La intimidad de la selección femenina de fútbol, que va por un lugar en la final de la Copa América: de la canción que se hizo himno a la asadora oficial

En la terraza del Dann Carlton hotel, donde la Selección hace base en esta instancia en Bucaramanga, Colombia, las integrantes de la selección argentina de fútbol sueñan con repetir la escena, que resultó pintoresca para la prensa internacional, pero que se convirtió en un momento especial para quienes la protagonizan. Luego de cada paso dado en la Copa América, las chicas se dedicaron a pasearse por la zona mixta de los estadios en donde, además de atender la requisitoria de los medios con profesionalismo, cantaron una reversión de “La cumbia de los trapos”, de Yerba brava, como si estuvieran en el centro de la popular: “Se viene el fin de semana, todos a la cancha vamos a ir, ya está todo preparado, el bombo y el trapo para salir. Al equipo que tiene más aguante, lo llevo dentro del corazón, saltando, cantando, prendidos a los trapos, dejamos el alma en el tablón. ¡Dale Selección, Selección, dale Selección, Selección!”.

La Albiceleste que dirige Germán Portanova y que tiene a Estefanía Banini como máxima figura llegó a la semifinal del certamen continental, donde esta noche se medirá ante el local por un lugar en la gran definición. Si avanza, además, se asegurará una plaza para el Mundial de Nueva Zelanda y Australia 2023 (ya tiene garantizado un espacio en el repechaje). Enfrente tendrá a un seleccionado duro, que además contará con el apoyo del público. Pero Argentina ya ha demostrado que tiene con qué dar batalla. En el camino en este certamen, cayó ante Brasil, máximo candidato (0-4), pero luego se repuso con contundencia: superó 4-0 a Perú, 5-0 a Uruguay y 1-0 a Venezuela para acceder a esta etapa de eliminación directa. Del otro lado de la llave se miden la Verdeamarela y Paraguay.

El grupo cuenta con la base de las jugadoras que hicieron historia en el Mundial de Francia 2019, empatando ante Japón y Escocia, las primeras unidades cosechadas por el combinado nacional en una Copa del Mundo. En esta nueva etapa, con Portanova, el equipo parece haber alcanzado un interesante punto de madurez. Y mucho tiene que ver la convivencia, el clima dentro del grupo.

En la fase de grupos, el búnker colaboró para la camaradería. El Mocawa Resort de Armenia, donde hizo base la delegación “era un paraíso”, según cuentan sus componentes. Allí las futbolistas tenían para batirse a duelo mesas de ping pong, de pool y una pileta enorme que servía como punto de concentración para las mateadas, que sirvieron como amalgama.

El festejo alocado del plantel tras vencer a Venezuela y llegar a la semifinal del torneo (REUTERS/Mariana Greif)
El festejo alocado del plantel tras vencer a Venezuela y llegar a la semifinal del torneo (REUTERS/Mariana Greif) (MARIANA GREIF/)

También hizo su aporte para distender y entender el valor del trabajo en equipo la actividad colectiva del equipo con el psicólogo Juan Manuel Brindisi (también periodista e hijo del mítico Miguel Brindisi) el día previo a cada encuentro. Ejercicios con visos lúdicos, con juegos, canciones, o dígalo con mímica; hecho que se repitió la noche previa a este gran compromiso.

Y el asado también se mudó a Colombia, con una particularidad. El gran banquete se dio luego de la goleada frente a Uruguay. Pero como los cocineros locales no estaban familiarizados con la cocción y la carne corría riesgo de quedar arrebatada, quien se puso la cinta de capitán fue la utilera Angélica Romero; Angie, como la conocen todos en Ezeiza, para salvar la jornada. Claro que ya tiene preparada un par de bolsas de carbón por si las chicas dan el golpe en Bucaramanga y llegan al partido por la corona, pautado para el próximo sábado 30 de julio.

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