VIAJE EN CAMPER: Capitulo 6 “Valparaíso artesanal”

Me dirigí a Valparaíso, después de pasar esos días en isla negra, cómo siempre no googleo a donde voy, de esta forma al llegar me sorprendo, y es hermoso sorprenderse a cada rato, de los lugares, de los paisajes y dónde la vida te lleva, el no andar buscando nada en particular, o esa foto que alguien tomo, te relaja.

Al llegar a cada sitio voy a algún informe turístico y pregunto, sino a algún lugareño o turista, aunque me considero un viajero también soy turista.
De inmediato note lo grande que era Valparaíso, y como todo cuidad esto tiene sus pro y sus contras, el tráfico es una gran contra, aquellos que me conocen saben que eso me vuelve loco.

Al rato fuimos a la zona de los cerros, seguía viajando con Emiliano el pintor uruguayo, el lugar turístico y más pintorescos de la ciudad, con calles angostas muy empinadas casi sin veredas, construcciones antiguas refaccionadas, aunque no todas, pintadas de diversos colores, en donde uno puede encontrar artistas, músicos callejeros, malabaristas, artesanos por todos lados, o pintores que han dejado su obra en las paredes de la calle o en algún bar.

Bares de los cuales hay muchos y para todos los gustos, cómo gente que hay, y hay mucha, viajeros y turistas de todo tipo y color. Esa diversidad tan grande que hay, en todos los aspectos, es lo que hace para tanta gente tan atractiva esta ciudad.

Me gustó su paisaje pintoresco, pero es una cuidad con mucha noche (sexo, droga y rock and roll) gente vagando por ella a cualquier hora, yo no andaba en busca de eso, no es así mi viaje, si no más bien lo contrario, tal vez en otro momento de mi vida la hubiese amado.
La primer noche dormimos frente a un destacamento de carabineros, los cuales por la tarde me habían dicho que tenga cuidado con los robos, al tener el Kayak y la bici por fuera del Camper. Las siguientes noches la pasamos frente a la plaza Libertad, en pleno centro comercial de la cuidad. Donde ahí se puede parchar (vender en la calle) Emiliano vendía sus pinturas y yo unos vasos que hacía con botellas de cerveza o vino, las cuales cortaba con una maquinita casera, compuesta por una resistencia eléctrica, está la había fabricado unos días antes en isla negra.

Así estuvimos unos días parchando por la mañana y la tarde, recorriendo la ciudad cuando caía el sol y todos los artesanos se iban de la plaza. Nos hicieron un lugar y jamás nos dijeron nada, eran muy amables y predispuestos a charlar o tomar una taza de café. Solo no querían que se instalarán personas que vendieran cosas “chinas”.

Entre ellos había dos a los cuales me acerqué mucho, o ellos hacia mi, uno era Rolo un argentino que hacía bastante tiempo vivía en Valpo, vendía comics y extrañaba hablar con otro argentino, así que no la pasábamos hablando, el otro era Víctor un nativo de ahí que hacía trabajos en chapa, recuerdo unas cocinas a leña miniatura que hacía, el me prestó el taller que tenía en su casa para que cortase las botellas. Su casa quedaba al final de una calle cortada, la cual tenía una pendiente más que pronunciada, al salir no la llegué a trepar en dos oportunidades, teniendo que retroceder cuesta abajo ambas veces y con el camper sobresaliendo de ambos lados se torna un poco complicado, de echo me lleve puesto un vallado de chapas de una obra en construcción. Pase muchos nervios, pues para el otro lado no había salida, conecte la doble tracción, tome carrera y pude salir, fue la primera vez que la necesité.

La convivencia se me torno un poco pesada, no por qué el fuera mala persona, estaba un poco incómodo, el camper tiene una sola cama, así que Emiliano dormía en el piso y sus cosas donde cabían, las cuales no eran pocas, necesitaba estar un poco solo y alejado de la ciudad.
Un día cerca del medio día decidí dejar la plaza de Valparaíso y dirigirme hacia el norte, Emiliano tenía la idea de ir hacia el sur, lo cual significaba que ahí nos separabamos y emprendía de nuevo mi viaje solo.

Salí con la idea de ir hasta Viña del Mar, la cual está pegada a Valparaíso y también es una ciudad grande por eso no pare y seguí, pase por varias ciudades una a continuación de otra por una ruta costera que las une. Seguí por esta ruta hasta llegar a una que está más separada del resto, ya no era una ciudad sino un pueblo vacacional frente al mar con una montaña pequeña cruzando la calle, donde se podían ver como las cabañas dispersas la trepaban, por una callecita casi al final del pueblo pude acceder a la playa con el camper, sin dudarlo frene para acampar ahí el tiempo que estuviese en Maitencillo.

Marco Fassa

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