COLUMNA DE OPINIÓN: RENÉ FAVALORO, “LA HISTORIA DE UN PRÓCER CONTEMPORÁNEO”

Se cumplen diecinueve años de uno de los acontecimientos más trágicos de nuestra historia el cual abrió una herida qué aún hoy cala hondo en nuestra memoria colectiva. Aquel 29 de julio del año 2000, el país se enteraba del fatal desenlace del drama del Dr. René G. Favaloro, el médico rural qué a base de esmero y dedicación llegó a alcanzar el reconocimiento internacional al tener un rol protagónico en la invención del bypass, realizado por primera vez en 1967, en la Cleveland Clinic, la cual era para entonces la institución médica más prestigiosa. El cirujano argentino se trasladó a los Estados Unidos en 1962, los once años anteriores se había desempeñado cómo médico rural en Jancito Araúz, un pueblo de La Pampa profunda.

La historia de este médico nacido en “El Mondongo” un barrio de obreros de la ciudad de La Plata el 12  de julio de 1923, no es muy distinta a la de tantos argentinos de su tiempo qué lucharon por un mejor futuro.  Hijo de un carpintero y una modista, Favaloro cursó sus estudios   primarios en la escuela  Nro. 45 y su secundaria en el colegio Rafael Hernández.
A principios de los años 40´ se inscribió en la facultad de medicina en la universidad de La Plata donde obtuvo su doctorado en  1949.
 Al año siguiente asume el puesto de médico en Jancito Araúz. Gracias  a su labor durante su permanencia se logró erradicar la mortalidad infantil, René y su hermano, Juan José, también médico, montaron un centro de salud donde atendían a todos los miembros de la comunidad en forma desinteresada.

Mientras realizaba su intensa labor cómo médico rural Favaloro comenzó a interesarse por la medicina cardiovascular,  buscando saber más sobre esa cuestión abandonó Jancito Aráoz y viajó a EE.UU. Ingresó a la Cleveland Clinic. En 1967 se realiza el primer bypass coronario.

En 1971 el Dr. Favaloro regresa a la Argentina con el objetivo de aplicar lo que había aprendido. En 1975 inauguró su fundación, la cual es una institución de prestigio internacional aún hoy.

Al momento de concebirla Favaloro escribió los diez principios bajo los cuales debían regirse tanto la fundación cómo sus médicos, aquellos principios qué lo acompañaron siempre  y qué defendió a un costo muy alto.

Para el año 2000 la fundación atravesaba momentos de zozobra económica las deudas se acumulaban y  el Dr. seguía trabajando, Favaloro golpeó todas las puertas que pudo, intentó acudir al entonces presidente de la nación Fernando De La Rúa en un ruego desesperado qué nadie quiso oír… lo qué si se oyó aquel sábado 29 de julio fue el retumbar del disparo qué René Favaloro se autoinfligió en el corazón. Se despedía así un héroe de nuestra patria. La gigantesca figura de René Favaloro puede ser abordada desde muchos ángulos, el pobre qué incurre en la mayor insurrección qué se puede cometer contra la pobreza que es estudiar, el hombre que elige defender sus principios hasta las últimas consecuencias, el argentino devorado por el sistema y sus trampas o el médico rural, como él mismo quería que se lo recordara, todo eso y más… mucho más representa René Favaloro… un prócer contemporáneo.      

A continuación un extracto de la biografía oficial tomado de la Fundacion Favaloro:

CONOCER EL ALMA DEL PACIENTE PARA CURAR SU CUERPO

Por ese entonces llegó una carta de un tío de Jacinto Aráuz, un pequeño pueblo de 3.500 habitantes en la zona desértica de La Pampa. Explicaba que el único médico que atendía la población, el doctor Dardo Rachou Vega, estaba enfermo y necesitaba viajar a Buenos Aires para su tratamiento. Le pedía a su sobrino René que lo reemplazara aunque más no fuera por dos o tres meses. La decisión no fue fácil. Pero al final Favaloro llegó a la conclusión de que unos pocos meses transcurren rápidamente y que, mientras tanto, era posible que cambiara la situación política.

Llegó a Jacinto Aráuz en mayo de 1950 y rápidamente trabó amistad con el doctor Rachou. Su enfermedad resultó ser un cáncer de pulmón. Falleció unos meses más tarde. Para ese entonces Favaloro ya se había compenetrado con las alegrías y sufrimientos de esa región apartada, donde la mayoría se dedicaba a las tareas rurales.

La vida de los pobladores era muy dura. Los caminos eran intransitables los días de lluvia; el calor, el viento y la arenisca eran insoportables en verano y el frío de las noches de invierno no perdonaba ni al cuerpo más resistente. Favaloro comenzó a interesarse por cada uno de sus pacientes, en los que procuraba ver su alma. De esa forma pudo llegar a conocer la causa profunda de sus padecimientos.

Al poco tiempo se sumó a la clínica su hermano, Juan José, médico también. Se integró muy pronto a la comunidad por su carácter afable, su gran capacidad de trabajo y dedicación a sus pacientes. Juntos pudieron compartir la labor e intercambiar opiniones sobre los casos más complicados.

Durante los años que ambos permanecieron en Jacinto Aráuz crearon un centro asistencial y elevaron el nivel social y educacional de la región. Sentían casi como una obligación el desafío de paliar la miseria que los rodeaba.

Con la ayuda de los maestros, los representantes de las iglesias, los empleados de comercio y las comadronas, de a poco fueron logrando un cambio de actitud en la comunidad que permitió ir corrigiendo sus conductas. Así, lograron que casi desapareciera la mortalidad infantil de la zona, redujeron las infecciones en los partos y la desnutrición, organizaron un banco de sangre viviente con donantes que estaban disponibles cada vez que los necesitaban y realizaron charlas comunitarias en las que brindaban pautas para el cuidado de la salud.

El centro asistencial creció y cobró notoriedad en la zona. En alguna oportunidad Favaloro reflexionó sobre las razones de ese éxito. Sabía que habían procedido con honestidad y con la convicción de que el acto médico “debe estar rodeado de dignidad, igualdad, piedad cristiana, sacrificio, abnegación y renunciamiento” de acuerdo con la formación profesional y humanística que habían recibido en la Universidad Nacional de La Plata.

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