VIAJE EN CAMPER: CAPITULO 3 “Primeros kilómetros”

Al agarrar la ruta parecía que hubiese sido la primera vez que lo hacia y de echo así lo fue, por lo menos con esos ojos que parecían ir descubriendo todo nuevamente, con sentimientos encontrados, por un lado de libertad total y plena, la de saber que estaba cumpliendo un sueño (eso no pasa seguido) y por otro lado estaba el desarraigo, la soledad de viajar solo, la insertidumbre y el dejar una vida atrás (aunque sea por un rato) por el tiempo que durara el viaje, al cual no le puse fecha de regreso, podía ser ese mismo día o lo puede ser nunca. Conduje por unas 3 o tal vez 4 horas y llegué a la cuidad de Junín, me dirigía hacia la provincia de San Luis para pasar unos días con unos primos que no veía hace tiempo. Al llegar a Junín ya era las 22 hs y me dispuse a dormir, había sido un día y unas semanas largas con todos los preparativos.
Al despertar en la estación de servicio donde había pasado la primer noche de viaje. Desayuné con las facturas que me había dado mi madre y salí a la ruta, está estaba colmada por vehículos, ya que era el comienzo del fin de semana largo por semana santa. Tras varias de conducir llegué a la cuidad de la Carlotta en la provincia de Córdoba, me faltaban unos 300 km para llegar a San Luis, decidí desviarme y ir a visitar a unos primos segundos en la cuidad de Villa María que quiero mucho.

Esa noche cenamos en familia con larga sobremesa, la mañana siguiente al despertar me despedí de ellos y salir con rumbo a la cuidad de La Punta a unos 20 km de la capital. Al entrar a la provincia de San Luis, el paisaje comenzó a cambiar, había sierras, en las cuales nunca había había andado con el Camper, un vehículo cargado y algo viejo, primero pensé que algo andaba mal, pero era yo que no sabía manejar en ese tipo de terreno, al cabo de algunas cuestas me di cuenta. Llegué a la ciudad donde viven mis primos, a la cual había ida hacía unos diez años atrás. Y era la última vez que había visto a uno de mis dos primos, el otro había estado en Lobos hacia un año. Pase unos tres días con ellos entre asados, cervezas y visitando algunos lugares turísticos cercanos.

Los primeros días de viaje uno los pasa apurado o acelerado, cómo que uno sigue en la sintonía con la cual se vive en una ciudad, a medida del pasar de los días se relaja y toma otro ritmo pero tardas. Incluso algunos fracasan en su viaje por qué no logran “desenchufarse”.
Una vez pasados estos días con mis primos, aunque me hubiese gustado que sean más, pero como ya dije una todavía está acelerado y quiere avanzar, así nadie lo este esperando o no sepa a donde bien se dirige, siempre tengo una vaga idea a donde me dirijo pero nunca se a donde voy a parar.
Sali a la tardecita rumbo a Mendoza, dormí a mitad de camino en un peaje, llegué al otro día, recorri un poco la ciudad en bicicleta y el hermoso parque que tiene en el centro de la cuidad. Llegado el atardecer no sabía a donde aparcar para pasar la noche, sin mucha esperanza envié un mensaje por Whatsapp a un grupo de viajeros por Latinoamérica al cual me había agregado. Me contestó una pareja que ellos estaban en un refugio kombinauta cerca de allí, en la localidad de Guaymallén, que me esperaban para cenar, una invitación difícil de rechazar sobretodo para un viajero.

Al llegar a una zona de pequeñas quintas y viñedos, encuentro con ayuda del GPS el refugio, en el lugar había un quincho improvisado, varios viajeros todos en kombis VW, kombis abandonadas por viajeros que se habían vuelto a su país en otro tipo de transporte, otras simplemente abandonadas las cuales se habían transformado, una en cocina y horno de barro, otra en ducha o tan solo en parte del decorado. Entre los viajeros había varios Argentinos, suizos y brasileros, el único que no andaba en Kombi era yo. Ahí me di cuenta de que había mucha más gente viajando de la que pensaba. La forma de pagar por el hospedaje era ayudando con los quehaceres, la comida se dividía entre todos y el vino también, reíamos e intercambiavamos anécdotas. Pase unos días ahí a veces iba hasta Mendoza capital o a veces simplemente me quedaba el día ahí. En Mendoza fui a jugar al Roller hockey con el equipo de esa cuidad, donde hay grandes jugadores, luego comimos un asado en uno de los quinchos del club universitario, el arquero también era un viajero, pero su viaje lo había echo unos meses atrás en una motito honda pop 90, el asado y la charla duró hasta la madrugada.
Una tarde paseando por Mendoza conocí a otro viajero, un pintor uruguayo, el viajaba a dedo, coordinamos para cruzar la frontera a Chile juntos, parando en algunos lugares en el trayecto.


Pasamos una noche en el dique Potrerillos, el se armo la carpa al costado del camper prendimos el fuego y cocinamos algo, a la noche siguiente en penitentes que por esa fecha (los primeros días de abril),estaba sin nieve y desolado, solo algunos camiones que pasaban y un restaurante que los atendía. Nos quedamos al refugio de un hotel en forma de herradura por qué el viento sacudía el Camper. Al día siguiente pasamos por el puente del Inca y hicimos un breve trekking por la base del cerro Aconcagua a unos 2700 msnm. Esa noche tuvimos que dormir antes de cruzar la frontera en un poblado que atraviesa la ruta llamado Las Cuevas a 3200 msnm, dentro de una estación del ferrocarril abandonada pero que parecía un gran galpón donde estacionamos la camioneta ya que el viento había aumentado, a la mañana siguiente nos dispusimos a cruzar la frontera, de la cual estábamos a escasos 3km.

Marco Fassa

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