La economía ya tiene peores números que en la época de la inflación de 1991

Los principales dirigentes de Cambiemos intentaron esta semana mostrarse optimistas de cara al futuro de la Argentina en materia económica y mientras el presidente Mauricio Macricargaba contra los subsidios de Aerolíneas, la gobernadora María Eugenia Vidal afirmó que “estamos mejor que en 2015”, a pesar de que los datos de la realidad demuestran lo contrario.

Al menos eso es lo que refleja un informe del Equipo AK, que analizó la coyuntura económica para el mes de diciembre, período para el cual el dato sobresaliente es que los indicadores económicos acumulan a septiembre de este año los peores números desde la hiperinflación de 1991.

Según datos del INDEC, en los primeros meses del año la suba de precios al consumidor registró un índice del 32 por ciento, pero en el segmento mayorista los aumentos fueron del 66 por ciento, por lo que aún si se enfriara la economía por la baja del consumo restaría un salto inflacionario por el traslado de los precios mayoristas al consumidor final.

La devaluación acumula 118 puntos, lo que la convierte en récord absoluto para el gobierno de Macri, en tanto que la proyección de inflación para todo el año no trae buenas noticias y se instala entre el 40 y el 50 por ciento.

El informe muestra además que las estadísticas de este año no son producto de algún desarreglo estadístico eventual, sino mas bien una constante en la gestión macrista.  Por eso la suba de precios alcanza un 143 por ciento desde el 10 de diciembre de 2015, según los últimos datos disponibles, con subas extraordinarias en servicios públicos, transporte y alimentos.

La traducción de esta situación en el cotidiano es una caída brutal del consumo minorista que achica la demanda y profundiza la debacle de la industria local, con el agregado de que muchos empresarios prefierieron convertirse en importadores en lugar de seguir invirtiendo en trabajo argentino, que representa mayores costos de producción por la desaparición de aranceles a la importación.

Los números de la recesión muestran una caída de la actividad industrial del 11,5 por ciento, lo que acerca a Argentina a países africanos como Burundi y Togo.  De la misma manera las importaciones arrojaron un déficit por la caída de la demanda y la inversión acumula una baja del 18,9 por ciento, a pesar de los sucesivos anuncios de una “lluvia de inversiones” que nunca llegó.

Finalmente el informe demuestra que la expectativa del empresariado es catastrófica, con un 60,7 por ciento de los empresarios industriales creyendo que la demanda seguirá bajando, lo que llevará a mas de uno cada cuatro a reducir el personal en los próximos meses, profundizando así la pérdida de puestos de trabajo.

Además el sobreendeudamiento no resolvió ninguno de los problemas y solo generó una bicicleta financiera que toma dólares para financiar la fuga, por lo que el panorama para el mediano plazo es de un colapso del sistema económico argentino, que solo será sostenible con un mayor ajuste en las provincias.

Fuente: Agencia Nova 

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