Día de la radio: es mudo y hace aire gracias a una aplicación

Gonzalo Giles tiene 21 años y ya es director de una FM de su ciudad, Dolores. “La radio es mi forma de decir que nada es imposible. Imposible es lo que áun no se hizo”, dice. National Geographic lo eligió para la campaña “Uno en un millón”.

“Esto no fue un milagro”, dice Gonzalo. “Lo que yo tuve es mucha suerte, porque me tocaron los padres indicados, que no bajaron los brazos”.

“Cuando salimos del Garrahan, a mis nueve meses, les dijeron a mis papás que se fueran comprando una maceta. Mi futuro prácticamente era ser una planta”.

La voz de Gonzalo Giles es la que le “presta” su celular. Una aplicación que “lee” y le pone garganta a lo que él escribe. Alguien podría creer erróneamente que no tiene cómo comunicarse, pero no. Hablar y comunicar son dos cuestiones distintas. Lo que no puede es hablar. Y lo que pudo es cambiar una sentencia. Es mudo y hace radio. 

A los cinco meses contrajo una meningitis. Se salvó, pero hubo secuelas. “Una hemiparesia derecha y apraxia de los músculos del cuello, mandíbula y lengua, y compromiso de todos los músculos que hacen a la articulación del habla, masticación y deglución”, explica con precisión de médico. “Esto significa no poder articular la parte derecha del cuerpo. Y no poder articular lo que es la boca”. Lo imposible (dicen que dijo Muhammad Ali) es una opinión.

El caso de Gonzalo, apenas 21 años y ya director de la radio Celeste y blanca (FM 102.1 de Dolores), llegó hasta ​National Geographic. Lo eligieron para la campaña publicitaria “1 en 1 millón”, con el eslogan “cuando las palabras de un mudo pueden ayudar”. La frase preferida de Gonzalo -que repite y repite para hacernos entender- es “el universo nos presta un cuerpo. Hay que devolverlo bien gastado”.

Criado con el tono de Mario Pergolini, “La Negra” Vernaci, Lalo Mir y Andy Kusnetzoff, su historia radial empezó con un programa de rock nacional. Desde 2015 hasta 2018 estuvo al frente de un ciclo por FM City, de su ciudad. El puntapié fue luego de su intervención en una ONG, en la que planearon fallidamente una salida al aire. “Repartían los roles, y cuando llegaron a mí se hizo un silencio. Yo era el mudo del grupo y me ofrecí a operar. ‘Y sí. Siendo mudo no vas a poder hacer aire’, me dijeron. Eso me molestó. Esa noche me puse a pensar y pensar. Y descubrí que con esta voz podía hacer radio”.

Charly García, Los Piojos, Gustavo Cerati, Andrés Calamaro, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Todo eso sonaba en su vida y en su programa, La voz en On, que en 2016 ganó el premio Faro de Oro que otorgan a los medios audiovisuales en Mar del Plata. Hoy -apoyado en la App Type and Speak-, dirige y suma unos cuantos verbos más: “Las radios de pueblo obligan a hacer muchas cosas a la vez. Somos pocos y hacemos de todo. Hoy opero, me encargo de producir y hasta de ordenar y limpiar”, se ríe.

Gonzalo Giles junto a Andy en “Perros de la calle”.

El camino hasta ser cabeza de una emisora fue espinoso. Todo empezó en El Tigre. Hasta los seis años vivió en Los Troncos del Talar. Padre ferretero (y verdulero ambulante para financiar la rehabilitación), madre ama de casa. A sus seis años, la familia decidió empezar una vida más tranquila en Dolores. “Jugar en la calle, crecer sin sobresaltos. Ellos creían que era la única forma de desarrollarme como persona”, cuenta Gonzalo, veloz para escribir las respuestas.

Después de peregrinar por escuelas rogando la inscripción, el clan logró matricularlo. “Lo anotamos, pero no puede salir al recreo con los otros alumnos. Los directivos confundían las secuelas de la meningitis con la lepra”, detalla. Hasta que Susana Degregorio, directora del colegio Pedro Castelli, le dio la oportunidad de que empezara allá primer grado. Contención, protección familiar, seguridad y amigos. Pero a sus diez años, “la burbuja se rompió”.

“Un día abrí mi carpeta y encontré una carta de mis compañeros. ‘Baboso enfermo. Nadie te quiere’. Fue un quiebre. Me sentí discriminado y exploté”, se emociona. “Me escapé del colegio, dije que me habían secuestrado. No tomé dimensión de la palabra secuestro, hubo denuncias, abogados. Caí en una gran depresión”. Entonces, un grupo de redes sociales en el que participaba lo zamarreó. Adolescentes con problemas de alimentación, adicción y enfermedades terminales tejieron, sin quererlo, una red que terminó despertándolo. “Empecé escuchándolos y terminé aconsejándolos. ¿De qué me quejaba yo si tenía salud y una familia y comía todos los días? Empecé teatro y algo fue cambiando”.

Avisa que quiere evitar “la victimización”. Por eso es crudo a veces y usa el “humor ácido”, para revertir la mirada ajena. “La palabra inclusión no significa igualdad. Significa que tenés que aceptar alguna diferencia mía y darme lugar”, plasma en Totalmente Gonzalo, el libro que publicó y en el que profundiza en su historia a través de 148 páginas. 

Lector recalcitrante de Eduardo Galeano, “hincha de Tigre y peronista”, fanático de Guasones (y del tema que dice a los otros que se asustan, no saben quién soy), su primer celular se lo obsequiaron a los siete. Al principio, la voz era la de una mujer, “la misma del GPS”, bromea. Antes, se comunicaba escribiendo en papel y mediante señas propias. En el capítulo 0 de su libro se lee : “No sé qué vine a hacer acá al planeta, pero algo, una voz en mi cabeza, me dijo siempre que no nací para pasar desapercibido”.

“Milagro es otra cosa. Lo que yo tuve es mucha suerte, porque vivía en el lugar indicado, con los padres indicados que encontraron a los profesionales indicados”, dice sin darle tregua al teclado del teléfono. “También hay que agradecer a la medicina y a los años de estudio de esos profesionales que me trataron”.

-¿Creés que progresamos, la sociedad y los medios están (estamos) más inclusivos, o nos quedamos en una postura discursiva nada más?

-Yo tuve la oportunidad de estar en un medio grande y, la verdad, no la pasé bien. En tema de inclusión, todavía falta. A veces me pongo mal, pero no es culpa de ellos. Todo empieza por la educación. No te educan para saber cómo tratar a una persona con discapacidad. No digo que tenga que haber una materia…pero sí que sea obligatorio enseñarles a los chicos cómo manejarse.

-Con tantos avances, ¿hay posibilidad de un tratamiento para recuperar el habla, o ya no te interesa?

-Yo siempre digo que si hablo se arruina el negocio (se ríe). Yo hablo con mucho humor de todo esto. Hay tratamientos, pero esos tratamientos no harían que hable, así que ya lo descarté. No es mi prioridad. Lo que necesito es que la tecnología avance para que la voz no sea tan robótica. En un primer momento, necesitaría una voz con acento argentino.

-¿Qué más querés lograr? Tu concepto de imposible es distinto al del resto…

-Estoy empezando a dar las charlas “Puedo”. Mi misión es llevar mi historia a donde la vida me lleve. En mi Instagram (@gonzagilesok) pueden contactarme para brindarme apoyo. Yo estudié periodismo para que me de herramientas, pero lo mío es la conducción y la producción. Me gusta más entretener que informar. La radio es mi forma de decir que nada es imposible. Yo creo que lo imposible es lo que todavía no se hizo.

Gonzalo escribe y una aplicación se encarga de dar voz a su voz.

Asiduo visitante de Perros de la calle (Metro, 95.5), un día Andy le dio la posibilidad de contar su experiencia. “Fue como jugar en el potrero y que te Tevez te diga, ponete la diez que vas a jugar conmigo”, compara. También tuvo un paso por Radio 10. En cada frecuencia del dial que transitó sintió lo mismo. “La radio es amor incondicional. Ese amor que solo te da la amistad”.

El parlante por el que salen las palabras que tipea parece no dar a basto con tantas ideas. “¿Quién es el único que puede superar al mudo que hace radio?”, sonríe y tira el chiste. “El único que podría superar mi apodo es el hombre invisible que hace tele”.

Marina Zucchi

Fuente: Clarín

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