Ataque a Cristina Kirchner: Carrizo negó la acusación y dijo que el mensaje que lo compromete fue “un chiste”

Nicolas Gabriel Carrizo entrando a Comodoro Py
Gabriel Carrizo al entrar a declarar a Comodoro Py (Adrián Escandar)

Luego de más de tres horas, Gabriel Carrizo, el líder de la denominada “banda de los copitos”, terminó de declarar en Comodoro Py por el intento de asesinato contra la vicepresidenta Cristina Kirchner. Según pudo reconstruir Infobae, el joven negó la acusación de haber “en la planificación del intento premeditado de dar muerte” y de haber “intervino de forma activa en la planificación del suceso” con la entrega de un arma junto con Fernando Sabag Montiel y Brenda Uliarte, la pareja también detenida por el hecho.

La principal acusación contra Carrizo es una conversación con una familiar horas después de ocurrido el intento de homicidio el 1 de septiembre. Allí el acusado el envío una foto de Sabag Montiel con los copos de nieve y el de “esto no tenía que hacer terminado así” y agrega que le había dado un arma 22 que no funcionó.

Gastón Marano, abogado de Carrizo, explicó que se trató de “un chiste” que le hizo a una familiar para molestarla porque es ella es filo-kirchnerista y sobre el arma señaló que nunca tuvo una pistola y que la que se usó en el hecho no fue una 22, sino una Bersa calibre 32. La defensa dijo que pidieron que esa persona declare como testigo en la causa.

Otra de los hechos que podrían involucrar a Carrizo es una foto de una persona con barbijo el 27 de agosto en las cercanías del edificio de la vicepresidenta. “Dijo que no es él y que ese día estuvo en el Parque de la Costa, en Tigre, vendiendo copos de azucar. Para acreditar eso vamos a pedir una triangulación de llamadas y aportar información sobre los datos del viaje para corroborar lo que dijo”, sostuvo Marano.

Carrizo es el cuarto detenido por el caso. Primero fue Sabag Montiel, luego Uliarte y Agustina Díaz. Todos acusados de haber participado en la planificación y organización del atentado a Cristina Kirchner.

Fue un día eterno. Después de dos días detenido y sin bañarse, Carrizó llegó a Comodoro Py a las 9 de la mañana. Su indagatoria ante la jueza federal María Eugenia Capuchetti y el fiscal Carlos Rívolo recién comenzó a las 16. “Arrancó muy enojado”, contaron los que lo escucharon. Es que el denominado jefe de los copitos había motorizado a sus amigos para ir al departamento de Policía después de la detención de Uliarte para contar lo que sabía. Declararon como testigos durante horas en Comodoro Py el lunes 5 de septiembre y entregaron voluntariamente su celular. Esa prueba se usó luego para detenerlo.

Antes de la indagatoria, la defensa pidió la nulidad de la prueba del celular. Marano sostuvo que no se puede usar porque se trata de información que aportó como testigo dando la clave del teléfono y que es una autoincriminación. El fiscal Rívolo pidió rechazar el planteo y ahora debe resolver la jueza. Lo mismo sobre el pedido de excarcelación que hizo la defensa.

Luego comenzó la indagatoria. La defensa inicialmente le había recomendado no declarar. Pero Carrizo quería. Y en el curso de su indagatoria, terminó llorando varias veces.

Primero le leyeron la acusación. Carrizo fue imputado de “la planificación del intento premeditado de dar muerte a Cristina Elisabet Fernández de Kirchner” junto con los otros tres detenidos y que para eso “intervino de forma activa en la planificación del suceso, habiendo aportado para su realización un arma de fuego tipo pistola calibre .22 corto, la cual finalmente no fue la empleada para concretar el delito planificado”.

El acusado explicó su relación con Sabag Montiel y Uliarte, los dos ya procesados en la causa. Dijo que los conoció hace tres meses en una fiesta que organizó. Sabag Montiel le contó que estaba sin trabajo y él le ofreció vender copos de azúcar, lo que aceptó.

Además, el señalado como jefe del grupo dijo que el 27 de agosto -cinco días antes del atentado- no estuvo en el departamento de Cristina Kirchner. Esto fue para refutar una supuesta foto que lo ubicaba en el lugar. Como coartada, Carrizo dijo que estuvo todo ese día en Tigre vendiendo copos de azúcar. Ahora, la Justicia va a pedir una serie de medidas de prueba, entre ellas una triangulación de los teléfonos, para comprobar esto.

Otra de las pruebas que le presentaron a Carrizo y por la que debió responder fue un mensaje que hacía referencia al fallido ataque contra CFK que rezaba: “Esto no tendría que haber salido así, le di un arma y se le trabó”. Según explicó el acusado, ese fue un chiste a un familiar. Por eso, la defensa de Carrizo pidió que ese pariente sea citado a declarar como testigo.

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Fuente: InfoBae

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