Viajar por Italia con el mate bajo el brazo es, para cualquier argentino, una costumbre. Fernanda Vives lo sabe bien, y por eso no dudó en llevar el termo y la bombilla hasta la Ciudad del Vaticano. Pero lo que debía ser una parada más en su recorrido junto a su pareja, Sebastián Cobelli, terminó en un robo que la dejó sin sus objetos más queridos y con una indignación que no pudo guardarse para sí misma.
Todo comenzó antes de ingresar a la Piazza San Pietro, cuando les indicaron que no podían pasar con objetos de metal. Vives y Cobelli dejaron el termo, el mate y un vaso térmico en un rincón de la entrada, tal como hacía el resto de los visitantes. Cuando salieron, los objetos ya no estaban. “¡Me chorearon en el país de Dios…! Nos hicieron dejar el vaso térmico y el termo con el mate a la entrada porque no se puede ingresar. Cuando salimos no estaba, algún amigo de lo ajeno lo robó”, escribió la actriz, furiosa, en el texto que acompañó la secuencia que grabaron en el momento.
En los videos que compartió, Vives apareció visiblemente indignada y relató la situación frente a cámara mientras Cobelli la secundaba con humor. “Esto comenzaba así, dejando el mate y el termo”, arrancó ella. Cobelli, con una música tranquila de fondo, sumó con ironía: “Si llegan algunas noticias de Roma, que faltan dos argentinos, bueno, somos nosotros dos”. Y remató: “Nos castigaron por el mate”.

Fue Vives quien explicó la situación con más detalle. “No se puede entrar metal, lo tenés que dejar acá en un rinconcito”, dijo, antes de agregar con humor: “Si hay algún argentino que me lo roba…”. Cobelli la interrumpió para mostrar la escena: “Así que estamos acá, mirá. Acá, castigados”. Pero la broma duró poco. Cuando salieron y comprobaron que el robo había ocurrido, el tono cambió. “¿Vieron que tuve que dejar el termo porque no te permiten entrar al Vaticano, país de Dios, con el termo, con el acero? Dejé el termo, el mate y un vaso térmico porque toda la gente lo dejaba. Me chorearon. Me robaron en el país de Dios”, relató, con la indignación intacta.
Cobelli intentó encontrarle el lado positivo a la situación, aunque sin demasiado éxito: “No tenías que cambiar el mate y la bombilla”. Pero Vives no estaba para consuelos. “No puedo creer la indignación que tengo, todo el viaje estar sin mate, pero ¿por qué? ¿Quién viene a robar acá? Dale. ¿Quién viene a robar acá? Bueno, no hay que chorear en ningún lado, pero ¿acá? Estoy sacada”, cerró, sin filtro.
La sección de comentarios se llenó rápidamente de mensajes de sus seguidores. “Que nada opaque ese hermoso viaje”, “Cuide la cartera”, “A cuidarse, Fer”, “Qué barbaridad”, “A mi prima le sacaron la billetera de la mochila en plena misa” y “No hay que llevar el mate al Vaticano” fueron algunas de las respuestas que se destacaron entre los cientos de reacciones que generó el posteo.
No es la primera vez que Vives comparte un percance de este tipo con sus seguidores. En junio pasado, la actriz vivió otro momento difícil que también eligió mostrar en sus redes. Fue víctima de un choque a menos de un mes de haber retirado su auto nuevo del concesionario. “Y sí… hoy definitivamente no es buen día para mí”, escribió en mayúsculas, con el nudo todavía en la garganta. El mensaje lo acompañó con un video donde aparece con el rostro visiblemente angustiado y una confesión que dejó entrever el trasfondo emocional: “Me chocaron el auto nuevo (aclaro que es nuevo porque me puse a llorar 30 minutos cuando lo vi chocado, ya que lo saqué con mucho esfuerzo hace 20 días del concesionario)”.
La escena había ocurrido en plena calle, frente a un semáforo, mientras esperaba junto a su hija Brisa para llevarla a una clase de baile. “La amargura que tengo no tiene explicación. Estaba en un semáforo, parada, como todos los sábados, cuando traigo a Brisa a baile, y vino uno de atrás y me la puso y me chocó el auto”, relató con la voz quebrada. El conductor resultó ser un joven que reconoció el error de inmediato. “Me bajé indignada, lo agarré al tipo. Un pibe joven, muy amable, reconoció el error. Me dijo que iba hablando por teléfono y que cuando se dio cuenta ya me tenía encima y me pidió disculpas y me dio los papeles”, contó. El daño no fue catastrófico, pero el golpe emocional fue otro. Vives no escondió la bronca ni la impotencia que sintió en ese momento, y sus seguidores respondieron con el mismo acompañamiento que volvieron a demostrarle esta vez, desde el Vaticano.

