COLUMNA DE OPINION: PELEA ENTRE CFK Y LAS ORGANIZACIONES SOCIALES, ¿EL WATERLOO DE LA VICEPRESIDENTA?

Los enfrentamientos discursivos que hemos visto en los últimos días entre las dos cabezas de la bicéfala Gestión Fernández, son el corolario de una guerra que ya está a la vista de todos, aquella fórmula presidencial anunciada por twitter aquel sábado lluvioso de 2019, no es hoy más que un experimento fracasado que hunde a nuestro país en la desesperanza.


En su última alocución pública, la actual vicepresidenta y alma mater del armado político que nos gobierna, se despachó con una andanada de críticas a las organizaciones sociales que forman parte integral del gobierno del que ella no sólo es la figura más preeminente, sino también su principal artífice y referente.
Estas críticas de Cristina Kirchner a los movimientos sociales, se da no casualmente después de que se pusiera al descubierto el pedido de aportes de estas organizaciones a beneficiarios de planes sociales.


Sin dudas Cristina (a quien nunca se debe subestimar), advierte esta ignominia como uno de los clavos del ataúd de las posibilidades electorales de su espacio de cara a las elecciones del año que viene, dado el fiasco que resultó el binomio Fernández-Fernández. Lógicamente, nadie quiere ser parte de un fracaso, y mucho menos de uno tan estrepitoso, estamos frente a la que sin dudas será recordada como una de las peores gestiones de los últimos tiempos, y muchos “funcionarios que no funcionan” se encargan casi a diario de asegurarse esa distinción en los futuros libros de historia.

El actual oficialismo ya no tiene capacidad de reacción alguna ante los problemas que se le presentan, y como muestra sobra un botón, el escándalo del avión venezolano-iraní, que rememora tenebrosamente los dichos del fiscal Alberto Nismán, deja una vez más al gobierno desorientado, incapaz de ofrecerle a la ciudadanía respuestas sólidas o al menos creíbles.

Agustín Rossi

Lejos de eso, las explicaciones que emanan desde el oficialismo son absolutamente pueriles e incluso rozan lo hilarante, claro ejemplo de esto es la fútil explicación ensayada por el recientemente nombrado jefe de la AFI, (Agencia Federal de Inteligencia) Agustín Rossi, quien deslizó la llamativa teoría de que los seis iraníes que viajaban en la aeronave eran instructores de vuelo avocados a enseñarles a catorce venezolanos, y para sostener esta tesis empleó su admirable habilidad de deducción matemática diciendo que “más o menos le daban los números”, todo este grotesco sería una excelente pieza de comedia de no ser por dos detalles que no podemos soslayar, el primero es que quien dijo esta imbecilidad es el jefe del Servicio de Inteligencia nacional, y el segundo es que nuestro país fue víctima de dos atentados aun impunes cuyo principal sospechoso es el estado iraní, con el cual el kirchnerismo está sospechado de mantener nexos no del todo pulcros, a través de su alter ego regional, la dictadura venezolana, a la cual el gobierno no sólo evita condenar por sus probadas violaciones a los Derechos Humanos, sino a la que defiende en foros internacionales en los cuales el presidente Alberto Fernández cumple el rol autoimpuesto de ser un bocero de los peores dictadores que por desgracia aún existen en el cono sur.

Fernández, en la cumbre de los Brics

Volviendo al plano local, el gobierno también se enfrenta a una crisis energética, derivada de la compleja situación económica que atraviesa nuestro país, tan es así que se ha llegado a la tragicomedia de celebrar el centenario de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Ya Pario Filomena, Ya Pasó Fangio, o como más le guste al lector), con una grave escasez de combustible y un panorama incierto en materia de abastecimiento de cara al futuro inmediato.


A todo esto hay que agregarle el escándalo desatado tras la salida de Matías Kulfas del ministerio de la producción, quien al estilo Lavagna 2005, se fue denunciando el direccionamiento de las licitaciones ligadas a la construcción del gasoducto Néstor Kirchner en favor de la empresa Techín, aunque en sede judicial negó haber tenido conocimiento de cualquier irregularidad y el juez federal Daniel Rafecas, fiel a su estilo, archivó la causa, aquí no pasó nada.

Matías Kulfas

Retomando la cuestión de la guerra desatada entre CFK y las organizaciones sociales, hay que decir que se trata de una lucha tribal e intestina, aunque ahora la señora vicepresidenta formule diatribas contra estas organizaciones que por naturaleza son extorsivas, no puede desligarse de su pasado, el mismo pasado del cual le gusta vanagloriarse también la condenan.
¿O acaso no fue durante el auge de “la década ganada”, en el que los movimientos piqueteros se transformaron en un factor de poder determinante a fuerza de cortes de rutas y calles?.


Pequeña reflexión sobre esto; desde la crisis del 2001 a esta parte, en Argentina hemos fagocitado prácticas que no deben ocurrir, o que son directamente delictivas, es el caso de los cortes en la vía pública, en Argentina se ha llegado al contra sentido jurídico de convertir la transgresión del Derecho a la libre circulación en una norma consuetudinaria.

De esta manera la otrora omnipotente voz de “la jefa” es crítica de su propia creación, Cristina Fernández de Kirchner parece ser hoy por hoy víctima de los monstruos que fueron encubados por ella y el estilo político que cultivó a lo largo de estos años y que como si se tratara del cuento de la mitología griega, CFK busca emular a Cronos (padre de los titanes del Olimpo), tratando de engullir a sus propias criaturas.
Aunque no sea más que un desesperado intento de desligarse de un modelo de prácticas políticas ya perimidas y que la mayor parte de la sociedad rechaza, el divorcio de Cristina y las organizaciones sociales (si es real), puede significar que la estrella del kirchnerismo se esté extinguiendo y que la figura política argentina más importante de los últimos veinte años se encuentre ante su propio Waterloo.

cristian columna cabezal

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