Jugó en el Real Madrid, una lesión casi arruina su carrera y debió alejarse de su hija por el sueño de ser entrenador: la vida de película de Lucas Victoriano


Lucas Victoriano en Instituto
Lucas Victoriano, el entrenador campeón con Instituto (Matías García – Liga Nacional de Básquet)

Su altura es imponente. Pero más aún lo es su largo recorrido por la vida. Se podría decir que Lucas Victoriano atravesó duros momentos. Y también otros que quedarán por siempre en su corazón. En tiempos donde las comunicaciones no eran las de hoy, este tucumano que acaba de consagrarse por primera vez como campeón de la Liga Nacional de básquet en su rol de entrenador de Instituto de Córdoba, fue apuntado para unirse al que para muchos es el mejor club del mundo.

Después de irse de la casa de sus papás a los 15 años, se convirtió en una estrella del básquet argentino. Deslumbró a todos con su desparpajo y su explosión anotadora. Tanto que el Real Madrid puso sus ojos en él. Esa experiencia no fue fácil en ningún sentido. Es más, recién se dio cuenta que atravesó por una depresión cuando pasó todo el proceso.

“Fue estar en la cima de la montaña. Y cuando vos salís de ahí, con cualquier cosa parece que vas para abajo. Un fracaso, que estás bajando la montaña. Yo empecé muy arriba y después fue muy difícil decirle a mi cabeza que yo no estaba dando un paso para atrás. No estaba preparado para estar ahí, por eso fue muy difícil. Era muy pendejo”, le dijo Victoriano a Infobae en una charla íntima.

Ahora, con 44 años, aquel chico que fue motor de la primera versión de la Generación Dorada, esa que le avisó al mundo que la selección argentina estaba para ponerse cara a cara con los grandes del mundo en el Mundial 2022 en Indianápolis, vive una nueva etapa.

La pasión por su deporte lo llevó a reconvertirse cuando una lesión en la espalda le truncó el perfil de jugador que era. Ese mismo fuego interno que lo hizo elegir volver a su país de origen y dejar a su hija en España junto a su mamá, la ex jugadora Paula Palomares Valiente.

“Cuando te separás aprendés a fortalecer el corazón. Y con la mamá de Carlota, que también jugaba al básquet, es un poco más fácil. Digo un poquito porque ahora están las redes sociales. Hablamos dos o tres veces por día, estoy en el día a día, sé lo que le pasa. Cuando está enferma. Lo único que no estamos es físicamente. Ahora cuando me voy a España, paso tres meses al lado suyo todo el tiempo”, expresó el ex jugador que ya dirigió en otros equipos como el CB Pozuelo, en España, y Estudiantes de Concordia, sumado a Regatas de Corrientes en la liga argentina.

Lucas Victoriano
El base argentino con la camiseta del Real Madrid (REUTERS/Stoyan Nenov)

– ¿Cómo te llevas en tu rol de entrenador con toda la experiencia que tuviste como jugador?

– Mucho proceso de ex jugador. Una lesión en la espalda casi me retira y ahí dije “uy, qué va a pasar cuando esto se acabe”. Lo que te decían los veteranos antes: “Estudiá que no sabés qué puede pasar”. Bueno, todos los temores se vinieron de repente. Y yo de ser esa persona sin miedos, caradura, empecé a pensar en las cosas que podían pasar. Y ahí creo que me fui direccionando a intentar sobrevivir jugando. Antes era muy atlético, y con la lesión en la espalda, me tuve que dar cuenta de que podía ser mejor. Antes era anotador, era el máximo anotador de la Selección estando Manu (Ginóbili), Fabri (Oberto), o sea, las tiraba todas, y después pasé a ser el máximo asistidor de la liga LEB, la ACB, de la Segunda en Italia. Ya pasé a jugar para los demás. Y eso hizo que tuviera que conocer mejor el básquet, el juego. Y después de curioso. Miro tanto básquet, tanto deporte. Te miro femenino, miro handball, paso al rugby, y empiezo a preguntarme. Es como que no para nunca. Por ejemplo, miraba al Real Madrid en fútbol, terminaba, íbamos a comer con Cambiasso y le decía “aquel me gustaba porque siempre jugaba de primera” y Cuchu me miraba y me decía “nadie se da cuenta de eso”. Yo en España empecé de abajo como entrenador. Entrené a la selección de mini en Aragón, de ahí femenino, cadetes, juveniles masculino, en la primera local del Madrid. No es que terminé como jugador y me puse de entrenador en la liga. Siempre hice el camino para descubrir cosas. Me fui formando y me fue gustando cada vez más. Mi recuerdo como jugador en la última etapa era muy duro porque siempre me dolía algo cada vez más y el inicio como entrenador fue completamente diferente. Una vez dije que me gustaba más ser entrenador que jugador, pero en ese contexto. Ver cómo se arma el equipo desde el día que llegamos. Preparamos todo el año la idea, y que los jugadores lo saben ahora.

– Ahora, en casi la mayoría de los deportes, sobre todo de conjunto, hay una mentalidad en la que los entrenadores tienen que ser CEO del equipo. Y a vos te gusta estar en todos los detalles. ¿Creés que es necesario?

– Me gusta liderar de manera horizontal. Cada uno tiene su función y yo tengo que ayudarlos de la mejor manera. Y capaz que la manera de ayudar es sólo mirar cómo se comportan. Para que vos estés contento, tenés que ser feliz con lo que haces. Me pasa con los jugadores: hay veces que necesito orientar su energía, que muchas veces la tienen un día para un lado y otro para otro. Y que a su vez no se queden cómodos. El día siguiente es nuevo. Cuando era jugador era muy extrovertido. Y muchas veces dentro de la cancha parecía que no era serio, pero uno tiene que estar bien y feliz. Yo en un año me tuve que reconvertir por lo que me pedía mi entrenador, tuve que satisfacerlo y dejé de ser yo. Y dejé el básquet. Tenía un contrato en Europa y me vine. Tengo muy claro que lo que haga lo tengo que elegir y la tengo que pasar bien. Y pasarlo bien es crecer día a día, disfrutando el camino. Yo por ejemplo dejé a mi hija, que es lo más sagrado que tengo en mi vida, porque creo que el camino que elegí de ser entrenador me trae por acá. Si en algún momento quiero dar un salto como cuando fui jugador a Europa, necesito esto. Y la mamá de Carlota (su hija), que también es ex jugadora, lo entiende. Pero para mucha gente es complicado decirle “me voy, me alejo de lo más sagrado, para hacer mi carrera” Les parece súper egoísta. Y al final a mí me parece lo más franco. Yo no puedo darle nada a Carlota si no estoy lleno. Yo estaba comentando partidos, no me jugaba nada, y no podía darle lo que quería a mi hija porque no estaba bien. Y acá pasa lo mismo. Yo no le puedo transmitir nada a los jugadores si no estoy bien. Todo lo que hagas, tiene que ser un ejemplo. Llevo poco tiempo, pero en mis equipos, desde que empecé, tengo una relación increíble con los jugadores. Tengo una relación de respeto.

– ¿Qué proyección tenés como entrenador? Sí es que pensás en el futuro. Por ejemplo, no tuviste la chance de estar en los Juegos Olímpicos con la Selección. Imagino que esa debe ser una cuenta pendiente.

– Son sueños. Lo tomó como eso. Lo que sí quiero es estar preparado si me sale eso. Si me llaman de un equipo de la Liga ACB (España), quiero estar preparado. Pero no me vuelvo loco. Quién no va a querer estar en la Selección. Y por lo de los Juegos Olímpicos, lo voy a hacer. Si no es como entrenador, segundo entrenador, asistente, lo voy a ser de dirigente, pero voy a ir a los Juegos.

Lucas Victoriano
Victoriano fue subcampeón del mundo en Indianápolis 2002 (REUTERS/Brent Smith)

– ¿Cuán difícil fue no estar en Atenas 2004 para vos?

– Había sufrido mucho yo. A mitad de temporada habíamos hablado con Rubén (Magnano). Pero no tenía un papel tan importante en el equipo. Era como cantado que no fuera. Rubén me dijo que vaya a entrenar porque para él también era importante el grupo. Veníamos de muchos años juntos. Palladino hizo un esfuerzo tremendo para poder entrenar y yo lo mismo, pero Walter Herrmann y Carlos Delfino eran aviones. Era lógico que hubiera un cambio por lo menos de dos jugadores, no del núcleo. No me siento ni siquiera culpable ni con rencor, enojo, ni nada. Me convertí automáticamente en un hincha más. Respeto muchísimo a Rubén. Creo que hizo lo que tenía que hacer. No me quedó eso en la cabeza.

– ¿Qué recordás de tu etapa en el Real Madrid como jugador cuando te fuiste tan joven a un club tan grande?

– ¡El más grande! En esa época no era como ahora. Yo fui el primero. En ese momento era más difícil el acceso al club. Fue estar en la cima de la montaña. Y cuando vos salís de ahí cualquier cosa parece que vas para abajo. Un fracaso, que estás bajando la montaña. Yo empecé muy arriba y después fue muy difícil decirle a mi cabeza que yo no estaba dando un paso para atrás. No estaba preparado para estar ahí, por eso fue muy difícil. Era muy pendejo.

– ¿Te costó mucho ese proceso? ¿Lo padeciste?

– No tenía muchos medios. A mí me agarró mucho tiempo sólo en Madrid. Sin la familia, o los amigos, que son los que te equilibran. Me fui a los 19.

– Algo parecido a lo que le pasó a Oberto cuando lo agarró un psiquiatra y lo medicó.

-Pero yo no supe que estuve deprimido hasta que lo pasé. Y lo mismo cuando me retiré. Pero ya había otros medios ahí, hablé con profesionales. Pero en esa etapa formativa no estar con los planetas alineados es complicado, porque podés disparar para cualquier lado. Más jugando en Madrid, solo, con plata en los bolsillos y fama. Entraba a todos lados gratis. Era peligroso. Pero fue lo más grande que me pasó también. Tuve un vínculo de siete años con el club. Hoy voy al club, pertenezco a las leyendas. Tengo un vínculo muy cercano. Me siento parte de la historia del club. El club tiene una parte que no se olvidan de los ex, siempre están protegidos. Seguimos cenando a fin de año. Es un club modelo en todo sentido.

Lucas Victoriano en Instituto
La Gloria se consagró de la mano del ex base tucumano (Matías García – Liga Nacional de Básquet)

– ¿El grupo de Whatsapp de la Generación Dorada tiene actividad diaria o sólo para ocasiones especiales?

– Capaz que sí. Yo estoy más en mini grupos. Yo en el 2004 ya perdí el vínculo con lo general. Me quedé con los más cercanos, pero sabemos que hay una parte de nuestra vida y de nuestro corazón que está distribuido entre todos. Y que queremos que nos vaya bien. Ellos a mí, yo a ellos. Hugo (Sconochini) dijo ‘hermanos de camiseta’ y es un poco así. No necesitamos contacto diario para saber que podemos contar con nosotros. Por haber vivido situaciones muy límites. Estás al lado de ellos preparando una final del mundo. Sabemos lo que estabas pensando. Nadie más en el mundo sabía la presión que teníamos. Y cada uno tiene un feeling mejor con uno o que otro. Ellos siguieron jugando mucho tiempo más juntos, pero nos sentimos muy unidos, muy hermanos.

– ¿Te cuesta mucho estar lejos de la familia?

– Es durísimo estar lejos. Además, porque a los 14, 15 años me fui a Venado Tuerto y mi viejo y mi vieja me dejaron de ver. Ese viaje es jodido, porque vos agarrás un bolsito y decís ‘me voy por mi sueño’. Pero si te va bien, no vuelvo. Mi casa, mi familia, mis amigos, mi club. Y si te va mal te volvés como un fracasado, y tampoco querés. O sea, todo lo que va a pasar no querés que pase. Cuando te separás aprendés a fortalecer el corazón. Y con la mamá de Carlota, que también jugaba al básquet, es un poco más fácil. Digo un poquito porque ahora están las redes sociales. Hablamos dos o tres veces por día, estoy en el día a día, sé lo que le pasa. Cuando está enferma. Lo único que no estamos es físicamente. Ahora es cuando me voy a pasar tres meses al lado suyo todo el tiempo. Es muy difícil. Cuando hay una situación difícil en el club que no me entienden, porque no juegan, digo: “Flaco, yo dejé a mi hija para estar acá. No me hagas escenita porque no recibís un pase”. Ponete también a pensar lo que dejamos el resto. Es muy difícil encontrar una excusa más difícil que dejar una hija para venir a trabajar. Pero sé que es un camino, difícil que lo entienda la gente que se fue a los 14 años de casa. Y ahora porque mis viejos vinieron.

Victoriano lo hizo. Es campeón. “Es una locura lo que hicieron mis jugadores. Estoy muy orgulloso de ellos”, dijo el primer entrenador que ganó en la élite del básquet argentino tras también celebrar como jugador. En el tiempo quedó la imagen de ese chico que se fue de su casa con un bolso cargado de sueños cuando se ponía en marcha un sinuoso camino que hoy lo encuentra en un estado de felicidad plena. Ese mismo sentimiento que es el gran motor de su vida.

Lucas Victoriano
La hija de Victoriano, Carlota, con una imagen de su papá de niño

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