Los detalles del casamiento de Alan Schlenker, ex líder de la barra de River Plate, en el “penal del infierno”

Alan Schlenker
Postal del casamiento que Alan subió a sus redes sociales. Su padre William concurrió a la ceremonia, que se llevó a cabo en un salón del penal

En el llamado penal del infierno, Alan Schlenker tiene dos motivos para seguir soñando con un futuro más promisorio que una vida entre cuatro paredes en la cárcel de Rawson, donde está alojado cumpliendo la pena de prisión perpetua por el crimen de Gonzalo Acro. Por un lado, la consagración del amor después de una conflictiva separación de su primera mujer y madre de su hijo de nueve años. La segunda, la chance de que su caso sea revisado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, adonde apeló y espera ahora una decisión final.

Mientras desde sus redes sociales sigue desafiando a la Justicia y jura que es inocente, el ex jefe de Los Borrachos del Tablón tiene motivos para ver algo más de oscuridad en su presente. El martes pasado en uno de los salones principales del penal se casó con Patry, la mujer con la que inició una relación hace algo más de dos años. Su flamante esposa es madre de dos chicos y vive en la zona sureña donde Schlenker está preso hace más de cuatro años tras haber sido trasladado de la mucho más confortable cárcel de Azul, donde los internos entre otras cosas pueden estudiar carreras universitarias o terminar sus estudios anteriores. Allí el barrabrava estudiaba Derecho y estaba a cargo de la huerta del penal por sus conocimientos del mundo agropecuario (su familia tiene campos en Jovita, Córdoba). En cambio Trelew es lo más parecido a El Marginal: tiene un pabellón con el número 10 llamado La Villa que es complicadísimo, en invierno la temperatura está por debajo de los cinco grados, no hay calefacción y la sobrepoblación se siente en cada pasillo.

En ese inhóspito marco que parece complicado para generar cualquier tipo de resocialización, objetivo primario de los penales, es que Schlenker decidió darle un giro a su vida como lo mostró en sus redes sociales: en el salón de usos múltiples y ante la presencia de su padre Wilhem y familiares de su flamante esposa, y la mirada atenta de agentes penitenciarios, contrajo matrimonio en una ceremonia llevada adelante por una jueza civil de Rawson. Y tras el “sí, quiero” de la pareja, hubo vals, cotillón, torta de festejo y un trencito tipo carnaval carioca al ritmo de la canción “Te quiero Tanto” de Sergio Denis con su esposa, los hijos de ésta, su padre y él mismo vestidos todos con la camiseta de River.

Esta no es la primera vez que formaliza el mayor de los hermanos (ambos están condenados a prisión perpetua por el crimen de Acro, pero William, el menor, está alojado en el penal de Marcos Paz). Cuando ya estaba condenado en primera instancia a cadena perpetua, lo que sucedió el 8 de septiembre de 2011, trabó relación con una médica cordobesa llamada Inés M., con quién tuvo un hijo cuyo nombre Infobae preserva y que tiene hoy nueve años. La pareja terminó separándose y con una demanda por alimentos y cuota de la obra social para el niño que según la ex mujer de Schlenker no fue cubierta ni por el ex jefe de la barra ni tampoco por sus familiares que habían salido de garantes. La relación de quien fuera líder de Los Borrachos con su familia tiene distintas aristas: mientras está peleado a muerte con su hermano William, quien lo acusó de llevarse plata de la barra en una nota con este medio el año pasado, mantiene un trato fluido telefónico con su madre vía llamadas de video por Internet y recibe periódicas visitas de su padre en Rawson, a punto tal que estuvo presente en el casamiento. Esas visitas se interrumpieron en el peor momento de la pandemia, lo que llevó a Schlenker a generar un planteo judicial en septiembre de 2020 para que se las repongan, lo que fue denegado por la Justicia de Comodoro Rivadavia que recién las rehabilitó cuando el COVID-19 cedió su virulencia.

El otro objetivo por fuera del amor que se planteó hace tiempo el ex barra es demostrar que fue injustamente condenado, más allá de que su caso pasó por un juez de instrucción, tres camaristas de instrucción, tres jueces de juicio, tres camaristas de Casación y la Corte Suprema de Justicia, además de todos los fiscales que trabajaron en cada una de estas instancias. Schlenker sigue afirmando que él no instigó el crimen de Acro, que fue una venganza del sistema por enfrentarse en su momento a José María Aguilar, presidente del club, y por eso pidió la intervención de la Corte Interamericana de Justicia para dar vuelta la historia. Y en este punto también obtuvo un guiño positivo: la Comisión Relatora que tiene su proceso quedó en condiciones de declarar admisible su caso ya que insólitamente el Gobierno argentino jamás contestó en los últimos dos años los requerimientos que se le formularon desde la CIDH. La última vez que la Corte Interamericana emplazó al Gobierno fue con una misiva directamente formulada hacia el ex canciller Felipe Solá dándole 60 días para responder. Esa respuesta nunca llegó, lo que alberga la esperanza de Schlenker de que ante esa falta la Corte tome el caso y resuelva. Y mientras espera ese desenlace decidió apostar al amor y casarse en el penal del Infierno donde vive hace cuatro años y, donde si le rechazan el recurso judicial, seguirá viviendo por al menos 36 años más.

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