
La oferta de alimentos ultraprocesados y ricos en grasas y azúcares marca el consumo alimentario de millones de niños en el mundo. Según un nuevo estudio publicado por la Universidad de Cork, en Irlanda, el consumo excesivo de este tipo de comida durante la infancia podría alterar la estructura cerebral de manera permanente, incluso después de adoptar una dieta más saludable.
De acuerdo con la investigación realizada por el equipo de APC Microbiome, la exposición temprana y sostenida a alimentos ultraprocesados modifica los hábitos alimenticios y altera regiones del cerebro responsables del control del apetito, como el hipotálamo. Los científicos comprobaron, mediante un modelo experimental con ratones, que quienes recibieron una dieta alta en grasas y azúcares durante la infancia presentaron cambios duraderos en su comportamiento alimentario en la edad adulta.
El estudio, publicado en la revista Nature Communications, refleja que estos cambios persisten aunque los hábitos alimentarios mejoren y el peso corporal vuelva a valores considerados normales. “La exposición temprana a ciertos alimentos puede tener efectos ocultos a largo plazo en los hábitos alimenticios que no son inmediatamente visibles solo con el peso”, afirmó la Dra. Cristina Cuesta-Martí, primera autora del trabajo.
El papel de la microbiota intestinal y los prebióticos

La investigación exploró si la modulación del microbioma intestinal podría ayudar a revertir los efectos negativos de la dieta ultraprocesada en la infancia. El equipo científico probó la administración de una bacteria beneficiosa, Bifidobacterium longum APC1472, junto con fibras prebióticas (fructooligosacáridos y galactooligosacáridos) presentes en alimentos como cebollas, ajo, puerros, espárragos y plátanos, y disponibles en suplementos y productos fortificados.
Según los resultados, tanto la cepa bacteriana como la combinación de prebióticos mostraron beneficios al aplicarse de forma prolongada. El probiótico produjo mejoras en el comportamiento alimentario con cambios limitados en el microbioma general, mientras que los prebióticos generaron una mayor diversidad bacteriana.
Implicancias para la prevención de la obesidad y la salud pública
Los expertos advierten que la exposición constante a alimentos ultraprocesados desde la niñez puede aumentar el riesgo de obesidad en la adultez. El estudio subraya que el entorno alimentario actual, con la presencia masiva de productos procesados y la intensa publicidad dirigida a niños, fomenta la incorporación de hábitos poco saludables que pueden mantenerse durante años.
“La intervención en la microbiota intestinal puede mitigar los efectos a largo plazo de una dieta poco saludable durante la infancia”, explicó la Dra. Harriet Schellekens, investigadora principal del estudio.
Por su parte, el profesor John F. Cryan, vicepresidente de Investigación e Innovación de la UCC, señaló que apoyar el desarrollo de una microbiota saludable desde el nacimiento puede contribuir a mantener hábitos alimentarios más saludables en la adultez.

Colaboración internacional y nuevas intervenciones
La investigación contó con la colaboración de equipos expertos en neurociencia, nutrición y microbiología de instituciones europeas reconocidas. La Universidad de Sevilla aportó especialistas en biología molecular y análisis de la flora intestinal. Desde Suecia, la Universidad de Gotemburgo se centró en el estudio del desarrollo cerebral y su relación con factores alimentarios.
En tanto, el Centro de Investigación Alimentaria Teagasc, en Irlanda, contribuyó con el diseño de dietas experimentales y la evaluación de fibras prebióticas en modelos animales.
El equipo científico resaltó que estos hallazgos refuerzan el debate en torno a la regulación del marketing de alimentos ultraprocesados dirigidos a niños y a la necesidad de campañas educativas orientadas a padres, cuidadores y escuelas.
Los autores subrayan que la concientización sobre los efectos duraderos de la dieta en la infancia debería estar acompañada por la promoción del consumo de alimentos frescos y la incorporación de fibras prebióticas y probióticos en la alimentación cotidiana.
El estudio sugiere que futuras investigaciones podrían explorar el impacto de factores sociales, económicos y ambientales en la adopción de hábitos alimentarios saludables desde las primeras etapas de la vida.

