VIAJE EN CAMPER: CAPITULO 4 “Salir de mi país”

El día que ingresé a hile hizo un año de muerte de mi padre, el 10 de abril, más allá de pensar en todo lo nuevo que estaba viviendo, no podía dejar de pensar en lo rápido que había pasado ese último año, tantas cosas habían cambiado, que ya no trabajaba donde lo hice durante varios años, ya no tenía novia, ni casa, ni estaba en Argentina, ni mi familia ni mis amigos cerca, pero lo más difícil era, y es, pensar en que ya no estaba mi padre.
Era la primera vez que salía de mi país, había ido a colonia (Uruguay) en velero, o a Foz de Iguazú (Brasil) en el viaje de egresados, pero esto era diferente, salía no por un día, sino por bastante tiempo y a recorrer todo un país extraño con gente que no conocía, de la cual no me habían hablado muy bien. Me decían que no nos querían a los argentinos, que tenga cuidado con la gente, con los carabineros, con los de tránsito, pues a veces soy un poco mandado al manejar.

Al llegar al puesto aduanero de paso libertadores ya cambia todo, lo primero que note es que empezamos a descender, ya había atravesado la cordillera de los andes, cuando fuimos a hacer los trámites migratorios, nos hicieron estacionar en un lugar apartado (por lo visto el camper llamaba la atención) llene las planillas mías y para el vehículo, tuve que pedir que me revisaran la camioneta a dos o tres personas, aunque terminaron siendo seis o siete los que inspeccionaron todo, aunque no con mucho énfasis, solo me hicieron bajar el Kayak, al cual lo escanearon para ver si llevaba algo en el interior, fue realmente sencillo y rápido.

Luengo empezó el descenso por los caracoles, la cordillera del lado chileno, más allá de la vista maravillosa, cambia la ruta del lado argentino no está mala pero del otro lado de la frontera está más demarcada, muchos carteles (hasta en exceso) y denota más mantenimiento.

Es rara la sensación de dejar atrás a tu país, por qué ya no estás en casa, en Argentina a donde estés sabes que es tu casa y que es simple arreglártelas si te pasa algo, un gaucho amigo va a ver, ahora no, estaba en otro país y uno siente esa desprotección, cómo dormir sabiendo que está la puerta abierta.

Tras algunas horas de manejo llegamos a Santiago de Chile, la cual al ser la capital del vecino país es una ciudad muy grande, en un valle rodeado de montañas, al entrar el caos de los automóviles me alteró, no me gustan las ciudades grandes sobretodo cuando debo manejar, estacionar me llevo un largo tiempo, todas las cocheras eran hasta dos metros de altura y el camper con kayak y todo ronda los 2.40, tenía pensado quedarme ahí unos días pero fue tanto el desorden del transito que solo cambié algo de dinero, almorcé y decidí irme, a Emiliano, el pintor uruguayo que venía viajando conmigo, una persona desconocida lo había invitado a su casa por medio de facebook, en “Isla Negra” sobre el mar Pacífico.

Me sumé a dicha invitación con tal de salir de Santiago y tener a donde dirigirme esa noche, tras 3 horas de carretera llegamos a “Isla Negra” (aunque no es una isla) esperamos en una esquina la llegada de nuestro anfitrión, Mauricio, al bajar de su moto se acerca y me da un abrazo, lo cual me llamo la atención, después de la debida presentación, lo seguimos a su casa, en el mismo terreno hay dos cabañas pequeñas, en una vivía él y en la otra una pareja amiga, los cuales estaban esperándonos con el fuego prendido en el patio y con carne el la parrilla, algunas chelas (cervezas) y vino chileno ese de botellón grande para compartir, al cabo de 15 minutos de charla el preconcepto de los chilenos que me habían armado se había derrumbado, me sentía a gusto ahí.

Cuando uno decide viajar, decide un montón de cosas, decide dejar la familia y los amigos (sabiendo que los vas a extrañar), pero sobretodo decide dejar atrás las comodidades que uno tiene, una ducha caliente, sentarse en una mesa a tomar unos mates, el tener un sueldo, el asado de los viernes, el ir a la casa de cualquier amigo a cenar o tomar mates. Algunos tienen la suerte de viajar acompañado, por que encontraron a alguien que se acoplo a su viaje o por qué fue un proyecto de ambos, pero mi caso mi viaje era solo por decisión propia, y a causa de eso rompí o no inicié relaciones con personas maravillosas, que por ahí me arrepiento en el futuro… pero si sabía que si NO viajaba de eso seguro me iba a arrepentir, por suerte tuve la determinación de salir, de cortar con ese estado de comodidad que tenía, por otro totalmente desconocido.

Marco Fassa

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