
El cáncer colorrectal y el cáncer de mama juntos suman más de cuatro millones de nuevos casos al año en todo el mundo. Tres nuevos ensayos clínicos de Fase III muestran que posiblemente hay formas más efectivas de tratarlos.
El cáncer colorrectal es el tercero más común del mundo. En 2022 se detectaron 1,9 millones de casos nuevos y murieron más de 900.000 personas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El cáncer de mama, por su parte, es el más diagnosticado entre las mujeres: ese año hubo 2,3 millones de nuevos casos y 666.000 muertes.
Aunque los tratamientos mejoraron en las últimas décadas, los tipos de tumores más avanzados siguen siendo difíciles de controlar.
“Los tres ensayos clínicos de Fase III, el paso más riguroso antes de que un fármaco llegue a los pacientes, apuntan a cambios concretos en esa realidad”, dijo el presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica, el médico Rubén Kowalyszyn.

El sistema inmune al rescate del colon
Uno de los ensayos clínicos se llama ATOMIC. Su objetivo fue saber si un medicamento de inmunoterapia -un fármaco que activa las defensas del propio cuerpo- ayudaba a pacientes con cáncer de colon a no recaer después de una cirugía.
El medicamento probado fue el atezolizumab, combinado con quimioterapia estándar. Participaron 712 pacientes en Estados Unidos y Alemania entre 2017 y 2023, todos con una alteración genética llamada dMMR, que impide a las células reparar errores en su propio ADN.
El 86,3% de los pacientes que recibió inmunoterapia no tuvo recaída a los tres años, frente al 76,2% del grupo sin ese tratamiento. Eso equivale a una reducción del 50% en el riesgo de que el cáncer vuelva o cause la muerte.

Los resultados, publicados en The New England Journal of Medicine, llevaron a la Red Nacional Integral del Cáncer (NCCN) de Estados Unidos a incorporar el atezolizumab como tratamiento estándar para este grupo de pacientes.
Un dato que los investigadores no ocultan: el 13% de los pacientes recayó pese al tratamiento completo, y los datos de supervivencia a largo plazo aún no están disponibles.
Tres fármacos contra una mutación difícil
Otro ensayo fue BREAKWATER. Apuntó a un tipo de cáncer colorrectal con una mutación genética llamada BRAF V600E. Aparece en cerca del 10% de los casos y hace que la enfermedad sea especialmente agresiva: hasta hace poco, los pacientes con esta mutación tenían muy pocas opciones.
El estudio, que fue difundido en Future Oncology, probó si combinar dos fármacos dirigidos (encorafenib más cetuximab) con quimioterapia era mejor que la quimioterapia sola. Participaron 479 pacientes en la fase principal del ensayo.

La supervivencia se duplicó: 30,3 meses frente a 15,1 meses en el grupo que solo recibió quimioterapia. La tasa de respuesta tumoral también mejoró, del 40% al 61%.
El 24 de febrero pasado la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos otorgó aprobación plena al encorafenib para este subtipo, tras una aprobación acelerada previa en 2024. También ya fue aprobado por la autoridad regulatoria de Argentina, la ANMAT.
Aunque hay un dato que no puede ignorarse: el 38% de los pacientes del grupo experimental tuvo efectos adversos graves, con casos raros pero fatales de perforación intestinal (0,9%).
La pastilla que le gana tiempo al cáncer de mama
El tercer ensayo, PATINA, se enfocó en un subtipo de cáncer de mama metastásico llamado HR+/HER2+, que representa cerca del 10% de todos los casos de esta enfermedad.

El estudio probó si añadir el fármaco oral palbociclib —un inhibidor de CDK4/6, que frena la multiplicación de células cancerosas— al tratamiento habitual retrasaba el avance del cáncer. Participaron 518 pacientes de Estados Unidos, Europa, Nueva Zelanda y Australia.
La mediana de supervivencia sin que la enfermedad avanzara fue de 44,3 meses, frente a 29,1 meses en el grupo de control: más de 15 meses de diferencia. Los resultados se publicaron en The New England Journal of Medicine.
El efecto secundario más frecuente fue la baja de glóbulos blancos, con un 63% de los pacientes afectados. Pocos abandonaron el tratamiento por esa razón y no se registraron muertes relacionadas con el fármaco.
PATINA es el primer ensayo de Fase III que demuestra este tipo de beneficio en pacientes con ese subtipo de cáncer de mama. El palbociclib aún no cuenta con aprobación regulatoria para esta indicación específica, por lo que su uso depende de decisiones médicas caso a caso.

Los tres ensayos reunieron a más de 1.700 pacientes en decenas de países y produjeron datos que hoy cambian tratamientos reales en hospitales de todo el mundo. Sin la participación voluntaria de esas personas, ninguno de estos avances habría sido posible.
“Participar en un ensayo clínico es una decisión que merece información clara y honesta antes de dar el consentimiento. Pero cada persona que decide sumarse deja una huella concreta en el avance de la medicina”, concluyó Kowalyszyn.

