negro. También hay figuras de los conquistadores europeos montados a caballo. En estancias y campos particulares existen pictografías que, previo permiso, pueden ser visitadas, agregan los guías.

Dudas
Otra de las grandes dudas que persiste es a qué pueblos atribuir la autoría de las imágenes. Se sabe que la zona estuvo habitada por la cultura Ayamptín y por la llamada “cultura de Ongamira”, con una antigüedad de 6500 años. Por otro lado, según el investigador Aníbal Montes, los sanavirones (provenientes del sur de Santiago del Estero) fueron invasores en tierra de Comechingones. Ambos pueblos, en las épocas más tardías cercanas a la conquista, compartían ciertas características formando una misma unidad étnica, constituyendo vínculos de parentesco. Pero incluso también se llegaron a interpretar escrituras rúnicas en las pictografías y las vincularon a la llegada de normandos a la región, aunque hoy no existe ninguna prueba arqueológica o de cualquier otra índole que respalde esta tesis.
Lo cierto es que lo largo de la historia las explicaciones del fenómeno fueron lo más variadas: desde afirmar que habían sido creadas con el único fin de embellecer un lugar, en un momento histórico donde los recursos eran abundantes, hasta interpretaciones esotéricas y de tipo mágicoreligiosas. “Las pinturas y los grabados de la provincia de Córdoba han sido estudiados en forma parcial y esporádica”, advierte Graciela Soledad Ochoa, de la Universidad Nacional de Córdoba.

Tras las huellas de un poeta explorador
Las primeras investigaciones comenzaron a principios del siglo XX. El 26 de marzo de 1903, LA NACIÓN publicó un artículo revelador, “Las grutas pintadas del Cerro Colorado”. La nota llevaba la firma de Leopoldo Lugones, por entonces un escritor que había alcanzado cierta notoriedad en el mundo de las letras tras la publicación, en 1897, de su primer libro de poemas Las montañas de oro.
Lugones, nacido en Villa de María del Río Seco, localidad cercana a Cerro Colorado, y que está casi en el límite con Santiago del Estero, descubrió las pictografías durante un paseo que realizaba junto a su hermano, Carlos, y a un baqueano de 90 años llamado Jesús Arguello. “Muy oportuno sería entonces una exploración, que haciendo tal vez, nuevos hallazgos en la superficie o en las entrañas del terreno, salvara de una destrucción próxima (pues las erosiones continúan) esas páginas de un misterio tan conmovedor…”, advirtió el poeta.



Dos décadas más tarde, George Gardner realizó un relevamiento de las pinturas; el trabajo le llevó 10 años, entre 1920 y 1930, y fue publicado por la Universidad de Oxford en 1931 bajo el título de Rock-Paintings of North-west Córdoba.
Lo cierto es que Lugones, con su artículo, invita no solo a Gardner, sino a otros a investigar. A principios de la década de 1950 el ingeniero danés Asbjorn Pedersen usó por primera vez la técnica de infrarrojo. “Pudo reproducir muchos dibujos que no podían ser observados a simple vista, completando los motivos relevados por Gardner veinte años antes”, se lee en el artículo sobre el tema escrit por Ochoa, Análisis e interpretaciones de las representaciones rupestres de Córdoba en publicaciones de fines del s. XIX hasta los ‘80 del s. XX.

Rituales mágicos
La visita continúa por las cuevas de Cerro Colorado, a unos 20 minutos de caminata desde el Intihuasi, atravesando las lomadas del pueblo. Ya en las piedras, lo primero que llama la atención es una imagen un cuerpo con una máscara; tres figuras; un gran cóndor y los flecheros emplumados.
No hay coincidencia sobre el significado de esta escena que incluye 59 motivos distintos. Algunos llegaron a la conclusión de que se trata de una guerra, pero otros, como Pedersen, dijeron que sería muy poco práctico ir a luchar con todos esos adornos en la cabeza caminando en un monte lleno de espinas. El danés relacionó la escena con una danza en la que se flecha al espíritu del mal.
“Las reuniones podían durar varios días. Consumían cebil que es un árbol de la yunga que da semillas que se muelen y da un rapé para inhalar o fumar en pipa. Es una planta de poder utilizada en rituales. Una crónica de la conquista sitúa la siguiente escena en el pueblo de Quilino: ‘Una vieja desnuda, con un cuero de jaguar sobre los hombros baila y canta en medio de palos labrados con hurones y papagayos. Una chamana’”, agrega la guía mientras toca su pequeña flauta, hecha con un hueso de cabra.
Además de este tipo de escenas, se observan excelentes ejemplos de felinos y cóndores ejecutados con el recurso del puntillismo, que realizaban por untado directo del dedo en la materia colorante. Otras imágenes parecen haber sido diseñadas con una especie de pincel. Según el antropólogo Rex González, en la zona el mayor número de representaciones correspondía a figuras humanas y animales. En menor proporción las hay de carácter geométrico y existen dibujos no identificados, el 16% del total, hecho que certifica lo misterioso del significado.
Tienen en común que todas estas pinturas son consideradas expresiones del arte rupestre, −del latín rupes, roca−, que es la primera manifestación que en la Prehistórica hizo el ser humano antes que comenzara la escritura. Entre los lugares con pictografías más destacados de la Argentina, se encuentran también La Tunita y La Candelaria, en Catamarca y el Inti Huasi, en San Luis.
Declaración
Cerro Colorado fue declarado Reserva Arqueológica, Natural y Monumento Histórico Nacional y Sitio Sagrado. Según informa la Agencia Córdoba Turismo, la entrada es gratuita y se pueden contratar guías privados, o las del museo a través de la cuenta de Instagram del Museo Ecológico Cerro Colorado. A pocos kilómetros del centro arqueológico es posible recorrer la Casa Museo de Atahualpa Yupanqui y el pueblo de Tulumba, donde el restaurante Luz Mala ofrece comida típica de la región. En Cerro Colorado hay diferentes tipos de alojamientos, pero también en los alrededores existen hosterías de lujo con servicio todo incluido como El Palomar Casa de Campo.
Los habitantes del norte de la provincia esperan ansiosos la llegada de turistas respetuosos del patrimonio cultural, pero también aguardan el arribo de investigadores que logren finalmente desentrañar los misterios de uno de los mayores tesoros arqueológicos ocultos de la Argentina.
Fuente: Virginia Mejía, La Nacion
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