COLUMNA DE OPINIÓN: ANÁLISIS DEL PRIMER DISCURSO DE APERTURA DE SESIONES DE LA ERA FERNÁNDEZ

Cómo es habitual todos los 1º de marzo, el presidente  de La Nación inauguró el año legislativo, según lo prevé La Constitución Nacional. De esta forma  el presidente Alberto Fernández dio inicio al que sin dudas será un año súper cargado en ambas cámaras.

En primer lugar y cómo dato de color podemos señalar la vuelta de la liturgia enfervorizada de la militancia kirchnerista, lo cual parecía impensado cuatro años atrás, cuándo el “vamos a volver”, era poco más que un grito de resistencia, pues si en marzo de 2016 alguien decía qué el kirchnerismo iba a volver con Alberto Fernández cómo presidente, Cristina Kirchner de vice y Sergio Massa cómo presidente de la cámara de diputados hubiera sido catalogado como un fabulador, sin embargo la oscilante dinámica de la política argentina nos coloca en esta circunstancia coyuntural.

Adentrándonos en el discurso, Alberto Fernández se mostró bastante enérgico,  aunque sin perder su acostumbrado tono conciliador, el presidente expuso   su punto de vista acerca de varias cuestiones que marcarán la agenda política del 2020.

En primer lugar hizo una  esperada, (aunque no tan excesiva) crítica a la gestión anterior, sobre todo en materia macroeconómica, y de endeudamiento externo. En este punto puede establecerse una clara diferencia entre lo que fue el primer discurso de Fernández  con respecto de lo que fue el de Mauricio Macri el 1º de marzo de 2016, en  el cuál se optó por “no  dar malas noticias”, y según concuerdan varios analistas, le jugó en contra durante  toda la gestión.

Volviendo a lo expuesto en el discurso, el presidente habló de la recuperación económica, para lo cual las medidas adoptadas hasta el momento evidencian que se volvió a una receta ya aplicada, aumentar el gasto público (de hecho en enero reapareció el déficit fiscal), no más allá de las declaraciones de optimismo típicas de todos  los presidentes, no esbozó ninguna idea concisa de cómo el país saldrá de la, teniendo en cuenta que la prioridad  en materia económica, es el delicado panorama en lo que refiere a la deuda qué atraviesa la Argentina.

En el plano  político el discurso tuvo dos temas excluyentes,  el proyecto de legalización/despenalización del aborto enviado por el ejecutivo y la mediáticamente denominada “reforma judicial”, es aquí donde el gobierno de Alberto Fernández empieza a enfrentar lo que al parecer será un condicionamiento constante, el hecho de ser una  continuidad del kirchnerismo, empecemos por el aborto; sin dudas esta cuestión ha calado muy hondo en el seno de la sociedad, fue un tema ignorado durante años por la mayoría de la clase política incluyendo el kirchnerismo, y ahora después de que la gestión macrista haya colocado el tema en la palestra, Fernández decida impulsar el proyecto con el kirchnerismo encolumnado verticalmente (cómo todo indica que está), cabe preguntarse en ese caso ¿Qué los hizo cambiar de “convicciones”?, es algo que resulta  llamativo… ¿Recién ahora se preocupan por las victimas de abortos clandestinos?,  ¿Cuántas muertes de mujeres  pudieron evitarse si se aprobaba durante los anteriores periodos de gobiernos kirchneristas?.

Pero sin dudas la llamada “reforma judicial”, en la que se evidencia aún más este fenómeno, ya que un gobierno con estrechas vinculaciones con exfuncionarios implicados en causas  de corrupción, empezando por la actual vicepresidenta, quiera reformar la justicia  no deja de producir suspicacia.

Algunas preguntas que quedaron flotando, ¿Cuál será la política respecto a Venezuela?, ¿Cómo quedará la relación entre el gobierno y el Papa a raíz del tratamiento del aborto?. Preguntas  que se responderán a lo largo de un candente año legislativo.

Por Cristian Adrian Umpierre

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